Cuando uno aprende que el Universo en que vive es mágico puede darse el lujo inclusive de jugar con ello.
En psicología el universo mágico es patrimonio exclusivo y excluyente de los niños, pero Jesús bien dijo que para entrar en el reino de Dios hay que ser como ellos.
En la religión hindú los dioses son juguetones, y Krishna se la pasa haciendo trampas y jugarretas a sus compañeritos de infancia a través de sus milagros. A eso se lo denomina las lilas del señor Krishna, sus juegos divinos. Lila entonces es juego y es también la experiencia espiritual que irrumpe en la conciencia ordinaria y nos sumerge en lo que llamamos mágico, milagroso, extrasensorial, para dejarnos alguna enseñanza o simplemente para familiarizarnos con esa dimensión que se nos antoja como extraña.
El juego que le propuse a la clase era muy simple. Debían preparar un regalo para un destinatario que ellos ignorarían dentro de su mismo grupo. El regalo sólo tenía una condición. Debía ser confeccionado de manera totalmente artesanal, no podía ser algo comprado ni confeccionado por alguien más. La otra condición era que yo elegiría quien le entregaría su regalo a quien y que ellos no lo sabrían hasta el día prefijado para el intercambio.
A solas, en mi casa, y luego de una meditación, confeccioné una lista de parejas.
El clima de expectativa de aquel día se sentía en el ambiente. Todos de un modo u otro estaban ansiosos. Algunos un poco avergonzados de descubrir sus pocas dotes creativas, pero todos según lo pactado habían preparado sus regalos.
A medida que yo indicaba el orden de entrega los paquetes se desenvolvían entre risas porque de alguna manera era reconocido el presente como para esa persona. Pero de todos este impactó más.
-Daniel le entregas tu regalo a Marcelo.
Daniel me mira y se ríe.
-Inés, decime cómo lo hiciste.- Y riéndose entrega su regalo a Marcelo.
Marcelo desenvuelve el paquete y acompaña a su compañero en la jarana. Entre los dos está el presente que consiste en una caja plástica adornada con monedas pegadas.
Tengo que presionarlos un poquito para que dejen de festejar y nos cuenten a todos lo que están viviendo. Marcelo revela el misterio:
-Lo que pasa Inés, es que yo trabajo en la administración de una línea de colectivos…Contando monedas.
Detente. Quédate quieto. Deja lo que sea que estés haciendo y revisa tu respiración. ¿Cómo respiras?
¿Lo haces rápido y apurado perseguido por tus nervios eternos? ¿Quién te corre? ¿Lo haces superficial y suave como si fueras a dejar de hacerlo en cualquier momento porque no quieres sentir la vida que estás viviendo? ¿Acaso resoplas exesivamente fuerte como el animal salvaje que han acorralado sus cazadores? ¿A qué le tienes miedo?
Quizás toses tratando de expeler todo aquello que quieres decir y no te atreves. O tal vez periódicamente aclaras tu garganta para que quede dentro lo que no quieres que otros oigan.
¿Y lo que interpones entre tú y el oxigeno…?
Seguramente fumas para formar una burbuja que te proteja del entorno, o tal vez te envuelves en perfumes intentando rodearte de lo que no logras atraer hacia ti.
¿Cuándo fue la última vez que sentiste la diferencia entre el aire de la mañana, el mediodía y la noche? ¿ Y entre el verano y la primavera? ¿Te has dado cuenta de la diferencia entre el que rodea un lugar donde hay niños a uno donde hay ancianos? Apuesto que ya no distingues la calidad del oxígeno de un lugar que recién se ha limpiado y que tampoco te acuerdas de la última vez que tomaste conciencia de lo hermoso que se siente después que llovió.
¿Cómo sientes tu respiración cuando te tapas uno de los orificios de la nariz. Y si respiras por el otro.
¿Sientes igual cuando el aire penetra desde el exterior a cuando baja hacia tus pulmones?
Mira a los bebes. Como suben y bajan sus ombligos. ¿Y tu porqué lo haces con los hombros? Tal vez porque te quedaron muchas cosas por digerir. O por aceptar. O por perdonar. O por soltar.
Y cuando respiras ¿Tomas más aire del que sueltas? ¿Exiges más de lo que brindas? ¿O es al revés? ¿Das más de lo que te permites recibir?
