Tenía yo unos diez años cuando leí el Tercer Ojo de Lobsang Rampa. En poco mas de un año había leído los dieciséis libros publicados por este autor y poco importó entonces ni después si el autor fue un farsante o no, hoy nadie puede negar que el Tibet sigue siendo un país de misterios y los científicos han comprobado algunas potencialidades de los Lamas de ese país.
Hay una historia en particular que él narra en la cual conoce a un sacerdote loco. Cuando pregunta el motivo de su insanía le responden que aquel hombre se había sumergido a estudiar y practicar diversas religiones y quizás por seguirlas a todas o por conceptos contradictorios entre las mismas había perdido la cordura.
Para cuando llegué a la adolescencia ya había agotado la lectura sobre libros de ocultimo y magia y me empezaron a atraer las filosofías orientales que venían de la mano de las religiones.
Siempre, mientras me aventuraba a conocer otra de las hermosas vías de búsqueda de lo divino que tiene la humanidad me asaltaba aquella breve historia leída en mi infancia, pero confiaba en que por una lado yo no estaba practicando ninguna (ni siquiera la propia), y en que por una forma personal de verlas estaba dejando de lado las contradicciones y me estaba focalizando en las semejanzas o en aquellos elementos en que una amplia y completa a la otra.
De este intrincado viaje rescaté algunas pequeñas joyas.
Que el hombre hace a los divino como lo divino hace al hombre y en muchas ocasiones uno y otro se funden en uno sólo.
Que las guerras santas nunca fueron tales, siempre hubo un interés económico oculto detrás de las mismas y la excusa de la religión se usó con el fin de arrastrar a los ilusos y justificar lo injustificable.
Que los crímenes en nombre de cualquier religión son el resultado de la insanía de unos pocos y la ignorancia de muchos otros.
Que todo ser humano necesita tener una convicción religiosa o filosófica para afrontar, aceptar, comprender, sublimizar su experiencia de vida.
Que mi religión (la cristiana) es muy bonita y reúne muchos elementos de otras más antiguas: Los mudras del hinduismo están en el acto de bendecir y en la unión de las manos para la plegaria. La consagración de la ostia sobre el cáliz es el sol naciendo sobre el horizonte del antiguo Egipto y recreando nuevamente la llave de la vida. El camino de la caridad Cristiana es igual en el Budismo Mahayana. La cruz como símbolo ya estaba representada en las paredes de las cuevas del hombre prehistórico.
Qué todas las historias sobre las cuales se edificaron las religiones son hermosas historias de hombres que nos muestran cuán alto puede evolucionar un ser humano y que no sólo revolucionaron al mundo, cambiaron la historia sino que están inspiràndonos permanentemente. Cuanto más se escucha estas historias y más se las comprende más bellas y grandiosas se vuelven.
Que Jesús dijo frases grandiosas que se cuelan a través de los milenios hacia nosotros sin que les hayamos prestado suficiente atención. Como por ejemplo:
¨Tu ojo es tu lámpara, si tu ojo es limpio, toda tu persona aprovechará la luz. Pero, si es borroso, toda tu persona entrará en confusión. si lo que había de luz en ti se volvió confusión, Cómo serán tus tinieblas!¨
¨Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a las puertas y les abrirán. Porque el que pide, recibe, el que busca, halla, y al que llame a una puerta le abrirán¨.
¨Les aseguro que si no cambian y vuelven a ser como niños no podrán entrar en el Reino de los Cielos¨.
Tiempo atrás mi hermana me llamó preocupada porque un amigo suyo de religión judía estaba viviendo con sus hijos una pequeña crisis existencial y ella no tenía idea de cómo aconsejarlo. El problema, simple, los chiquitos querían vivir la navidad con papá Noel y regalos incluidos. Argentino él, residente en Miami, debía batallar entre lo que manda su fe y la eclosión espectacular de la navidad en el país del norte.
-No hay problema, decile que el papá Noel vestido de rojo en realidad lo inventó Coca Cola.
-¿Cómo?
Mi hermana no tiene el dato y explico. Tanto la figura de Papá Noel como el árbol de navidad tienen su origen en culturas muy antiguas del norte de Europa. Celtas, si no es que vienen de más lejos aún.
