Era muy temprano cuando lo vieron sentado en la estación Bolívar de subterráneos.  La gente pasaba a su lado y lo miraban de distinta manera debido a su extraño atuendo. Hacía mucho que no se veían hippies auténticos en Buenos Aires.  Si bien la moda había vuelto era eso sólo moda.  Este era auténtico.
Lo primero que lo delataba era la edad, debería tener unos cincuenta y tantos años.  El cabello y la barba muy crecidos, apenas peinados.  La vincha raída algo inclinada de un costado.  Los anteojos redondos, a lo Jhon Lennon coloreados de violeta,  una margarita pintada en la mejilla derecha (pintada y no tatuada lo que quizás fuera el detalle más significativo). El chaleco hindú, tan descolorido que había quedado amarronado por el paso del tiempo y que había perdido también unos cuantos espejitos de su adorno. El pantalón debió ser azul, tanto tiempo atrás, que ahora era gris.  Estaba totalmente descalzo, puesto que las sandalias habían desaparecido muchos años atrás.
Y no estaba sucio, estaba polvoriento, como una momia recién rescatada de su entierro ancestral.
Sobre el andén había desplegado una colección tan extraña de objetos que inevitablemente la gente se detenía a observar.
Había objetos de vidrio, otros de cerámica, algunos de madera, de metal.  Los había esféricos, cúbicos, antropomorfos, zoomorfos, pirámides.  Había también plumas, piedras, cortezas, hojas, flores y hasta pequeños animales disecados, especialmente insectos.
Estaban dispuestos sobre una colcha tejida a crochet, de esas hechas de a cuadraditos de lana de distintos colores,  y no paraba de cambiarlos de lugar, pasando cada uno de esos objetos de un lugar a otro como si se tratara de un gran juego de ajedrez.
A medida que las personas bajaban del subte prestaban atención al extraño ritual.  Unos se quejaban:
-Justo aquí señor, que no hay lugar.
Otros se intrigaban y preguntaban:
-¿Qué es un juego? ¿Es una obra de arte? No, el señor está loco, no tengo tiempo para perder en esto. Hey, circule por favor, por mirar lo que está haciendo ese roñoso estoy llegando tarde a la oficina.  No, mi amor, no ves que son artesanías para la venta, te compro alguna.
El hippie, imperturbable no respondía, no se quejaba, no se inmutaba, no dejaba de mover de un lado a otro los objetos que estaban sobre la manta.
Carlitos se había escapado de casa aquel día, muy temprano, después del desayuno.  Un padre ausente, una madre que trabajaba mucho, una abuela malhumorada y sobredimensionada de trabajo para su edad, dos hermanitos demasiados chiquitos.
-Te dije que cuidaras a tus hermanos, si algo les pasa la culpa va ser tuya.-  No aguantó más y se fue con lo puesto.  En vez de ir a la escuela siguió de largo y cuando tuvo frío se metió en el subte, pasaría allí la noche.
Como era la única persona que estaba quieta en aquel lugar se le sentó al lado.  El hippie no lo miró, no le preguntó nada, no lo corrió.  Instintivamente sabía que era bueno quedarse cerca de aquella persona, dormiría un poco más confiado.
 El último tren pasó y se llevó del andén a unos pocos pasajeros rezagados en la noche.
Y nada más.  Nadie los corrió.
Carlitos se apretujó de costado sobre su bracito derecho dispuesto a dormirse, así nada más sin comer nada y en ese preciso momento el hippie se quedó quieto. Suspiró hondo, cerró un instante los ojos y aplaudió una vez.
Carlitos aún no puede creer lo que vió.
Las piezas sobre la manta comenzaron una danza frenética sin que ninguna mano las tocara. Comenzaron a moverse velozmente de un lado al otro de la manta cambiando de posiciones unas con otras.
-Señor, ¿Ud. Está viendo lo que yo?
Como toda respuesta el hippie aplaudió otra vez y las piezas detuvieron su danza frenética para retomarla en sentido contrario y sólo se quedaron quietas cuando todas las piezas volvieron a su lugar inicial.
Carlitos estaba ahora sentado, los ojos muy grandes, la boca muy abierta.
- Hace muchos años, cuando yo era muy joven, el mundo lo era también. Viajamos algunos de nosotros a lugares lejanos. Yo fui a Nepal y allí un monje me enseño palabras secretas que producen milagros. Por qué a mi, no lo sé.  Tal vez simplemente para que tú vieras lo que hoy viste.  Estos objetos que están sobre la manta tienen cada uno una energía, como la tienes tú y la tengo yo.  Y también tienen una memoria, una historia, han viajado y guardan el secreto de su jornada, pero como todo tarde o temprano deberán  regresar a su lugar de  origen…Ya es tarde, es hora de que tú vuelvas al tuyo.
-Abandoné mi casa.
-Mal hecho, tu madre llora, tus hermanos ya te extrañan.  ¿No sientes acaso las oleadas de afecto que están llegando hasta ti.?
-No, no lo siento.
-Porque pusiste tu atención sólo en tu ser y no prestaste atención a lo que te rodea. Bueno, basta, levantemos todo esto y volvamos a casa.