Cuando estás rodeado de negatividad y el ambiente se carga tu respiración es más dificultosa. La nariz ¨se tapa¨. Sahuma, prende incienso, rocía con agua bendita, y como después de llover, mágicamente, respirarás mucho mejor.
¿Estás ansioso, tenso, con miedo, triste? Respira.
Tres largas respiraciones largas y profundas.
Inhala del Universo lo que necesitas. Exhala al universo lo que ya no sirve, lo que es obsoleto, lo que no te pertenece. Para recibir hay que dar.
Tres largas respiraciones realiza un lama tibetano antes de morir. Y en la última realiza su acto más sagrado. Entrega su vida.
Ayúdate, sánate. Respira.
Cuando uno emprende un viaje, como cualquier otra cosa que inicia, lo hace con alguna finalidad. Descanso, crecimiento, alejarse…
Por eso y por recomendación de alguien que me lo describió como un Paraíso viajé a San Marcos Sierra en la provincia de Córdoba, con la única e inocente intención de pasar allí algunos días y desconectarme de algunos problemas que no tenían solución más que darle tiempo al tiempo.
En realidad el verdadero viaje comenzó cuando tomé el micro en la Ciudad de Córdoba que me llevaría hasta San Marcos. Parada en la Terminal vi a una mujer rubia y entre los bolsos un pequeño maletín de madera. Mientras mi micro se alejaba hacia su destino me asaltaba el recuerdo de un sueño reciente en donde veía a la misma mujer pero con ese maletín abierto y del cual sobresalían papeles con extraños dibujos geométricos.
En aquel momento me sorprendió el recuerdo, como a posteriori, pero no le di mayor importancia y lo consideré solamente una coincidencia o un juego perverso de mi subconciente.
El asunto fue que no sólo ¨reconocí¨ a esta mujer sino que de igual manera me pasó con la entrada del pueblo y con un campesino en medio de un plantío.
Al llegar, en plena temporada, no encontré alojamiento porque el pueblo estaba a full, así que lo estuve recorriendo de arriba a bajo durante todo el día buscando dónde alojarme con el bolso a cuestas.
Finalmente en una casa de familia que hospedaba a uno que otro turista me ofrecieron una carpa en medio de un bosquecito detrás de la casa al que accedí contenta porque ya venía tormenta.
Y qué tormenta.
Mi carpa bramaba bajo el viento y el aguacero, entonces me asaltó el pensamiento que podía caer una rama y como había visto un quincho cerca decidí que era mas seguro, así que dejé mi precario refugio y opté por el más consistente.
Sobre el techo de cinc se escuchaban caer las ramas que el viento desgajaba de los pinos y la lluvia golpeaba con furia.
A la madrugada del día siguiente me estaban buscando los dueños de la casa. Sobre la carpa y a la mitad una gruesa rama la había hundido y se había llenado de agua.
En compensación me dieron un muy suculento desayuno y me ofrecieron alojarme mejor, pero para ese momento yo ya estaba decidida a volverme ya que la sensación era que no había empezado el viaje con el pie derecho y el lugar no me había recibido de la mejor manera. Al salir de la casa por una puerta distinta por la que había ingresado reconozco la fachada ya vista en un sueño anterior.
Tomé otra vez mi bolso y como el micro pasaba a última hora de la tarde opté por disfrutar el día recorriendo el pueblo.
Siguiendo la acequia del río que cruza la entrada del pueblo, me metí en medio de las sierras sobre las cuales se recuesta San Marcos. El paseo era cómodo y fácil y pronto lo estaba compartiendo con la infaltable pareja que necesita que alguien le saque una foto.
En eso estaba, ellos parados contra el fondo de las sierras, el río y lejos una carpa y entonces veo venir hacia nosotros una mujer muy joven de cabello corto y me quedé helada. Esperé con la máquina en la mano y sentí alivio cuando siguió de largo. Había recordado nuevamente un sueño en donde veía el mismo paisaje, la misma mujer, pero ¨alguien¨ me decía que en aquella carpa se había cometido un asesinato.
Por supuesto, no me iba a quedar a averiguarlo. Saqué la foto, devolví la cámara, di media vuelta y me dirigí hacia la parada del micro sabiendo que no me sentiría bien en aquel pueblo.
