La playa al lado del río era como una pequeña ensenada de arena muy blanca bajo la luz de las estrellas. La luna ya se había escondido hacía rato cubierta por la copa de los altos árboles y apenas nos divisábamos los rostros, aquellos quienes formábamos esa rueda ecléctica en medio de la naturaleza.Ecléctica porque en esta ocasión al grupo de argentinos que iban a participar de un ritual con ayahuasca se sumaban personas de otros países, algunos de los cuales apenas si sabían algo de castellano, más el chaman y hasta el dueño del hotel y otros brujos amigos.
Para mi en lo personal había sido un año muy agotador, de mucho trabajo  y en el cual tuve que tenerle demasiada contemplación y paciencia a mucha gente. Realmente estaba cansada y necesitaba ese viaje más como una vacación que como una búsqueda espiritual. Estaba mas deseosa de descansar y reponer fuerzas que de trabajar conmigo misma. A eso se debió que con un par de amigas decidiera anticipar nuestro viaje una semana al resto del contingente de argentina y disfrutar un poco más paseando por Cuzco y sus alrededores, además de tener la libertad para salirnos un poco de la rigidez del programa del tour y dedicarnos a explorar un poquito por nuestra cuenta.
En definitiva ya estábamos en medio de la ceremonia y el cielo estrellado sobre nuestras cabezas no podía ser más excelso. O quizás era un cielo especial para nosotros en aquel momento, un regalo de Dios. Y tan inspirador que fue utilizado por el chaman como instrumento para nuestra armonización, haciéndonos visualizar como se proyectaban de aquellas estrellas haces de luz de colores hasta nosotros. Fue el chamán. ¿O fue la planta?
El brujo entonaba sus ícaros y las visiones danzaban al compás de su melodía. Con voz clara y afinada le cantaba a sus aliados, a la Pachamama; hablaba de un oso, de un maestro chino, y de muchas otras cosas que he olvidado.
Yo, sentada en la arena me sumía en mis visiones y me desconectaba por completo del entorno que murmuraba, se quejaba, dialogaba por momentos.  El chamán momentáneamente ponía orden y luego continuaba cantando.
En mi pantalla interior se sucedían ruinas parecidas aunque no iguales a las recorridas en las caminatas. Una india delgada y bonita vestida de blanco bajaba una escalinata de piedras y me sonreía. Yo veía pasar imágenes y me sumía en una inconciencia dentro de la propia experiencia, una especie de silencio interno o de mente en blanco en donde no me había percatado que ya no estaba registrando lo que estaba pasando. ¿Me había dormido?
Me descubrí a mi misma en un diálogo interno con alguien que me hablaba en el interior de mi cabeza, y eran varios. Me hablaban de una filosofía de vida simple, despojada de presunciones, de dudas e imponderables. Que hablaba de cambios y la manera natural de asumirlos, de humildad ante fuerzas y vectores superiores a uno mismo. Hablaban del trabajo permanente para equilibrarse internamente, de la simpleza y belleza de todo aquello que nosotros vemos complejo.  ¨¿Ves como es la vida?¨ me decían. Sí en aquel momento todo parecía tan simple. Difícil sin embargo llevarlo a la práctica en nuestra realidad parcializada.
De pronto, súbitamente me sobresalté a darme cuenta que estaba hablándole a la cara de un indio en mi pantalla y el sobresalto cortó el diálogo. Sin embargo persistió un sentimiento de familiaridad con aquellos personajes, como si ya fueran conocidos o pertenecieran a algo del cual yo formaba parte.
Quizás por lo avanzada de la noche, o por el cansancio acumulado en el año de trabajo ya no pude sostener mi posición sentada y me tiré de espaldas sobre una loneta que tenía próxima, crucé las pies con las piernas extendidas y crucé los brazos por detrás de la nuca, vieja pose heredada de mi madre. Así acostada me relajaba y disfrutaba de todo, de la noche, las estrellas, las visiones y de mi propio silencio dentro del agitado ir y venir de personas a mi alrededor.
Si, todo estaba como muy activo. 
Alguien se asustaba dentro de su propia experiencia porque no podía dejar de dialogar con un espíritu que desde el otro lado le pedía que se quedara tranquila, que la experiencia ya iba a pasar. A todo esto el espíritu le enseñaba su propio reloj pulsera y le decía: -¿Ves? Ya falta poco, no tengas miedo.- A su alrededor un grupo de compañeros se olvidaban de si mismos para atenderla y tratar de que entrara en razones y se tranquilizara.
Otro par de personas habían asumido una actitud insólita, se sentían identificados con su propia potencialidad sanadora o e iban de persona en persona para armonizarlas y curarlas. En tanto el chamán no decía ni desdecía nada.  Parado en la oscuridad bajo las estrellas guardaba silencio porque sus ícaros ya habían terminado.
Una amiga se me acercó y me pide que descruce mis pies y mis manos, tiene que ¨limpiarme¨ de un trabajo de magia negra. Yo estoy tan cómodo y con tan poca gana de colaborar que intento ser lo mas amable posible para decirle que se retire, que me deje seguir disfrutando de ese tiempo mío de relajación. Por fin se va.
Recostada súbitamente escucho y siento un ¨prrrrr¨ sobre la superficie de la loneta, como si un insecto caminara encima. Miro y no hay nada. Tres veces se vuelve a repetir. Nada. Finalmente me digo a mi misma: ¨No es nada, es un juego de la misma planta¨. Y el fenómeno cesa.
Yo estoy tan cómoda que en determinado momento me doy cuenta que somos tres, dos de los brujos y yo quienes estamos tirados en la misma posición sobre la misma loneta. Los debo de haber contagiado.
Finalmente, ya cerca de la madrugada emprendemos el regreso a la lancha para cruzar el río y volver al hotel. Alguien se me acerca y me felicita. Yo agradezco con gentileza. (¿A qué se debe la felicitación? No tuve oportunidad de averiguarlo.)
La mañana nos recibe en el hotel con desayuno y comentarios cruzados. La amiga que intentó hacerme una limpieza energética se acerca y me describe lo que veía en mí y que no pudo retirar. El bichito de la incertidumbre pica. Me voy hasta el chamán y le pregunto si realmente había un trabajo de magia negra porque yo no había visto nada.
El chamán simplemente se ríe.
-No viste nada porque estabas en otro planeta.