Salieron al frío de la noche que les pegó duro en la cara.  El hippie lo acompañó unas cuadras y sin decir nada dobló en una esquina para perderse en la noche.
El retorno fue mucho mas grato de lo que se esperaba, no hubo reproches. Sólo abrazos y besos, apretujones, un café con leche bien caliente. Una cama con colchas de lanas tejidas por la abuela. Cerró los ojos y en sus sueños él era una pieza más en la manta vieja moviéndose interminablemente junto con las demás piezas.
Carlitos volvió muchas veces al andén buscando a su amigo hippie. Por supuesto jamás lo volvió a ver. 
Aprendió otra lección, algunas experiencias se dan en la vida sólo una vez.
 

La señora Luna
le pidió al naranjo
un vestido verde
y un velillo blanco

La señora Luna
se quiere casar
con un pajecillo
de Casa Real.

Dúermete Natacha
e irás a la boda
peinada de blanco
y con traje de cola.

El poema es de María Elena Walsh y lo leí cuando era muy pequeña. Incluso lo cantaba y se lo cantaba a la luna cuando estaba llena y próxima en las noches de verano.
Aún no sabía de sus ciclos y vaivenes tan parecidos a los míos.
A su luz también haría muchos ruegos y peticiones para ordenar el presente o propiciar el futuro, mucho antes de conocer su significado mágico y simbólico, sin saber siquiera de la fuerza de los ritos. Ella que alguna vez supo ser una Diosa y como tal en ocasiones terrible y en otras propiciatoria.
Hubo un tiempo remoto en que los cultos fueron lunares o solares, tenebrosos y oscuros los primeros, misericordiosos y evolucionistas los segundos.
Pero también fue el misterio y sobre su trono se sentó primero una Isis de velos múltiples, que se los quitaba a medida que el iniciado se adentraba más y más en sus secretos. Luego ese trono por traslación natural o conveniente lo ocuparía María, la virgen eterna, quien custodia también su gran secreto de pureza inmaculada, y el mensaje de un hijo divino que se repite a gritos y nunca termina de hacerse carne. La historia de la diosa y la virgen también se asemejan en el profundo dolor de la pérdida, de un esposo la primera y de su hijo la segunda; y en la injusta  proscripción y peregrinar impuestos por las circunstancias. A punto tal se mimetizan ambas (diosa-Luna y virgen sagrada) que la misma iglesia aceptará y optará representarla con una luna a sus pies.
Invocada por lo tanto su energía mágico-simbólica en rituales estará atada a sus ciclos o a fracción de los mismos, tanto para el tiempo de la repetición como para la constatación del éxito de los mismos.
Como representante de lo femenino y fuertemente vinculadas a los ciclos vitales de nuestro género, también lo estará a los ciclos de la Naturaleza. Por eso antaño se predecía por la simple observación de su coloración y el del halo que se forma a su alrededor, el estado del tiempo como asimismo el desarrollo de acontecimientos futuros.

Este año fue de muchos cambios, muchos comienzos. No llegaron resonantes ni diciendo acá estamos, por el contrario llegaron quedos y agazapados, gestados o en gestación.
A mi hermana se le agolpan los inicios y cosas nuevas se le aparecen en el horizonte de su vida cargados de expectativas. Por supuesto acude a contármelos y a participármelos con su montaña de asombro y duda.
A mi se me gatilla fácil el recuerdo de que siempre acudía a mamá para contarle mis proyectos y por supuesto nunca a papá. Él nunca fue un buen motivador de caminos nuevos porque siempre convocó las fuerzas de los imposibles y las causas anticipadas de la derrota.
Mamá por el contrario siempre exorcizaba el devenir.
Quizás por haber crecido en el campo sabía que la única posibilidad de la vida era crecer o morir en el intento. Quizás por no haber recibido tanta información intelectual eran más los sí que los no.
O tal vez por su propia historia. Dejando atrás el ranchito de barro y paja, las naranjas amargas que un día plantó, los caranchos, los cuices, y los crostios de su madre llegó a la ciudad. Trabajó en una fábrica, conoció a su esposo, tuvo sus hijas, su casa y una cocina para ella sola donde se cansó de amasar ravioles y hacer pastelitos en almíbar.
Un dìa le dije a mis padres: ¨Quiero hacer Kung Fu¨.
El viejo me dijo que me iban a pegar, que me lastimarían, que no era un deporte adecuado para una mujer y sólo lo revirtió cuando le traje el primer trofeo.
Ella ni bien lo supo me consiguió la dirección de mi primer maestro e incluso me acompañó a la primera clase. No conforme con esto al día siguiente le contó a todo el barrio que no se metieran con ella porque su hija la sabría defender.
Ahora me toca a mí exorcizar mis fantasmas y los ajenos.
Vamos, adelante, encaremos nuestros proyectos. Por ahí nos morimos en el intento. Pero…¿Y si sale bien?