El desvencijado micro resoplaba sus achaques por el serpenteante camino que sale a la ruta. Arriba de él yo seguía reconociendo lugares y personas no como simples deja vou sino como claros recuerdos de sueños que se iban hilvanando sin sentido.
Nunca antes me había pasado algo parecido y nunca más me volvió a pasar con ningún lugar.¿Qué pudo ser esta rara conexión con un sitio, por cierto no grata? ¿Y qué más hubiese sucedido de haberme quedado más tiempo?
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Dicen que no es bueno callarse cosas que en realidad desean comunicarse y esta experiencia es un claro ejemplo.
Le pasó a mi padre.
Cerca de mi casa vivía una familia, muy conectada a mi papá porque eran del mismo pago, e incluso el jefe de la misma lo acompañó a su primer viaje a Buenos Aires cuando apenas tendría unos siete años.
Periódicamente nos visitábamos y en una de esas tantas visitas papá antes de ingresar a la casa de estos vecinos se topó con una cuñada de ellos. Era una mujer jóven, de piel muy blanca y cabello oscuro, bajita y gruesa. Había estado en tratamiento psicológico debido a algunos problemas emocionales.
La señora que estaba sentada delante de la casa se levantó y avanzó hacia mi padre con clara intención de hablar con él, pero en ese momento el dueño de casa salió y al verlo mi padre le hizo seña a la señora que hablaría con ella después. Cuando finalmente se retiró no la vió y luego se olvidó completamente de esa conversación que nunca se llevó a cabo.
La señora se suicidó en la estación de trenes.
El shock fue para todos por igual pero algo más le comenzó a pasar a mi papá. Cierta noche se despertó y vio una figura oscura parada al lado de su cama. Rápido manoteó el velador y al prender la luz no vio nada. Pensando que podía tratarse de un sueño o de un error, volvió a dormirse profundamente. Pero volvió a pasar.
A partir de esa noche ese juego de la presencia al lado de la cama y de manotear la lámpara de su mesa de luz se repitió muchas veces, cada vez con más frecuencia.
No conforme con sorprenderlo durante su descanso, comenzó a importunarlo mientras se bañaba. Él cerraba los ojos mientras se duchaba y no dejaba de sentir su presencia que lo observaba.
Finalmente una noche se despertó sobresaltado sintiendo que unas manos le aferraban los pies y nuevamente al encender la luz nada.
Asustado, cansado y al borde de un ataque de nervios recurrió a una vieja vecina medio curandera, medio bruja y le contó su peripecia.
-¿Sabe qué pasó Don Luis? Esta señora quería contarle algo, quería pedirle alguna cosa. Lo que tiene que hacer Ud. la próxima vez que se le aparezca es pregúntarle qué quiere.
-No Doña María, ni loco! Lo único que quiero es que no me moleste más.
-Entonces insúltela, insúltela bien, con las peores palabras. Y dígale bien clarito que se marche y no vuelva más, que Ud. quiere que lo deje tranquilo.
Y así lo hizo.
Y no apareció nunca más
Nunca los vi tan directamente como para decir que usan pequeños trajes verdes, si se ven viejos o jóvenes, si tienen caras de malos o de buenos.
Pero si se que habitan en nuestra casa, de la misma manera silenciosa e invisible que lo hacen los ácaros. A veces se dan a conocer.
La primeras señales fueron pequeñas cosas que desaparecían sin razón y las daba naturalmente por perdidas.
Recuerdo en particular un pulsera de cuentas de madera, un rosario de madera budista, que acostumbraba dejar en la mesa de luz junto con uno que otro libro. Una mañana no la encontré y revolví la casa buscándola. Revisé absolutamente todo. Hice una limpieza a fondo. Interrogué a mi madre. Finalmente me di por vencida.
Apareció la pulsera días después en el mismo lugar y en la misma posición que recordaba, lugar que revisé una docena de veces. Tomé a partir de entonces la costumbre cuando pierdo o no encuentro algo de pedirle con una pequeña e introspectiva oración a los duendes para que me devuelvan lo que se llevaron y las cosas aparecen más rápido.
Uno, travieso, me pegó un susto en el baño.