El árbol de navidad es el mítico árbol de la vida, no sólo presente en la Biblia y la Cábala Judía sino también en muchos mitos nórdicos e incluso americanos. En la mayoría de estas tradiciones el árbol mítico engloba los distintos reinos en que se divide el Universo. En los mitos americanos su función es sostener el mundo y de esa manera albergar la vida. Los celtas creían que los árboles canalizaban las sutiles energías divinas que descienden a través de ellos hacia los hombres. Los chinos reverencias entre todos los árboles al pino porque es uno de los representantes de una condición muy apreciada por este pueblo: la longevidad.
En cuanto al símbolo de Papá Noel es el rey de los gnomos, y como tal su traje nunca fue completamente rojo, hasta que la multimillonaria empresa lo vistiera con sus propios colores en las primeras campañas comerciales de navidad. El impacto de las ventas a lo largo y ancho del mundo no sólo implicó que hoy sea una de las gaseosas más vendidas, sino también que le impusieran su look al generoso anciano. Antes, mucho antes, la Iglesia Católica lo hizo propio al mimetizarlo con San Nicolás de Bari. Obispo extraordinariamente generoso y milagroso pero que jamás vistió el traje rojo ni tampoco las botas negras y que por supuesto nunca conoció un reno. ¿Y la fecha? Menos todavía. Es muy poco probable que Jesús haya nacido realmente un 25 de Diciembre. Esta fecha coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Es la fecha en donde las sombras que reinaron progresivamente sobre la luz comienzan a declinar, dando lugar a días cada vez más largos y noches cada vez mas cortas. Simbolizando de este modo el triunfo de la luz sobre la oscuridad. Por supuesto aquí también la Iglesia Católica aplicó su política de aprovechamiento de recursos existentes y asignó la fecha al nacimiento del niño divino, asignándole de esta manera a conciencia o no la simbología de príncipe de la luz.
Y más allá de todo, el árbol y el gordito de rojo son para los niños, no importan de dónde sean ni tampoco en qué crean sus padres.
Lu Chan era muy hábil en su destreza y en su amplio conocimiento del Kung Fu y habiendo agotado el aprendizaje con sucesivos maestros hacía ya mucho tiempo que recorría distintos pueblos de China batiéndose a duelo con cuanto púgil se le pusiera por delante con la frustrada esperanza de aprender algo más. Por eso sus victorias se habían tornado un tanto amargas ya que no había nada nuevo y diferente en su vida.
Sin embargo aquella mañana hubo algo distinto. Luego de llegar al pueblo y hacerse conocer en la plaza, varios avispados contendientes aparecieron en la taberna; los cuales al poco tiempo saldrían lanzados a través de las puertas y las ventanas derrotados.
Sin embargo un muchachito lo seguía mirando sonriente desde un rincón.
-¿Qué te pasa? ¿No tienes miedo? Le espetó mientas se sacudía el polvo de una de sus mangas.
-Su KungFu señor es muy bueno, pero conozco alguien que haría lo mismo que usted usando sólo su dedo meñique.
-Dime su nombre que voy a buscarlo.
-No va a aceptar. Es el jefe de una familia muy importante y no han enseñado nunca su estilo a nadie que no fuera de su misma sangre, y para usarlo deben sentirse realmente muy comprometidos. Una vez los vi señor, y creame, usted no les ganaría nunca.
Como a Lu Chan nadie le ganaba a testarudo se dirigió a la puerta de la casa y la golpeó con furia, cuando salió el mayordomo tronó imperativamente su desafío al jefe de familia. El mayordomo amablemente le informó que el dueño de aquella mansión poco estaba interesado en duelos de populacho.
-Pues aquí lo voy a a esperar hasta que salga.
Y se sentó en la vereda de enfrente.
Los días pasaron uno tras otro sin que nadie entrara o saliera de aquella casa más que el mayordomo quien periódicamente recibía a distintas personas que se presentaban ofreciendo mercaderías o servicios.
Hasta que un día colocaron un cartel en la puerta que decía: ¨Se necesita ayudante para limpieza¨.
Una brillante idea surgió en la cabeza de Lu Chan y corrió a disfrazarse con ropas sucias y raídas. Luego se presentó con un cartel al cuello que decía¨¨soy sordomudo¨. Como suponía fue elegido entre varios postulantes ya que en su supuesta minusvalía no podría revelar los secretos que se escondían tras los muros de la casa.
Y trabajó mucho. Lavó, lustró, barrió, manteniéndose fiel en su papel.
Pronto los miembros de la familia Chen con el patriarca a la cabeza comenzaron a practicar incluso cuando el estaba presente ocupado en sus tareas domésticas.