Estamos reunidos en Taiwan un grupo de practicantes de arte marcial chino con un maestro de acupuntura y terapias chinas, y seguramente de algo más. Es cierto, uno de nosotros habla muy bien taiwanes, pero aún así este maestro no parece sentirse demasiado a gusto con las visitas. Hace lo que muchos orientales, se muestra exageradamente hospitalario para no develar su intimidad.
Por lo tanto hará muchas cosas, pero no dirá casi nada. Nos llevará a almorzar a un restorante vegetariano muy elegante. Nos invitará a un templo budista e incluso nos mostrará su altar familiar dentro de su propia casa. Recuerdo la madera bordó y los platos cargados de frutas detrás de la humareda de los gruesos palillos de incienso.
Ya es tarde y debemos regresar. Nosotros, como practicantes siempre ansiosos de aprender alguna técnica supersecreta estamos entre aburridos y desilusionados con la visita.
Y en ese momento nos retiene un instante más y saca su servicio de té. A la clásica tetera y a los pequeños pocillos él le suma una gran pava y una suerte de plato hondo con un plato colador encima.
Coloca primero las gruesas y oscuras hebras de té en la pequeña tetera y la llena con agua caliente. Con el preparado llena los pocillos y antes que estiremos la mano para recibirlos los vuelca primero sobre la tetera tapada. Vuelve a llenar la tetera, los pocillos y tampoco los recibimos debido a que antes vuelca el contenido de uno sobre otros. Al tercer servicio uno esperaría recibir el ya tan ansiado pocillo de té. Pero no es así.
El operativo se repite tantas veces que empiezo a preguntarme si en algún momento finalmente tomaremos ese té.
Aquel de nosotros, que habla taiwanés, explica que el maestro prepara Kung Fu Cha. El primer servicio no se sirve porque el té es tan fuerte que no se puede tomar. Los demás servicios tienen una doble finalidad, por un lado que el agua y los pocillos lleguen a la temperatura adecuada; y por otro  que el té se diluya hasta el punto en que pueda ser probado.
El momento llega. Amarguísimo. Por supuesto el té chino se toma sin azúcar.
Por supuesto, no puedo dejar de hacer la analogía. La vida es una metáfora en desarrollo constante. Es parte de mi entrenamiento.
El maestro es el depositario del conocimiento. El conocimiento se desarrolla en el eterno brindarse. En el ejercicio de ese darse constante se va depurando tanto para los sucesivos discípulos como para el maestro mismo. Por lo tanto al conocimiento hay que darle tiempo, mucho tiempo para que madure en uno y en la forma de darlo a los demás.
Cierto es también que el conocimiento es un camino amargo. Será por eso que, según los cabalistas, los ángeles que guardan el conocimiento divino tienen una mirada muy triste.

La larga escalera sube eterna y el corazón se me desboca a la mitad. A mi lado en tropel suben los chiquitos corriendo sin reparar siquiera en la turista que ya no puede respirar. Imposible competir, así que me tomo mi tiempo para que mi fisiología me permita el esfuerzo del tramo restante.
Arriba, al lado de una iglesia, como tantas construida sobre la base de un templo inca devastado por la conquista; un vendedor  muestra unas artesanías a otros turistas. Yo me distraigo contemplando la placidez de la ciudad rosada desde la altura pero no por mucho tiempo.
En una distracción del vendedor los turistas se llevan una mercancía sin pagarle y me pide el favor de que le cuide sus cosas mientras intenta recuperar lo que aún le pertenece.
Vuelve al rato, desanimado y enfadado. Pero el enfado del quechua es dulce, no se exalta, no grita, no rompe. Es un inconformismo callado que pronto reconoce que lo perdido está perdido y mejor pasar a otra cosa.
Charlamos un ratito criticando a los oportunistas y luego entro en la iglesia, desordenada por los trabajos de restauración, para satisfacer la propia necesidad exploratoria. ¿Buscando qué? Ni idea, pero Cuzco nunca deja de sorprenderme.
La sorpresa sin embargo está afuera. El vendedor me espera con un papelito en la mano, un pequeño gran regalito en compensación por haberle cuidado sus pertenencias.
En efecto, sobre un papel esquela ha puesto un título : ¨Chakana¨ Cruz andina, cruz solar Inca.
A continuación trazada prolijamente está la conocida cruz y a cada vértice le ha adicionado los nombres de las Pachas, los animales que las representan, las tres actividades humanas (de lo cual hablaremos en otra oportunidad, y lo que algunos llaman el saludo Inca, el saludo Andino.