Estaba sentada en el ¨trono¨ cuando veo asomarse detrás del barral de la toalla de manos una esfera oscura y peluda que se deslizó por detrás de la toalla haciendo que esta oscilara, pero cuando ¨eso¨ debía caer al suelo no alcancé a distinguir nada.
Apresurada, me levanté y busqué por todo el baño a la monstruosa araña con la cual mi razón intentaba explicar la experiencia.
Jamás la encontré.
Un caso presunto de duende fue ocasionado a raíz de un Ekeko que llegó a casa no me acuerdo cómo, pero que esperanzados de alguna ayuda económica solíamos ponerle algún cigarrillo que el muñequito se fumaba y le dejábamos de tanto en tanto un platito con fideos hervidos. No recuerdo si el fetiche sirvió para que apareciera en mi casa la plata, lo que si recuerdo es que desaparecían los fideos.
Con mi hermana, ambas éramos chicas, decidimos hacer un seguimiento del fenómeno para dilucidar el misterio, así que nos turnábamos durante el día para vigilar al Ekeko y sus fideos.
El culpable no fue el duende sino la gata de la casa que sigilosamente se acercaba al platito. Merlina (no en honor al mago sino a la hija de los Locos Adams), succionaba los fideos al mejor estilo de Dama y Vagabundo de Disney. Jamás se nos había ocurrido que a un gato le podían gustar los tallarines.
En el principio fue un punto ubicado en ninguna parte y en todas al mismo tiempo, siendo a la vez la nada y el todo. Era luz y era silencio, era sonido y oscuridad. En un tiempo sin tiempo, y en un momento sin principio y sin final irradió hacia afuera y hacia adentro su simismo y comenzó una etapa de feroz actividad. Su ámbito de acción fue un círculo de diámetro infinito y cuyo perímetro no está en ningún lugar, pero que todo lo rozaba y lo sigue haciendo aún en la actualidad, sino, no habría hálito vital. Su actividad dio origen a que elementos antagónicos comenzaran a diferenciarse sin estar separados, interpenetrados unos con otros, menguando unos a otros, generándose mutuamente en polos opuestos. Estas polarizaciones siguieron su danza de diferenciación y del balanceo constante hacia un extremo y hacia el otro encontraron un instante de encuentro en el medio, dando origen a algo nuevo e insólito independiente del punto central. Otros instantes de equilibrio y desequilibrio se sucedieron. El triángulo metafísico dio origen a un cuadrado perfecto que contuvo al círculo, pentágonos, hexágonos y otras tantas figuras contuvieron estrellas de otras tantas puntas. A medida que la danza se hacía cada vez más complicada y diferenciada, tiempo, espacio y materia aparecían en escena. Pronto surgió una cabeza, unida a un cuerpo, unido a un par de manos y piernas. En su corazón, un punto igual a aquel anterior, que no recuerda tener, por eso lo busca en todas partes menos en él mismo. ¿El círculo? Lo convoca desde todas partes, por eso siempre está en movimiento, viajando, explorando, aventurándose. Sin embargo, bien se sabe que lo encontraría fácilmente sólo con estarse quieto.
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María Ester fue primero alumna y luego compañera y amiga de Tai-chi y de vida.
La Crisis del 2001 la golpeo de pleno, primero tuvo grandes movilizaciones que le anticipaban que muchos ciclos se cerraban, luego emigraron sus hijas y detrás siguió ella y su marido. Añora volver y extraña un montón. A continuación van dos pequeñas historias suyas vividas antes de su partida.
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Estaba atravesando un difìcil período, un incendio habia llevado a mi papà a terapia intensiva en el Hospital del Quemado (dònde pocos dìas después morìa); mi madre internada en una Clínica, por el shock y sus posibles implicancias (morirìa 2 meses despuès, “la culpa”??), yo con problemas en mi casa, discusiones con un marido deprimido sin “fuerzas” para buscar trabajo y con mi hermana como huésped (ya que vivìa con mis padres). En la oficina restructuraciones mensuales. . .
Todas las mañanas llegaba antes del horario a una plaza cercana a la oficina. La recorrìa mirando los àrboles que ùltimamente retenían mi mirada.
Mi estres ciertos dìas era insoportable, sòlo el Tai-Chi me permitìa una paz y otra mirada, a travès de la Guia de Inès, mi maestra y “amiga”. Esa mañana presentì que se estaban acercando los tiempos de las definiciones ¿El fuego habia “limpiado” y cortado la relaciòn patològica, enfermiza familiar? ¿Lo que los “angeles caìdos” no habían podido detener lo habìa hecho el “incendio”?
