Junio 2007


La señora Luna
le pidió al naranjo
un vestido verde
y un velillo blanco

La señora Luna
se quiere casar
con un pajecillo
de Casa Real.

Dúermete Natacha
e irás a la boda
peinada de blanco
y con traje de cola.

El poema es de María Elena Walsh y lo leí cuando era muy pequeña. Incluso lo cantaba y se lo cantaba a la luna cuando estaba llena y próxima en las noches de verano.
Aún no sabía de sus ciclos y vaivenes tan parecidos a los míos.
A su luz también haría muchos ruegos y peticiones para ordenar el presente o propiciar el futuro, mucho antes de conocer su significado mágico y simbólico, sin saber siquiera de la fuerza de los ritos. Ella que alguna vez supo ser una Diosa y como tal en ocasiones terrible y en otras propiciatoria.
Hubo un tiempo remoto en que los cultos fueron lunares o solares, tenebrosos y oscuros los primeros, misericordiosos y evolucionistas los segundos.
Pero también fue el misterio y sobre su trono se sentó primero una Isis de velos múltiples, que se los quitaba a medida que el iniciado se adentraba más y más en sus secretos. Luego ese trono por traslación natural o conveniente lo ocuparía María, la virgen eterna, quien custodia también su gran secreto de pureza inmaculada, y el mensaje de un hijo divino que se repite a gritos y nunca termina de hacerse carne. La historia de la diosa y la virgen también se asemejan en el profundo dolor de la pérdida, de un esposo la primera y de su hijo la segunda; y en la injusta  proscripción y peregrinar impuestos por las circunstancias. A punto tal se mimetizan ambas (diosa-Luna y virgen sagrada) que la misma iglesia aceptará y optará representarla con una luna a sus pies.
Invocada por lo tanto su energía mágico-simbólica en rituales estará atada a sus ciclos o a fracción de los mismos, tanto para el tiempo de la repetición como para la constatación del éxito de los mismos.
Como representante de lo femenino y fuertemente vinculadas a los ciclos vitales de nuestro género, también lo estará a los ciclos de la Naturaleza. Por eso antaño se predecía por la simple observación de su coloración y el del halo que se forma a su alrededor, el estado del tiempo como asimismo el desarrollo de acontecimientos futuros.

Este año fue de muchos cambios, muchos comienzos. No llegaron resonantes ni diciendo acá estamos, por el contrario llegaron quedos y agazapados, gestados o en gestación.
A mi hermana se le agolpan los inicios y cosas nuevas se le aparecen en el horizonte de su vida cargados de expectativas. Por supuesto acude a contármelos y a participármelos con su montaña de asombro y duda.
A mi se me gatilla fácil el recuerdo de que siempre acudía a mamá para contarle mis proyectos y por supuesto nunca a papá. Él nunca fue un buen motivador de caminos nuevos porque siempre convocó las fuerzas de los imposibles y las causas anticipadas de la derrota.
Mamá por el contrario siempre exorcizaba el devenir.
Quizás por haber crecido en el campo sabía que la única posibilidad de la vida era crecer o morir en el intento. Quizás por no haber recibido tanta información intelectual eran más los sí que los no.
O tal vez por su propia historia. Dejando atrás el ranchito de barro y paja, las naranjas amargas que un día plantó, los caranchos, los cuices, y los crostios de su madre llegó a la ciudad. Trabajó en una fábrica, conoció a su esposo, tuvo sus hijas, su casa y una cocina para ella sola donde se cansó de amasar ravioles y hacer pastelitos en almíbar.
Un dìa le dije a mis padres: ¨Quiero hacer Kung Fu¨.
El viejo me dijo que me iban a pegar, que me lastimarían, que no era un deporte adecuado para una mujer y sólo lo revirtió cuando le traje el primer trofeo.
Ella ni bien lo supo me consiguió la dirección de mi primer maestro e incluso me acompañó a la primera clase. No conforme con esto al día siguiente le contó a todo el barrio que no se metieran con ella porque su hija la sabría defender.
Ahora me toca a mí exorcizar mis fantasmas y los ajenos.
Vamos, adelante, encaremos nuestros proyectos. Por ahí nos morimos en el intento. Pero…¿Y si sale bien?