Ama llulla  — No seas mentiroso
Ama Quella  — No seas ocioso
Ama Sua     — No seas ladrón.

No recuerdo si fue en aquel viaje o en otro anterior, pero ya había escuchado la frase y también la condenación de un guía que aseveraba con disgusto : Ese nunca fue el saludo Inca, fue un invento impuesto de los españoles.
No recuerdo si él realizó la explicación pertinente, o el producto de la propia exploración conformó la respuesta.
En primer lugar Ama Quella (no seas ocioso, no seas vago). El sistema económico del Incario no permitía que nadie estuviese al margen de alguna actividad productiva. Las familias tenían aseguradas tierras de laboreo necesarias y suficientes para su propia manutención y para producir la  parte que debían entregar al Estado, el cual la destinaba entre otras a cubrir los períodos de mala producción. En el Incario no se conocía el hambre, esta les llegó junto con la conquista Española.
Con respecto a las otras dos premisas,no seas ladrón y no seas mentiroso, no conformaban parte de la idiosincrasia de su cultura. Naturalmente no mentían ni robaban según algunos, o estaba fuertemente reprimido según otros.
Siguiendo la línea de pensamiento de aquel guìa éste saludo sería una imposición, una traslación de la sombra del conquistador sobre el conquistado. Porque el despojo, el engaño y el usufructo de la fuerza de trabajo conformó siempre la dialéctica de toda conquista.
¿Entonces cuál podría ser este saludo y en qué radicaría su importancia?
En realidad no lo sé, y tal vez nunca lo sepa con certeza. Pero un día llega un libro, que estaba medio perdido entre otros, y en sus páginas un ídolo, un antropolito de Taraco, posa su mano izquierda sobre su corazón mientras levanta la derecha. Por supuesto, además sonríe.
Señala su corazón, SONCCO. Si, posiblemente muestre un saludo, o esté predicando el ejercicio de algún sentimiento,(¿Tal vez el amor?) hacia los demás.
Pero también hay otros ídolos, monolitos, o personajes importantes que quedaron retratados eternamente en la piedra, un ídolo en Pomata y el conocido monolito kontiki en Titikaka. Y en estos se vuelve a repetir la mano sobre el corazón, pero además la otra descansa sobre el abdomen, sobre el ombligo, sobre el KOSCO. SONCCO Y KOSCO son los centros que hacen referencia al hacer, pero a un hacer equilibrado.
Por lo tanto los monolitos muestran a individuos que alcanzaron o al menos buscaron el equilibrio interior-exterior, porque no se puede consolidar en el afuera lo que primero no se consolidó interiormente.  
Sí, tal vez no se trate del saludo Inca, pero tal vez se trate de un mensaje de los Amautas, los señores del equilibrio, y del arte de saber y recordar.
Una mano en el corazón y otra sobre el ombligo…una posición muy agradable al momento de meditar.                                                                                                                                                                                           