Así, el falso sordomudo vio movimientos increíbles, nunca vistos. Las manos danzaban en el aire acariciando con destreza y formando figuras envolventes alrededor de los cuerpos. Las piernas se estiraban en delicados equilibrios mientras los pasos escribían círculos sobre el piso.
A la noche, mientras todos dormían, él se dirigía al patio de prácticas y repetía los movimientos que había podido retener en su memoria durante el día.
Y todo venía muy bien hasta que cierto día de verano el dueño de casa Chen Chang Shen al no poder dormir decidió salir a dar un paseo por los jardines. Y obviamente se encontró con su ignoto alumno.
Su primera intención era matarlo en aquel preciso momento, pero entonces vio las manos de Lu Chan danzar en el aire con exquisita gracia y soltura. De igual manera vio los pies trazar círculos perfectos y el cuerpo fluir con la energía del Universo. Matarlo hubiese sido un desperdicio.
El señor Chen tomó a Yang Lu Chan bajo su tutela y le enseñó aquel misterioso estilo llamado Tai Chi Chuan.
Luego con el tiempo Lu Chan se fue a Beijing donde se convirtió en el artista marcial más famoso de su tiempo y dio a conocer al mundo el exquisito arte.
El actor Fernando Peña es conocido por sus pintorescos y controvertidos personajes que caricaturizan y critican al mismo tiempo a varios componentes de la sociedad argentina. También son muy conocidos los problemas de salud que debió afrontar a raíz de ser portador del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, enfermedad que le requirió la consecuente hospitalización en un momento en que lo tuvo al borde de la muerte.
Fue allí cuando la vio.
En una charla con el conductor del programa ¨La vida es bella¨, Chiche Gelblung, le contó como vio en la sala donde estaba internado una niña de alrededor de unos ocho años, la cual en realidad según supo después ya había muerto mucho tiempo atrás en el mismo lugar de la misma enfermedad. A partir de ahí experimentó una franca mejoría que le permitió su retorno a la actividad actoral.
Esta situación no sólo le incumbió a él sino que varios de los que pudieron salir adelante con su enfermedad y que estaban internados en el mismo instituto. Lo hicieron luego de una experiencia similar.
Luego de terminado su breve relato el actor miró a la cámara y pidió a todos: ¨Después no digan que soy metafísico¨.
En todo caso Señor Peña, sería místico, no metafísico.
Lamentablemente lo único que en ocasiones nos enseñaron en el colegio acerca de la mística del pueblo Inca es que eran animistas y adoraban a su dios supremo que era el Inti, el Sol. La información peca de inexacta por defecto y por pobreza y es una pena que se desconozca la profundidad filosófica y espiritual no sólo de este pueblo sino también de muchas comunidades indígenas que habitan nuestro suelo Americano.
Para poder abordar su profundidad y rico simbolismo vamos a desarrollar el binomio Pacha y Kuty por considerarlos una introducción sencilla para nosotros, un punto de partida, un referente a partir del cual desarrollar otros elementos.
Pacha primordialmente lo conocemos asociado a Pachamama y sabemos que así se denomina a la Madre Tierra. Esta gran madre representa la naturaleza creadora, la que nutre, la potencia fertilizadora y por lo tanto la que brinda el fruto y el sustento al hombre que habita su superficie. Pero en realidad es un gran útero y como tal está vivo. Al estarlo comprende el tiempo por lo cual es a la vez pasado-presente-futuro. Esto implica que es anterior a nosotros y que estará aún cuando nosotros ya hayamos desaparecido, que está presente dondequiera que vayamos a lo largo de toda nuestra vida y que incluso está presente donde nosotros no estamos.
La relación entre el hombre y ella es tan estrecha que puede tanto nutrirlo como castigarlo. Todo parte de esta matriz para retornar a la misma en un ciclo circular eterno. Es la gran Matriz Universal que nos contiene y por lo tanto nuestra relación recíproca debe sustentarse en el mutuo amor y en la codependencia.
Durante casi todo el año es generadora. Crea y produce vida por lo que el hombre puede trabajarla para producir su alimento. Pero hay períodos en donde se la debe respetar, donde necesita paz, amor y descanso, por eso se le dedican ofrendas y no se la trabaja. Estos días son desde el 1ro. al 8vo. día del mes de Agosto, el 25 de Diciembre, el 1ro. de Enero, el 24 de Junio, el domingo antes del Corphus Cristi y el Martes Santo.