Estamos reunidos en Taiwan un grupo de practicantes de arte marcial chino con un maestro de acupuntura y terapias chinas, y seguramente de algo más. Es cierto, uno de nosotros habla muy bien taiwanes, pero aún así este maestro no parece sentirse demasiado a gusto con las visitas. Hace lo que muchos orientales, se muestra exageradamente hospitalario para no develar su intimidad.
Por lo tanto hará muchas cosas, pero no dirá casi nada. Nos llevará a almorzar a un restorante vegetariano muy elegante. Nos invitará a un templo budista e incluso nos mostrará su altar familiar dentro de su propia casa. Recuerdo la madera bordó y los platos cargados de frutas detrás de la humareda de los gruesos palillos de incienso.
Ya es tarde y debemos regresar. Nosotros, como practicantes siempre ansiosos de aprender alguna técnica supersecreta estamos entre aburridos y desilusionados con la visita.
Y en ese momento nos retiene un instante más y saca su servicio de té. A la clásica tetera y a los pequeños pocillos él le suma una gran pava y una suerte de plato hondo con un plato colador encima.
Coloca primero las gruesas y oscuras hebras de té en la pequeña tetera y la llena con agua caliente. Con el preparado llena los pocillos y antes que estiremos la mano para recibirlos los vuelca primero sobre la tetera tapada. Vuelve a llenar la tetera, los pocillos y tampoco los recibimos debido a que antes vuelca el contenido de uno sobre otros. Al tercer servicio uno esperaría recibir el ya tan ansiado pocillo de té. Pero no es así.
El operativo se repite tantas veces que empiezo a preguntarme si en algún momento finalmente tomaremos ese té.
Aquel de nosotros, que habla taiwanés, explica que el maestro prepara Kung Fu Cha. El primer servicio no se sirve porque el té es tan fuerte que no se puede tomar. Los demás servicios tienen una doble finalidad, por un lado que el agua y los pocillos lleguen a la temperatura adecuada; y por otro  que el té se diluya hasta el punto en que pueda ser probado.
El momento llega. Amarguísimo. Por supuesto el té chino se toma sin azúcar.
Por supuesto, no puedo dejar de hacer la analogía. La vida es una metáfora en desarrollo constante. Es parte de mi entrenamiento.
El maestro es el depositario del conocimiento. El conocimiento se desarrolla en el eterno brindarse. En el ejercicio de ese darse constante se va depurando tanto para los sucesivos discípulos como para el maestro mismo. Por lo tanto al conocimiento hay que darle tiempo, mucho tiempo para que madure en uno y en la forma de darlo a los demás.
Cierto es también que el conocimiento es un camino amargo. Será por eso que, según los cabalistas, los ángeles que guardan el conocimiento divino tienen una mirada muy triste.

La larga escalera sube eterna y el corazón se me desboca a la mitad. A mi lado en tropel suben los chiquitos corriendo sin reparar siquiera en la turista que ya no puede respirar. Imposible competir, así que me tomo mi tiempo para que mi fisiología me permita el esfuerzo del tramo restante.
Arriba, al lado de una iglesia, como tantas construida sobre la base de un templo inca devastado por la conquista; un vendedor  muestra unas artesanías a otros turistas. Yo me distraigo contemplando la placidez de la ciudad rosada desde la altura pero no por mucho tiempo.
En una distracción del vendedor los turistas se llevan una mercancía sin pagarle y me pide el favor de que le cuide sus cosas mientras intenta recuperar lo que aún le pertenece.
Vuelve al rato, desanimado y enfadado. Pero el enfado del quechua es dulce, no se exalta, no grita, no rompe. Es un inconformismo callado que pronto reconoce que lo perdido está perdido y mejor pasar a otra cosa.
Charlamos un ratito criticando a los oportunistas y luego entro en la iglesia, desordenada por los trabajos de restauración, para satisfacer la propia necesidad exploratoria. ¿Buscando qué? Ni idea, pero Cuzco nunca deja de sorprenderme.
La sorpresa sin embargo está afuera. El vendedor me espera con un papelito en la mano, un pequeño gran regalito en compensación por haberle cuidado sus pertenencias.
En efecto, sobre un papel esquela ha puesto un título : ¨Chakana¨ Cruz andina, cruz solar Inca.
A continuación trazada prolijamente está la conocida cruz y a cada vértice le ha adicionado los nombres de las Pachas, los animales que las representan, las tres actividades humanas (de lo cual hablaremos en otra oportunidad, y lo que algunos llaman el saludo Inca, el saludo Andino.

Ama llulla  — No seas mentiroso
Ama Quella  — No seas ocioso
Ama Sua     — No seas ladrón.