Me detuve en la plaza y recorrì los àrboles con la mirada, con los ojos cubiertos de làgrimas … Y sentì una càlida voz que decìa: ¨No temas¨.
por María Ester
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Estaba fantaseando una vacaciòn, aunque mi situaciòn econòmica no me lo permitìa. Comentando con mi amiga -¿Existe un lugar dònde relajarme, en contacto con la naturaleza, sin gastar?? …Fuè mi pregunta ingenua, a la que ella me contestò que le habian comentado de un lugar, adònde le gustaria ir.
Capaz que en ese momento era sólo una mensajera,(su amor y la humildad que sólo los puros y sabios poseen, me acompañan dònde vaya!, gracias Inès!!!!)
Desde ese momento fue todo màgico, me encontrè con Dorita, una querida persona, en una cita a ciegas pero iluminante (una amistad que sólo los “humanos” pueden romper!), obtuve sin problemas permiso en la oficina y viaje un dìa 13 (para mi fortuna).
Lleguè y misteriosamente al bajar, (nadie sabìa de mi llegada) se acercò un taxista para llevarme al lugar, al piè de un cerro, en Còrdoba.
Cuando entrè, luego de atravesar 3 “tranqueras”, me encontrè en un lugar paradisìaco, en medio de la naturaleza, con un arroyo burbujeante y un perro que me acogiò.
En ese lugar me reencontrè, me sentì inundar de una luz en un momento. Dormìa al abierto, sola en una carpa, sintiendo el rumor del agua e iluminada por una mirìade de estrellas (extraño en mi, que no estoy habituada a ello), pero recostada en la bolsa de dormir, mirando al cielo y a la oscuridad, las luciernagas me acompañaban, y arrullada x la “música” de la naturaleza me dormìa.
Una noche vi como fuegos artificiales. Una cortina de ellos iluminaban la noche. Cuando lo comentè al otro dìa me aclararon: !Están purificando el planeta!.
por María Ester
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Aquel viaje lo hice sola y desde tiempo atrás me venía mucho a la cabeza la idea de estar cerca de chicos, o de trabajar enseñando Artes Marciales a chiquitos nuevamente. Será por eso que estuve rodeada de ellos.
Desde el viaje en micro donde madres desesperadas se llevaban a criaturas rehenes de matrimonios que se derrumbaban, a un viaje por tierra de cuatro días sin saber si al llegar a su país de origen el chico quedaba con ellas o sería devuelto a su padre biológico en Argentina. Esto dependía si el pedido del juez había llegado o no a la frontera.
En Arequipa en una plaza llamada San Francisco todas las escuelas llevan a los chiquitos a comer sus almuerzos. De casualidad me senté cuando todo estaba vacío y de inmediato llegaron los micros y filas y filas de niños con los más diversos uniformes se sentaban a mi alrededor y desplegaban sobre sus faldas sus luncheras y se pasaban que un sandwich, que un dulce. Mientras las maestras intentaban poner orden y evitar que hubiera ese trueque de alimento.
-Niños, cada cual comiendo lo que les ha dado sus madres.- Gritan mientras el pasamanos continúa insolente.
Una larga escalera que me ha costado muchiiiisimo ascender lleva desde mi hostal hasta Saqsaywaman, tardo en subirla porque el oxígeno no llena mis pulmones. Al otro día veo como una multitud de chiquitos con sus cometas suben esas mismas escaleras como una exhalación. Hacía tanto que no veía barriletes. No son como los que hacía con mi primo, estos tienen forma de pájaros.
Mi gran conquista de este viaje es Eusebio. No debe llegar a los cinco años y va por las mesas de los restaurants con un cajoncito de madera colgado al cuello, donde tiene caramelos masticables prolijamente acomodados y los cuales no ofrece. Su técnica es pararse cerca de su cliente y poner carita de cachorro perdido. NO falla. Todo el mundo le compra mas de un paquetito.
¿Que cómo es Eusebio?. Es un serrano. Un aborigen distinto a los de mi país o a los que uno espera ver en Perú. su piel muy clara, casi blanca; la nariz bien respingada, los ojos almendrados pero en posición diagonal, como los orientales pero sin el pliegue tan característico en el párpado superior, los labios bien carnosos.