También Pacha está asociado a Pachakuty. Es un período de 500 años donde la Pachamama mantiene una forma más o menos estable de las cosas (la naturaleza y el hombre comprendidos en ella) pero luego de cumplido este tiempo hay un cambio muy importante que trastoca el orden establecido en la realidad que nos circunda. Una forma popular de describirlo es que todo lo que estaba abajo pasa arriba y viceversa, todo lo que estaba floreciente mengua y rebrota lo que estaba marchito, lo que estaba en su apogeo decae y lo que estaba en decadencia resurge.
El cronista Montesinos en su obra enumera una lista de 104 reyes de los cuales 9 llevan el calificativo PachaKuty, distribuidos simétricamente. Cuatro coinciden con el cambio de milenio y el resto con la terminación de un período de 500 años. Especialmente en los casos de los Pachacuty milenarios su reinado coincidía con terremotos, luminarias en el cielo, enfermedades y guerras y demás eventos cósmicos portentosos.
Imbeloni hace notar que Pachakuty significa revolver el tiempo, “en el doble sentido de perderse el tiempo viejo y removerse el nuevo”. Pacha es por lo tanto es el estado de las cosas, lo dado, el desenvolvimiento de los hechos en la contingencia de los seres vivos. Kuty por el contrario significa cambiar, trocar, dar un vuelco. Por lo tanto dentro de este marco de realidad todo lo existente puede sufrir este cambio y en lo que atañe precisamente al hombre, su resultado puede serle favorable o no.
Esta polarización de la realidad entre lo establecido y lo que se trastoca hace posible la efectividad del Ritual y la interrelación con el hombre le brinda a este la oportunidad de actuar como un agente equilibrante. En el pensamiento andino el rito en su intención primaria, ontológica, tiene la finalidad de evitar o producir el Kuty según las circunstancias del aquí y ahora y la intencionalidad del que realice ese ritual. Generalmente el ritual andino será asimilado a la búsqueda de paz, de armonía con la naturaleza y la comunidad lo que implica la eliminación de la enfermedad y el restablecimiento de la salud individual y/o colectiva. En si mismo el rito enfrenta al hombre con su miedo, con su propio infierno psicológico a fin de que enfrente sus demonios personales y sea rescatado por el oficiante. Este miedo al vuelco impele al hombre a evitarlo y para esto es necesario realizar un pago manifestado bajo la forma de una ofrenda.
Por último, y no menos importante, este Pacha o totalidad espacio/tiempo, se divide en tres órdenes universales o en tres planos de existencia.
HANANPACHA-mundo de arriba, espacio sideral, morada de los dioses, difuntos y nobles- simbolizado por el CONDOR.
KAYPACHA-mundo del medio, la tierra misma, morada de los hombres-simbolizado por el PUMA.
UKUPACHA-mundo de abajo, el subsuelo, morada de los demonios- simbolizado por la SERPIENTE.
Una premisa de psicología es que los niños hasta los cinco o siete años viven en un mundo mágico ya que interpretan que todo lo que los rodea no es otra cosa que una extensión de su si mismo. En lo personal yo adhiero a que esta etapa de la vida fue muy mágica pero debido a la gran cantidad de percepciones experimentadas en dicha etapa y que requirieron muchísimos años tener sino una explicación al menos una teoría interpretativa de mi parte.
Las describo como sensaciones, la mayoría ocurría en la etapa previa al sueño tales como sentir la sábanas tan tiesas como tablas, o tan arrugadas como los fuelles de un acordeón. En otras oportunidades la sensación consistía en sentirme tan grande que sobresalía a las dimensiones de la cama, y al instante sentirme tan pequeña que mi almohada parecía gigantesca.
A veces no se trataba de estas incómodas sensaciones físicas sino que en las paredes de mi habitación pintadas de un suave color durazno danzaban distintas figuras a manera de guardas y que por más que yo trataba no detenían su alocado bailoteo. El trabajo con plantas enteógenas me recordaría algunas de estas sensaciones, en cuanto a las imágenes si bien con las plantas son mucho más ricas y complejas, mantendrían la misma cadencia de movimiento si es que se lo puede describir de ese modo.
Obviamente y con cinco años estas sensaciones traerían también miedo, el miedo que genera lo que se desconoce y que no tiene explicación. Mi única arma de salvataje era el pedido a alta hora de la noche a los gritos a mi madre de que me trajera a la cama un vaso de agua. Ella, pobre santa y media dormida acudía y luego de bebido el líquido todo lo anterior quedaba exorcizado.