Son sustancias volátiles, de un elevado calibre energético, en alto grado de concentración, obtenidas por destilación o presión fría a partir de vegetales, para lo cual se selecciona la flor, la corteza o la cáscara de su fruta.
Su uso es antiquísimo, y su antecedente más arcaico está dado por todas las sociedades que utilizaron en algún momento humo generado por la combustión de hierbas con una finalidad curativa y purificadora. La evolución de la tecnología humana propicio la extracción de resinas, aceites perfumados,  ungüentos, como se atestigua en la vida cotidiana de  hindúes, chinos, griegos y romanos.
Hipócrates los recomendaba asociados a un masaje diario como el mejor método para mantener la salud. Teofrasto analizaba los efectos de los diversos aromas en el pensamiento, el sentimiento y la salud. Un gran número de recetas de perfumes medicinales fueron grabadas en el mármol de diversos templos, especialmente en los dedicados a Esculapio (dios de la medicina) y a Afrodita. Los Árabes aportaron el proceso de destilación de los aceites tal como lo conocemos hoy en día. En tanto que a los alquimistas debemos el término Aceite Esencia, queriendo significar no sólo que estos aceites eran vitales para la vida, sino también que estaban en relación con la quintaesencia, o quinto elemento que nos vincula con nuestro Ser Superior.
La capacidad equilibrante de las esencias radica en su aroma. Ya sea porque es en la molécula olorífica donde se esconde todo su potencial terapéutico, o porque movilice la memoria olfatoria, o haciendo que el cerebro envíe órdenes sanadoras al cuerpo y a la psique.
En el caso de un mensaje aromático, el aceite correctamente diluido penetra por los tejidos hasta la circulación sanguínea, extendiéndose rápidamente por el cuerpo. Paralelamente, los receptores olfativos llevan la molécula odorífera hacia el cerebro, el que actúa respondiendo a las características terapéuticas del aceite aplicado.
Los aceites esenciales puros deben ser diluidos en un aceite vehículo antes de ser aplicados en masaje, como perfumes o en el baño.
Una pequeña cantidad de aceite esencial (entre 10 y 15 gotas entre todos los aromas seleccionados), deben agregarse a 30ml de aceite vehicular, o 30 gs. de crema base neutra. Los aceites vehiculares son:
GERMEN DE TRIGO- para pieles maduras.
SÉSAMO -para pieles normales o grasas.
ALMENDRA-para pieles normales o secas
En el baño de inmersión, prepare una mezcla similar, o bien agregue a la bañera llena 7 o 9 gotas de aceite puro antes de ingresar. Dado que el agua y el aceite no se mezclan naturalmente, en este caso, deberán realizarse movimientos en forma de ocho revolviendo el agua, para evitar la concentración del aceite en una sola área.
Otra forma de utilización la constituyen las fragancias o perfumes personales, con 80% de Alcohol y 20% de agua formando 30 ml. de base, a lo cual se agregan 15 gotas en total de los aceites elegidos. Puede perfumarse con esta mezcla varias veces al día.
La utilización del hornillo difusor es muy simple, se trata de usar unas cuantas gotas de aceite puro (8 u 10), junto con agua mineral en el recipiente de la parte superior. Luego se encienden la vela, y se deja ardiendo por el tiempo que desee.
Mantenga siempre los aceites y sus preparaciones con los mismos en frascos oscuros, y nunca los coloque en contenedores de plástico. Manténgalos en un lugar frío y seco. Las tapas de los frascos deben permanecer siempre bien cerradas, dada la alta volatilidad de los aceites, y nunca cerca de una fuente de calor.

El 19 de Mayo a las 7.05 hs un extraño resplandor iluminó  repentinamente el cielo matutino en la ciudad de Rosario, aunque el fenómeno también pudo observarse en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. En estas fechas el cielo aún permanece oscuro en estas horas tempranas, quedó sorprendentemente iluminado como si fuera día. Paso seguido muchos testigos pudieron observar un elemento luminoso brillante en caída que dejaba en el cielo un trazado similar a algo que se venía quemando y va dejando un rastro de humo color amarronado, perpendicular a la tierra. Iba como en picada. Según un testigo el fenómeno se observó por un espacio de 3 a 4 segundos, hasta que se terminó de consumir. 
Los testigos difieren en cuanto a que algunos dicen haber observados algunos colores en el mismo mientras otros sostienen que no.
El fenómeno abarcó un amplio territorio porque pudo observarse incluso en la provincia de San Luis.
Por los elementos que tenemos de apreciación se trataría un aerolito que impactó primero en la atmósfera fragmentándose y que se consumió antes de hacer contacto con la superficie del planeta.

Llevó mucho tiempo darse cuenta. Muchos golpes.
A medida que se desarrolla el arte de la pelea se aplican nuevas técnicas y un instinto para desviar o esquivar golpes pero hay zonas del cuerpo que quedan indemnes a cualquier aprendizaje. No existe la protección plena, ni tampoco el guerrero perfecto.
Todos son aspectos de nuestra debilidad.
El punto ciego es una zona proclive a recibir impactos pero que reconocemos como tal y aprendemos a proteger. El punto muerto de un luchador no es reconocido como vulnerable y por lo tanto difícilmente proteja esa zona con lo cual recibirá allí golpes importantes.
El punto dragón es igual al anterior pero se aloja sobre una zona vital, es decir que un golpe desafortunado puede ser mortal.
Estos puntos o zonas corporales no son los mismos en todos los individuos así que el guerrero aplicado deberá encontrar los propios antes de intentar identificar los de su oponente.
Indudablemente lo que se da en un plano de nuestra realidad se da en otros.
Seguramente ya estás meditando y sospeches cuáles son estos tres niveles de debilidad a nivel emocional.
¿Y a nivel espiritual?…