No recuerdo si fue en aquel viaje o en otro anterior, pero ya había escuchado la frase y también la condenación de un guía que aseveraba con disgusto : Ese nunca fue el saludo Inca, fue un invento impuesto de los españoles.
No recuerdo si él realizó la explicación pertinente, o el producto de la propia exploración conformó la respuesta.
En primer lugar Ama Quella (no seas ocioso, no seas vago). El sistema económico del Incario no permitía que nadie estuviese al margen de alguna actividad productiva. Las familias tenían aseguradas tierras de laboreo necesarias y suficientes para su propia manutención y para producir la  parte que debían entregar al Estado, el cual la destinaba entre otras a cubrir los períodos de mala producción. En el Incario no se conocía el hambre, esta les llegó junto con la conquista Española.
Con respecto a las otras dos premisas,no seas ladrón y no seas mentiroso, no conformaban parte de la idiosincrasia de su cultura. Naturalmente no mentían ni robaban según algunos, o estaba fuertemente reprimido según otros.
Siguiendo la línea de pensamiento de aquel guìa éste saludo sería una imposición, una traslación de la sombra del conquistador sobre el conquistado. Porque el despojo, el engaño y el usufructo de la fuerza de trabajo conformó siempre la dialéctica de toda conquista.
¿Entonces cuál podría ser este saludo y en qué radicaría su importancia?
En realidad no lo sé, y tal vez nunca lo sepa con certeza. Pero un día llega un libro, que estaba medio perdido entre otros, y en sus páginas un ídolo, un antropolito de Taraco, posa su mano izquierda sobre su corazón mientras levanta la derecha. Por supuesto, además sonríe.
Señala su corazón, SONCCO. Si, posiblemente muestre un saludo, o esté predicando el ejercicio de algún sentimiento,(¿Tal vez el amor?) hacia los demás.
Pero también hay otros ídolos, monolitos, o personajes importantes que quedaron retratados eternamente en la piedra, un ídolo en Pomata y el conocido monolito kontiki en Titikaka. Y en estos se vuelve a repetir la mano sobre el corazón, pero además la otra descansa sobre el abdomen, sobre el ombligo, sobre el KOSCO. SONCCO Y KOSCO son los centros que hacen referencia al hacer, pero a un hacer equilibrado.
Por lo tanto los monolitos muestran a individuos que alcanzaron o al menos buscaron el equilibrio interior-exterior, porque no se puede consolidar en el afuera lo que primero no se consolidó interiormente.  
Sí, tal vez no se trate del saludo Inca, pero tal vez se trate de un mensaje de los Amautas, los señores del equilibrio, y del arte de saber y recordar.
Una mano en el corazón y otra sobre el ombligo…una posición muy agradable al momento de meditar.                                                                                                                                                                                           

Son sustancias volátiles, de un elevado calibre energético, en alto grado de concentración, obtenidas por destilación o presión fría a partir de vegetales, para lo cual se selecciona la flor, la corteza o la cáscara de su fruta.
Su uso es antiquísimo, y su antecedente más arcaico está dado por todas las sociedades que utilizaron en algún momento humo generado por la combustión de hierbas con una finalidad curativa y purificadora. La evolución de la tecnología humana propicio la extracción de resinas, aceites perfumados,  ungüentos, como se atestigua en la vida cotidiana de  hindúes, chinos, griegos y romanos.
Hipócrates los recomendaba asociados a un masaje diario como el mejor método para mantener la salud. Teofrasto analizaba los efectos de los diversos aromas en el pensamiento, el sentimiento y la salud. Un gran número de recetas de perfumes medicinales fueron grabadas en el mármol de diversos templos, especialmente en los dedicados a Esculapio (dios de la medicina) y a Afrodita. Los Árabes aportaron el proceso de destilación de los aceites tal como lo conocemos hoy en día. En tanto que a los alquimistas debemos el término Aceite Esencia, queriendo significar no sólo que estos aceites eran vitales para la vida, sino también que estaban en relación con la quintaesencia, o quinto elemento que nos vincula con nuestro Ser Superior.
La capacidad equilibrante de las esencias radica en su aroma. Ya sea porque es en la molécula olorífica donde se esconde todo su potencial terapéutico, o porque movilice la memoria olfatoria, o haciendo que el cerebro envíe órdenes sanadoras al cuerpo y a la psique.
En el caso de un mensaje aromático, el aceite correctamente diluido penetra por los tejidos hasta la circulación sanguínea, extendiéndose rápidamente por el cuerpo. Paralelamente, los receptores olfativos llevan la molécula odorífera hacia el cerebro, el que actúa respondiendo a las características terapéuticas del aceite aplicado.
Los aceites esenciales puros deben ser diluidos en un aceite vehículo antes de ser aplicados en masaje, como perfumes o en el baño.
Una pequeña cantidad de aceite esencial (entre 10 y 15 gotas entre todos los aromas seleccionados), deben agregarse a 30ml de aceite vehicular, o 30 gs. de crema base neutra. Los aceites vehiculares son:
GERMEN DE TRIGO- para pieles maduras.
SÉSAMO -para pieles normales o grasas.
ALMENDRA-para pieles normales o secas
En el baño de inmersión, prepare una mezcla similar, o bien agregue a la bañera llena 7 o 9 gotas de aceite puro antes de ingresar. Dado que el agua y el aceite no se mezclan naturalmente, en este caso, deberán realizarse movimientos en forma de ocho revolviendo el agua, para evitar la concentración del aceite en una sola área.
Otra forma de utilización la constituyen las fragancias o perfumes personales, con 80% de Alcohol y 20% de agua formando 30 ml. de base, a lo cual se agregan 15 gotas en total de los aceites elegidos. Puede perfumarse con esta mezcla varias veces al día.
La utilización del hornillo difusor es muy simple, se trata de usar unas cuantas gotas de aceite puro (8 u 10), junto con agua mineral en el recipiente de la parte superior. Luego se encienden la vela, y se deja ardiendo por el tiempo que desee.
Mantenga siempre los aceites y sus preparaciones con los mismos en frascos oscuros, y nunca los coloque en contenedores de plástico. Manténgalos en un lugar frío y seco. Las tapas de los frascos deben permanecer siempre bien cerradas, dada la alta volatilidad de los aceites, y nunca cerca de una fuente de calor.