Pero una noche algo falló. Yo comencé a pedir mi vaso de agua recostada del lado mirando a la pared. Lo pedí una vez y nada, repetí el pedido y silencio. Entonces deduje que ella no me escuchaba porque la pared impedía que mi voz le llegara con nitidez así que me di media vuelta para llamarla con más fuerza y claridad, y me quedé muda.
En el medio de la habitación había una figura que no era la de mi madre. Parecía un penitente español, todo de blanco y con la cabeza prolongándose en un bonete puntiagudo. Yo no podía divisarle ni manos ni mas rasgos que los ojos y una línea azul eléctrico que lo rodeaba en todo su contorno.
Por toda reacción me zambullí entre las sábanas y debo haberme dormido mucho después que el cansancio venció al miedo. Por supuesto nunca más pedí aquel vaso de agua.
Como practicantes de Kung Fu competíamos entre nosotros para ver quien desarrollaba la mejor forma. ¨Forma¨ es el nombre que usualmente dábamos a la secuencia de técnicas, presentadas como una coreografía, algunas de las cuales eran antiquísimas, otras más modernas y desarrolladas luego de que la revolución cultural hiciera estragos en china continental asesinando a un gran número de Maestros de kunFu y el resto huyera a diversos destinos, entre ellos a Taiwán.
Cuanto más avanzado era en nuestra escuela el practicante, solía ingeniárselas para aprender de algún maestro alguna forma que luego mostraría en exhibiciones y que celosamente negaría pasar al resto de sus compañeros.
El afán que despertaba esta competencia hacía que constantemente le pidiéramos al maestro Lin más y más conocimiento, como los pichones que ansiosos e insaciables no dejan de pedir en el nido más y más alimento.
El maestro obraba siempre no según nuestros reclamos sino según su antojo de ese día. Podía reírse, enojarse y ofenderse o dedicarse de lleno a enseñarnos algo nuevo o repasar por milésima vez los ejercicios más básicos con la meticulosidad del primer día.
Una frase repetida por él hasta el cansancio era: ¨Una técnica vale más que mil técnicas¨. Y a continuación nos contaba una sencilla historia en la cual el héroe, cuyo nombre no he sabido retener, viajó hasta encontrarse con un maestro taoísta quien vivía aislado en una montaña y sabía sus buenos secretos. Luego de muchos rechazos por parte del taoísta y repetidos ruegos por parte del aprendiz, lo tomó a su cargo asignándole a cambio de su conocimiento la tarea de encargarse de la limpieza de la cueva en la cual ambos vivirían. El primer ejercicio que el sabio le asignó consistió en caminar alrededor de un pino centenario con ambos brazos extendidos hacia el tronco. Pasaron los días y el anciano sabio no le indicó ningún ejercicio más. A los días siguieron los meses y luego los años, y tanto había ejercitado el aprendiz que su caminata constante había cavado un pozo alrededor del árbol y a medida que giraba a su alrededor el árbol se inclinaba hacia él.
El proceso que un occidental hubiese realizado en horas, al aprendiz chino le tomó años por lo que tardó muchísimo en atreverse a preguntarle a su maestro si en alguna ocasión le enseñaría algún otro ejercicio. Como toda respuesta el maestro taoísta colocó un grueso tronco frente a él y le ordenó que lo rompiera con un golpe de su brazo lo cual el aprendiz realizó con una facilidad asombrosa. Como simple felicitación a su proeza el taoista le dijo: ¨Ya puedes irte. Te he enseñado todo lo que se¨. El aprendiz abandonó la montaña y nunca dejó de librar combates midiéndose con oponentes de distintos estilos a los que siempre derrotaba con su única técnica.
Una técnica vale más que mil técnicas, un libro vale más que mil libros, no puedes abarcarlo todo, no puedes poseer todo el conocimiento. Dedícale tu tiempo y tu energía a una sola cosa. Sé bueno en algo.
Para el ojo no avezado y el visitante inexperto Machu Picchu es como un laberinto por la cantidad de edificaciones. Uno siendo turista debe realizar varias visitas sucesivas como para poder ubicarse satisfactoriamente dentro del complejo por lo que aún me cuesta definir cómo describir el lugar donde aquella habitación estaba ubicada, por lo tanto no lo voy a hacer. Simplemente en un recinto había en el suelo dos afloraciones rocosas talladas por hábiles manos, una a modo de un lecho y de manera ergonómica, es decir para que la roca quedara cómoda al cuerpo. El otro tomado en algún momento erróneamente por un mortero, semejaba un ojo en donde el iris era una protuberancia en forma de aro de bordes perfectos.