Nos toca vivir en el final de una era y en los umbrales de otra. Somos eternos y no lo sabemos. Eterno es lo que vive para siempre. Inmortal es lo que no muere.
Como seres biológicos, estamos inevitablemente destinados a cumplir un ciclo vital. Pero durante su trayecto, en general no vivimos, nos preparamos para la vida, rondamos en múltiples direcciones a la espera de la oportunidad de vivir. Y nos quedamos mayormente en la hipótesis, sin alcanzar la consumación. Se piensa en la eternidad como un lugar que es preciso alcanzar. De ninguna manera: la eternidad está en nosotros. Es parte de nuestra naturaleza. Cuando nos damos cuenta de eso, se convierte en una vivencia cumbre. Preámbulo de una vida intensa.
(Miguel Grinberg- LaCita-Mayo 2007)

Argentina es también tierra de leyendas, misterios, relatos fantásticos y conocimientos velados a la mayoría y vivenciados por unos pocos.
Por donde se recorra este extenso país, surgen relatos e historias misteriosas en donde demarcar el límite entre lo fantástico y lo posible aún hoy es tarea difícil.
Una de estos misterios lo constituye La ciudad de los Césares. Según el anecdotario histórico el jesuita italiano Mascardi cruzó la cordillera impulsado por la visión de san Francisco Javier según algunos o el propósito de hallar la Ciudad de los Césares según otros. Finalmente terminó asesinado por los indios con sus flechas y boleadoras.
Poco después el Padre Helguera, sucesor del cura Juan José Gillelmo, intenta continuar la obra de Mascardi para perecer envenenado por los aborígenes. Ambas muertes no son nada más que muestra del celo con que los indígenas protegían la existencia del Paso de los Vuriloches, custodiado por la inmensa mole del monte Amun-Kar, luego bautizado Tronador quienes debían soportar  la presión de un invasor incansable encandilado por las leyendas que prometían riquezas infinitas al hallar la mítica ciudad perdida.
Las leyendas de la Ciudad de los Césares impulsaron desde el Siglo XVI, a intrépidos aventureros a internarse en la cordillera de los Andes, en busca del paso utilizado por los nativos para acceder a la mítica ciudad.
En su ideario las inmediaciones del Nahuel Huapi eran el sitio más probable, aunque por supuesto investigaron otras zonas. Durante tres siglos de infructuosa búsqueda las versiones de las supuesta Trapalanda, con sus calles fundidas con el oro hurtado por el Inca a la codicia española, se mezclaron con infinidad de cuentos entre ellos el Dorado, que multiplicó a lo largo de toda América del Sur su posible ubicación y alimentado también por las leyendas de ciudades misteriosas en los fondos de los lagos a las que sólo se accedía en contadas ocasiones.

