peru.jpgAquel viaje a Perú resultó accidentado desde la conformación del grupo. Y todo por un trío de señoras que se habían propuesto protestar, cuestionar todo y hacer sentir incómodos a cuantos les salían a tiro. A veces los argentinos tenemos ciertos modos altisonantes y pretenciosos, sobre todo cuando estamos fuera de nuestro país. ¿Señora, nadie le dijo que usted no es de la realeza?
El punto es que las veníamos soportando todo el viaje hasta la selva. Y no va que el chamán que estaba pactado para la sesión nocturna de ayahuasca no quería venir. Vaya a saber por qué ¿Las había presentido?
Desesperación de la coordinadora del grupo. Viajar tan lejos, con semejante equipaje y que nos falle el brujo. Le suplicó al guía que hiciera todo lo posible por traerlo y el buen hombre marchó a buscarlo.


Apartadas en nuestra habitación un grupo de mujeres meditamos, rezamos, tratamos de sintonizarnos con el chamán para tratar de convencerlo de que se haga presente o de que algún imponderable lo traiga hasta nosotros.
Tarda, pero finalmente la luz de la canoa se acerca navegando sobre el río.
La experiencia se hace a pocos metros de donde nos alojamos. Hay rodeado de altísimos árboles un banco de madera semicircular, y ese es el lugar elegido.
El chamán no viene solo, trae refuerzos. Es decir, a falta de uno, son dos. Y a falta de una botella con ayahuasca trae dos, aunque una de ellas, pese a la oscuridad de la noche, yo la noto muy traslúcida.
De más está decir que no se le ve el rostro pero se le adivina cierta jovialidad en sus dichos. El otro permanece en el más absoluto silencio.
El brujo comienza preguntando quién ha participado en este tipo de experiencias con anterioridad y nos hace sentar primero. Los novatos vendrán a continuación nuestro y enfrente sentará al trío y a una amiga que por estar en su período va a participar de la ceremonia sin tormar la planta. El trío a último momento ha decidido no beber la planta.
Muy cerca nuestro despliega su altar que en realidad consta de pocos elementos a comparación de otros que tuve oportunidad de ver. Recuerdo un cuadro con un Cristo engalanado de plateado, Un Buda que según su explicación es muy fuerte el campo de protección que genera.
Toma la botella con el brebaje traslúcido y comienza el convite. Empieza con los novatos que es un conjunto de personas que han venido más por curiosidad,  como turistas en donde la ayahuasca le da cierto aire esnob al viaje.
Va convidando y contando chistes, todos se ríen y no sé por qué yo siento que él se está riendo de nosotros. Cuando me convida me doy cuenta que no es la planta sino un aguardiente que llega de golpe hasta las tripas y desde allí subirá como fuego de regreso a mi garganta.  Convida a otro y alguien tose. Repetirá la ronda varias veces más, los que esperamos la planta nos abstenemos. Los novatos siguen bebiendo y se los siente en medio de la noche más joviales que antes, terminarán durmiendo el resto de la experiencia. Nunca supe si finalmente llegaron o no a tomar ayahuasca.
Luego de este primer convite, el chamán se dispone a ¨abrir¨ su altar. Prepara la botella que contiene planta rezando, llamando sus aliados, cantando, soplando sobre ella el humo del tabaco y sólo después comienza a pasarnos la bebida.
El sabor amargo y pastoso inunda la garganta, me apuro a tragarlo no de ansiosa sino para que no moleste tanto. Y espero…
Raro, porque el calidoscopio llega pero descolorido, confuso, apagado y triste.
No digo nada pensando que tal vez en esta oportunidad esta es mi suerte, pero enseguida lo tengo cerca al brujo quien me pregunta cómo estoy sintiendo la planta. Le comento mis dificultades y me convida de nuevo. Al poco rato todo parece estar bien.
Los ícaros comienzan entre medio de los ronquidos de alguien que se durmió. El chamán no hace caso, trabajará con los que a él le interesan. 
Uno por uno irá armonizando a los participantes mientras que las distintas cadencias de su canto marcarán el ritmo de nuestras visiones. Sí, las visiones varían el ritmo según el tono del brujo, él hace que éstas se incrementen o se apacigüen. A través de ese ritmo influye en nuestro ánimo dándonos espacios para descansar un poco dentro de la misma experiencia  ya que la noche será larga. Percibo o entiendo que para armonizar a cada uno de nosotros está usando la energía de todos, que suma nuestras fuerzas, que navega en el mar de nuestras energías y las utiliza según la necesidad de su trabajo.
Tengo otra percepción.  Alguien camina a mis espaldas. Y son más de uno. Caminan nerviosos alrededor del círculo que formamos como alguien que estuviese buscando una rendija para poder meterse adentro.
Molesta abro los ojos pensando que se trata de alguno que está molestando, pero no hay nadie. Todos están en sus sitios salvo el trío que ha desaparecido.
Vuelvo a cerrar los ojos y presto atención al calidoscopio, a las guardas de flores, los mandalas, los fractales. En el campo de mi visión súbitamente algo pasa, veo un punto negro que de pronto se agranda desplazando los hermosos colores y al mismo tiempo siento una presencia que corre hacia mí a mis espaldas. Yo pego un respingo y me trepo sobre el banco y arrojo hasta mi apellido. El chamán presto me indica que me santigüe tres veces, lo que hago de inmediato. El brujo silencioso habla y explica que el atacante ha sido echado, que de ahí en más estaríamos tranquilos porque ya no volvería.
A partir de allí el trabajo siguió normal, trabajaron pidiendo por alguien que no estaba presente, en un momento el brujo se me acerca y me dice: ¨Esas lucecitas de colores que estamos viendo rosas y celestes, es la planta que está trabajando dentro nuestro¨.  Yo estoy viendo pescaditos de esos colores que se mueven en un sinfín que se parece mucho a una espiral de ADN.
Mi sensación en ese momento es que el chamán es partícipe de lo que yo estoy viendo. Quizás es así, quizás no.
Al día siguiente me cuesta reincorporarme a la cotidianeidad. Tengo internamente una sensación de tranquilidad tan fuerte que tengo muy pocas ganas de hablar con los demás. El comedor se va llenando y los comentarios sobre la experiencia comienzan a intercambiarse y se argumentan causas, teorías, supuestos tratando de interpretar lo que ya sucedió. ¿Sirven esas interpretaciones para algo? ¿No vician la experiencia? 
Lo más sorprendente son los comentarios de la amiga que no tomó planta y estuvo presente durante toda la noche. Sintió los mismos pasos a sus espaldas, sintió la aprensión por aquello que intentaba penetrar nuestro círculo, y permaneció con los ojos bien abiertos toda la noche.