Eusebio viene a mi mesa y yo lo chantajeo, le compro sus caramelos pero le pido un beso. Nos vamos a encontrar muchas veces y lo del beso le va gustando cada vez menos. Finalmente, al encontrarme en la calle con su mejor carita de situación se hace el que no me ve y da la vuelta para hacer mutis por el foro.
Sin embargo lo fantástico llega otra vez arriba, en las ruinas. Me encanta ir simplemente a pasar el día, a dejar que las horas corran sin hacer nada más que ver a los turistas ir y venir en contingente tras contingente. El cielo está tan cerca..
Aquí y allá, un par de carritos hacen las veces de kioscos y me acerco a comprar una golosina y una gaseosa. Pregunto el precio de un par de productos y la respuesta junto con el total de su suma me lo da la hija, no la madre. Los ojitos le brillan a la nena que como mucho tendrá siete años y le adivino el juego al instante.
Juntas jugamos a las matemáticas, elijo de a dos, tres, cuatro golosinas y ella me da con velocidad de computadora precios y totales entre risas mutuas y miradas cómplices.
-Así también es en la escuela, señorita. Muy buena alumna.- Me cuenta la madre.
Yo me voy felicitándola y llevándome mi gaseosa. Y me voy contenta, aunque no es mi sangre la siento mi semilla, lo que nos continúa a todos y no puedo dejar de lado la reflexión. Tan frágil y tan talentosa, tan plena de desarrollo en potencia y tan incierto su destino por lo aparentemente precario de su condición socioeconómica. Un poco y mucho de eso es también mi América Latina, tan linda y tan sufrida.
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Haydee duerme hace rato en su cama en su plena pubertad. Yo un poco mayor me voy a acostar mucho más tarde en la cama de al lado. No recuerdo que ese día haya pasado nada significativo pero si recuerdo que al acostarme estalló.
El placard de nuestra habitación empezó a sonar como si alguien preso dentro intentara escapar. Las llaves empezaron a moverse y rechinar dentro de las cerraduras como si múltiples manos intentaran desde afuera abrir las puertas, mientras al mismo tiempo desde dentro golpeaban contra las puertas como intentando abrirlas a la fuerza.
No atiné a nada. Tapada hasta las orejas sólo alcancé a gritar Dios sabe cómo:
-!Mami!
Elénica entró enseguida preguntando que me pasaba pero en el mismísimo instante en que abrió la puerta de la pieza aquel infierno cesó.
¿Haydee? Vaya a saber en que sueño estaba, porque no se despertó ni por el jaleo ni por mis gritos.
¿Por qué su culpa? Porque era la mas cercana a la pubertad y bien podría ser la causante de aquel fenómeno de poltergeist debido a su edad y a lo profundo de su sueño.
¿El Placard? Bien, gracias. No pasó nunca más. Por lo menos hasta ahora.
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Se llamaba Gladys y trabajaba momentáneamente en el albergue de la Selva en la cocina. Por eso seguramente su remera estaba con manchas de aceite, igual que las que yo o cualquier ama de casa usa para hacer los quehaceres domésticos, sin embargo las mujeres del grupo en el que viajábamos no se lo perdonaban. Y eso que éramos de la nueva era, espirituales, pro chamanistas no alcanzaba para aceptar las diferencias.
Porque aparte Gladys era aborigen, y se le notaba mucho. El cabello, el color de la piel, una dentadura no muy prolija. Sería por eso que a sus espaldas le decían ¨la india¨, ¨la negra¨, ¨la cocinera¨, con un tono irrespetuoso y suficiente. Sería por eso que me resultó simpática y la buscaba para conversar, me sentía más a gusto con ella que con el grupo.
Paradójicamente en aquel hotel también había un matrimonio muy joven de norteamericanos, ellos solitos entre tantos argentinos. Y digo paradójicamente porque nos miraban a nosotros de igual modo que mis compañeros la miraban a ella. Fruncían la nariz y ponían cara de reprobación.
No se si Gladys se dió cuenta de la interna en su contra, pero sorprendió a todos cuando durante la caminata en la Selva donde se nos describe propiedades y características de algunas plantas insólitas, ella hacia la traducción en un muy buen inglés a la pareja de norteamericanos.