El invierno había llegado y aquel día desde temprano amenazaba con ser uno de los peores de la estación.  Por esa razón Espastos, el mago, recluido en su cabaña había organizado un día  de inacción. 
Estaba cómodamente sentado en su cama cubierta por gruesos cobertores fumando su pipa predilecta.  El fuego en el hogar ardía con una llama anaranjada producto de su alta magia, dándole al entorno un clima acogedor a la vez que cocía lentamente el mejor de sus guisos en la marmita de hierro.
Como contraste afuera el viento silbaba con fuerza y las ramas de los árboles golpeteaban entre si y contra el techo. Una cálida sensación de satisfacción lo invadió de pies a cabeza y se acomodó entre los almohadones como lo hace un gato viejo cuando se despierta y decide luego  seguir durmiendo.
Cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta no lo pudo creer.  Guardó silencio con la esperanza de que el inoportuno se alejara mientras a modo de protesta mencionaba por lo bajo los nombres de todos los demonios conocidos.
Sin embargo el inoportuno no se alejó, por el contrario arremetió contra la puerta con todas las fuerzas de su puño.
-Espastos.  Necesito hablar con Ud. Vengo de muy lejos a ponerme a su servicio.
El mago maldijo a quien inició la tradición del discipulado. No era muy afecto a tener alumnos pero por un precepto de Alta Magia estaba obligado a transferir sus conocimientos a alguien y a poner a prueba a cuanto se lo solicitaran.
Con una mueca de dolor dejó la calidez de los cobertores y antes de abrir la puerta miró con pena el guiso que iba a disfrutar tranquilo y solo y que ahora tendría que compartir.
Cuando abrió la puerta y lo vio pensó que hubiese sido mejor no haberse dado por enterado y  no haber abierto.
Afuera, completamente mojado, colorado de frió lo esperaba un joven fino por los ropajes que llevaba.  Altivo, el fuego del orgullo y de la soberbia se colaba a través de su mirada, lo que hacía un tanto frío y hostil aquel rostro que podría haberse descripto como hermoso.
Efectivamente Abemus resultó ser no sólo un joven altivo y pretencioso sino también brillante y aplicado a su estudio.  Era fácil enseñarle porque tenía una gran memoria para los conjuros, sumamente meticuloso para preparar pócimas y una gran disciplina para sobrellevar las sucesivas pruebas a las que Espastos lo sometía a fin de afianzar su capacidad de concentración, fortalecer su determinación y suavizar sus defectos de carácter.
Al Gran Mago su discípulo comenzó a demandarle mucho de su tiempo y el poco que le quedaba apenas sí le alcanzaba para sus propios estudios e investigaciones.  El problema empezó debido a que la limpieza de la cabaña estaba cada vez mas descuidada y Abemus resultó pésimo para las tareas domésticas.  La Magia no podía usarse como recurso debido a que había sido creada para cosas mas importantes y aunque parezca mentira no resultaba realmente satisfactoria para quitar el polvo, por lo cual hicieron correr la voz en la región que Espastos necesitaba un mucamo.
Por eso fue que un día encontraron a  Railo en la puerta de la cabaña, y digo lo encontraron porque cuando llegó se distrajo observando cómo un caracol trepaba por una pared y se olvidó de llamar a la puerta.
A Espastos le gustaba mucho dar sus clases al aire libre, sobre todo los días soleados, y eso implicaba largas caminatas por los bosques.
Siempre, cuando llegaban, la cabaña estaba impecable, ordenada, la comida a punto aunque nunca llegaran a la misma hora y Railo indefectiblemente completamente perdido tras algo intrascendente que había captado su atención, una pluma, una lombriz, una gota a punto de caer de una hoja, el polvo que flota dentro de un rayo de luz, una grieta en el suelo, un liquen naciendo de una piedra, el fleco de una cortina, etc.etc.
Otra cosa significativa comenzó a pasar cuando empezó el invierno.  Espastos siempre usaba su magia para encender el fuego y hacerlo variar de intensidad según la necesidad amén de mantenerlo permanentemente encendido.  Cuando ya había pasado el primer mes de la temporada invernal cayó en la cuenta que no era él el que estaba manteniendo caldeada la cabaña.  Sabía que Abemus no era porque sólo le gustaban los trucos difíciles e importantes en sus efectos así que comenzó a ver a Railo con otros ojos y a sospechar que algo más se ocultaba detrás del distraído muchacho.
Con falsas excusas para no dañar la susceptibilidad de Abemus comenzó a requerir la presencia de Railo en las clases de magia y cayó en la cuenta que cuando a Abemus no le salían los trucos de alguna forma inusual era Railo quien los realizaba.
Lo más notable era que Railo como de costumbre no estaba atento ni a las disertaciones de Espastus ni al trabajo que se estuviera realizando, invariablemente algo lo distraía, pero en el momento oportuno decía: ABRACADABRA, y cualquiera fuese el truco este quedaba hecho.
El problema realmente llegó cuando Abemus se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.
Comenzó a prestar atención a Railo a quien hasta el momento había ignorado por completo.  Luego comenzó a mirarlo con desconfianza y más tarde con rencor.  Un día estalló.
-¡Maestro! Cómo permite que ese insensato esté presente en sus clases. No ve lo que está haciendo, sólo quiere su atención.  Seguramente lo quiere distraer para que ud no vea las cosas que están desapareciendo de la cabaña, seguramente es un ladrón.  O quizá peor,  debe ser un mago encubierto esperando quitarle algún gran secreto.
-Nada de eso Abemus, he estado estudiando minuciosamente a Railo y el muchacho es un Natural.
-¿Un Natural?
-Si.  La Magia sólo es una forma artificial para lograr lo que algunos, unos pocos traen al mundo de manera espontánea.  Son dotados, como los hay en música, en pintura, en danza.  No necesitan estudiar, lo traen de otra vida o son elegidos por la mano de Dios.  Hay diferentes grados, de hecho algunos necesitan un poco de estudio previo para despertar a este estado.  Aparentemente Railo lo es de nacimiento.
-Pero yo estudié, me he sacrificado, he aceptado todas sus pruebas. Yo debo ser un gran mago y no él.  Échelo.
-Lo siento, yo enseño magia, y es está quien decide quien se queda y quien se va.
-Entonces yo me voy.
-Bien.
Y así simplemente fue como Abemus se fue.  No pudo tolerar que alguien a quien él consideraba inferior lo aventajara, decidió continuar su búsqueda  con algún otro maestro.  Espastos lo vio irse con resignación, sabía que su alumno aprendería mucho, quizás llegase a ser un mago muy importante, famoso, pero nunca un Gran Mago.   Al fin y al cabo le quedaba Railo, no para enseñarle magia precisamente, si para tratar su problema de atención.
A la mañana siguiente Railo se había marchado de la cabaña, seguramente distraído tras el vuelo de algún ave, los saltos de alguna liebre o siguiendo algún curso de agua producto del deshielo de primavera.
Espastos supo entonces que el muchacho no sólo era un Natural sino también un Catalizador.  Un Catalizador aparece en escena cuando hay conflictos subterráneos entre personas que deben salir a la luz y definir así situaciones. Luego se van, siempre se van.
Ni lerdo ni perezoso el Gran Mago buscó su mejor pipa, tomó su libro preferido y se fue a la cama para esperar entre los cobertores a  la primavera en todo su esplendor. 