El trabajo del guía de turno era dejarnos descansar unos instantes en el lecho y luego arrodillarnos frente al ojo de piedra colocando nuestra frente sobre el mismo para trabajar sobre nuestro tercer ojo.
En eso estaba sin nada en particular en mi pensamiento, cuando insólitamente tuve la imagen nítida de una compañera del grupo, pero ataviada de modo inusual y con joyas brillando sobre su frente. Me levanté intrigada pero inmediatamente desvaloricé la experiencia pensando que mi subconciente había realizado esa imagen mediante una superposición de estímulos: la combinación del lugar, el trabajo del guía y la elección de alguien del grupo al que pertenecía conformando una moderna sacerdotisa inca.
Lo interesante se presentó cuando al cabo de un breve tiempo ella se me acercó para comentarme que mientras yo hacía mi ejercicio en el ojo de piedra, se concentró en mi persona ya que se había quedado intrigada por el comentario de un chamán que me había advertido que debido a mi postura ante la vida yo había conformado a mi alrededor una especie de armadura energética. Por supuesto ella la vio…Y yo a ella.
No es fácil y sí lo es. Acompañar implica en primera instancia dar nuestro tiempo a otra persona y virtualmente transitar junto a él su camino. Virtualmente, porque cada uno de nosotros transita su destino absolutamente sólo, ninguno de nuestros problemas se solucionan en definitiva si no lo afrontamos de un modo personal y nos comprometemos personalmente a solucionarlos. Es cierto, que en ocasiones alguien acude a nosotros para delegar en otro la responsabilidad que no pueden asumir pero por más que nos esforcemos, si ella misma no afronta sus dificultades no saldrá de las mismas, o lo logrará en esta oportunidad pero prontamente repetirá el patrón y nuevamente estará en una problemática de igual estructura y distintos agentes. Para describir este tipo de personalidades hay un dicho chino que manifiesta que cuando uno salva una vida se convierte esclavo de aquel a quien salvo. Remisos a madurar, pueden caer en la búsqueda constante de una tabla de salvación. La mejor forma de acompañarlos es enfrentarlos a la realidad de que deben dejar de huir, hacer más implicará para nosotros un gasto de energía innecesario.
Otras personas, simplemente, necesitan un respaldo. Alguien que los aliente frente a los desafíos y los sostenga con un ¨Sí, tu puedes¨. De alguna manera son ante los inicios como pichones que se tienen que lanzar por primera vez del nido y necesitan ese empujoncito para echarse a volar.
Algunas pocas personas, lo que precisan es simplemente que se les de vía libre. Ellas se sienten mejor acompañadas desde tu no-acción. No necesitan ni tus consejos, ni que les enumeres todo lo que puede salirles mal. Sólo necesitan una palmada en el hombro si se equivocaron y que festejes con ellos si tuvieron éxito.
Recuerdo que cuando decidí aprender KungFu, mi padre me lanzó una larga conversación acerca de los inconvenientes por mi condición de mujer, por los golpes que podía recibir, por lo difíciles de mis entrenamientos. Mi madre fue la que consiguió la dirección del que fue mi primer maestro y la que me acompañó a mi primera clase.
Tal vez mamá tenía más condiciones como compañera de las que su esposo supo reconocerle. Quizás por eso nunca faltaba al lado de la cama de un enfermo o de un moribundo. Más adelante para preservarla de las largas noches en vela y de la incomodidad de clínicas y hospitales yo tomaría su lugar.
No es fácil acompañar a alguien que está atravesando un momento extremadamente difícil. Recuerdo la confesión de una alumna de TaiChi quien me comentó que inspirada en algunas premisas de los movimientos de Nueva Era decidió presentarse como voluntaria en un hospital para brindar su tiempo a enfermos terminales. Le tocó acompañar a una nena enferma de cáncer pero su estructura emocional no le permitió seguir al lado de la pequeña conforme su enfermedad se agudizó por lo que llegado a un punto crítico abandonó su tarea.
La primera reflexión que nos asalta es que debió sobreponerse y asistir a la niña. Una mirada un poco más profunda es que hizo lo correcto al retirarse de la escena. Descubrir lo que podemos y lo que no podemos hacer, con franca honestidad, reconociendo nuestras limitaciones, sin forzar las situaciones es sabio. Sin embargo, la vida que es más sabia que nosotros, tarde o temprano nos pondrá en la misma situación de manera que no podamos evadirnos.