En cuanto hubo una pausa me acerqué y la felicite, y le pregunté un poco por su historia personal. Averigüe que tenía su título Universitario y que también era madre soltera. Su condición así como sus raíces y las pocas posibilidades de progreso en su país le habían impedido desarrollarse en su profesión.
Muchos de los argentinos que viajábamos no teníamos ningún estudio universitario.
Alguien se me acercó y me dijo asombrada
-Viste a la negra como habla inglés.
-Si y es universitaria. Es decir, está más preparada que vos.
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Muy próximo a la ciudad de Cuzco se encuentra un importante complejo arqueológico, el de Saqsaywaman, dentro del cual destaca un conjunto de murallas ciclópeas en forma de Zig-zag. También dentro de la misma área hay entradas a sistemas de túneles de los cuales se desconoce el auténtico origen y que podrían recorrer toda América bajo Tierra. A este sistema se le denomina Chinkana (lugar para perderse) y como mucha gente ha muerto y desaparecido en la empresa de explorarlo se vieron obligados a dinamitar el acceso más importante. Lo que cualquier turista puede visitar es la Chinkana menor, que es un trayecto muy cortito bajo tierra y que en realidad se trataría según algunos investigadores de un templo dedicado al “Ukju Pacha” o “Mundo de abajo” y al culto de la serpiente símbolo de lo subterráneo, como son por ejemplo las fuerzas del inconciente, los antepasados, lo que está oculto.
Nos habían explicado en la excursión que la experiencia de atravesar esta cueva era similar a revivir el propio nacimiento. Según si el mismo fue dificultoso o no serían la angustia y el miedo al que nos enfrentaríamos durante su recorrido.
Así, pues, nos pusieron en fila delante de la boca oscura y el guía fue dándonos el permiso para zambullirnos dentro, dejando pasar un intervalo entre uno y otro.
Nunca antes me había metido en una cueva, y menos a oscuras.
Sin embargo la situación no parecía tan terrible como me había imaginado, fácilmente podía sentir el relieve rugoso de las paredes con ambas manos y la sensación se me antojó placentera a pesar de que no alcanzaba a ver absolutamente nada.
Muy rápido avanzaba yo feliz de la vida, descubriendo que la aventura me gustaba cuando tropecé con alguien en la oscuridad que estaba desesperado.
Una compañera luchaba con la cueva que se le había ¨cerrado¨ delante de ella e inmersa en su desesperación quería que la sacara de allí volviendo sobre nuestros pasos.
Nunca.(Dije para mis adentros, yo quería seguir avanzando)
No tuve mejor reacción que reírme y decirle que no tuviera miedo, que ya otros compañeros de nuestro viaje habían salido adelante y sin más preámbulos la di vuelta en la oscuridad y empecé a empujarla hacia el frente.
El frente era un pequeño recodo con lo cual yo la estaba empujando contra una pequeña pared que teníamos delante. La estaba convirtiendo en un sandwich entre la roca y yo.
Desesperada insistía en desandar el camino y le insistí para que tanteara con la mano que la salida estaba ahí.
Pronto la encontró y el resto del camino lo hizo riendo de su propio miedo y de la forma en que yo la había aplastado (por suerte lo tomó bien).
Pronto divisamos luz y salimos entre risas y brincos. Como chicos que salen del tren fantasma de un parque de diversiones pedimos que nos dejaran repetir la experiencia y con el O.K. corrimos por sobre una pequeña lomita para volver a ingresar por donde lo habíamos hecho anteriormente.
Pero nos habíamos olvidado un pequeño detalle.
Todos los compañeros del grupo ya habían pasado y cerrando la marcha lo hizo el guía.
Ya cancheras y avezadas literalmente corrimos por el pasillo de rocas a ciegas y con paso fuerte pronto alcanzamos al guía…Que se pegó el susto de su vida.
Confiado en que habían pasado todos los turistas no contaba con que nadie lo siguiera y encima con semejante ruido de pisada. Pensó que éramos duendes, o algo peor.
Finalmente mi compañera de crisis consultó con sus padres cómo había sido su nacimiento, y para su sorpresa recién entonces se enteró que el parto se demoró porque no podía salir. Yo en cambio, nací por cesárea.