Llevó mucho tiempo darse cuenta. Muchos golpes.
A medida que se desarrolla el arte de la pelea se aplican nuevas técnicas y un instinto para desviar o esquivar golpes pero hay zonas del cuerpo que quedan indemnes a cualquier aprendizaje. No existe la protección plena, ni tampoco el guerrero perfecto.
Todos son aspectos de nuestra debilidad.
El punto ciego es una zona proclive a recibir impactos pero que reconocemos como tal y aprendemos a proteger. El punto muerto de un luchador no es reconocido como vulnerable y por lo tanto difícilmente proteja esa zona con lo cual recibirá allí golpes importantes.
El punto dragón es igual al anterior pero se aloja sobre una zona vital, es decir que un golpe desafortunado puede ser mortal.
Estos puntos o zonas corporales no son los mismos en todos los individuos así que el guerrero aplicado deberá encontrar los propios antes de intentar identificar los de su oponente.
Indudablemente lo que se da en un plano de nuestra realidad se da en otros.
Seguramente ya estás meditando y sospeches cuáles son estos tres niveles de debilidad a nivel emocional.
¿Y a nivel espiritual?…