Como siempre realiza tus tres inspiraciones y exhalaciones profundas, armonizando y equilibrando en cada una de ellas tus niveles físico, emocional y mental como ya lo vienes haciendo.
Imagínate distendido sobre la arena en una hermosa playa, muy cerca de la orilla.
Las olas de un agua cálida y muy cristalina llegan plácidamente hasta tu cuerpo rodeándolo y manteniéndote por unos segundos flotando para depositarte luego suavemente otra vez sobre la arena. Lo hacen una vez, y otra, y otra…
En el horizonte, el sol comienza a declinar, y con su luz comienza a teñir las olas del mar.
La primer ola de un profundo azul moja tu cuerpo y lo circunda brindándote una absoluta protección.
La segunda ola es dorada. Llega y rodea tu cuerpo para brindarte la iluminación que permita expandir tu conciencia. Siéntete por unos segundos flotar en esta radiante luz dorada y retiene en tu ser la gratificante sensación que te brinda.
Una tercera ola se hace presente y por unos instantes te permitirá flotar en su luz blanca radiante. Vivencia esa sensación de pureza vibrando en todo tu ser.
La cuarta ola ya está junto a ti y te rodea con un suave color rosado
inundando todo tu ser de la vibración del Amor. Expándete en ese cálido sentimiento de amor hacia todos y hacia todas las cosas.
Ya la quinta ola se hace presente y flotas sobre ondulaciones verdosas. Permite que esta energía profundamente sanadora armonice tus tres niveles físico, mental y emocional, depurando cualquier desequilibrio.
En la sexta ola, que es de color Oro Rubí, ten también presente la imagen de algún ser superior, maestro, guía, santo de tu devoción para que la luz y su imagen fortalezcan tus aspiraciones espirituales.
Por último llega una ola color violeta y al rodearte y mantenerte flotando en su vibración traerá los cambios necesarios para que sigas evolucionando.
Permítete unos segundos más, disfrutando las nuevas energías que has experimentado y reteniendo la sensación de protección que te brindan a múltiples niveles.
Cuando lo consideres conveniente, vuelve a realizar tus tres respiraciones profundas y vuelve al aquí y ahora, a tu tiempo presente.

Complicada si las hay la relación entre el que enseña el camino espiritual y el que espera con ansia recibir el conocimiento. Habiendo estado de un lado y del otro se vivencian las problemáticas propias y ajenas que pueden destruir de un momento a otro una relación que se había considerado más que sólida.
El primer inconveniente es que el ser humano es sumamente complejo y en el microcosmos formado por el binomio maestro-alumno se pueden dar varias sino todas las transferencias imaginables. Pese a la buena intención en ocasiones de ambas partes, la sombra hace su trabajo, unido a la sublimación energética continua y el karma que se depura entre todos los actores y tarde o temprano las tensiones emergen decepcionando a unos y otros.
¿Como discípulos que expectativa real solemos tener de nuestros maestros? Indudablemente TODAS. Cuando la relación se inicia siempre es satisfactoria en relación directa con nuestra espectativa de lo que podemos llegar a recibir de la persona que desempeña el rol de maestro.
Nimbado por la aureola de la sabiduría, depositada en su persona la autoridad concedida al conocimiento quedamos indemnes, imposibilitados de la crítica que por otra parte sería una barrera para nuestro progreso.
¿Como maestros que expectativa tenemos de nuestros alumnos? Por supuesto, también todas. Queremos que evolucionen, que desarrollen toda su potencialidad, que entiendan nuestro mensaje para que a su vez se transformen en mensajeros.
Pero la crisis se presenta por aristas que parecen converger siempre hacia el crecimiento aunque en primera instancia no lo parezca.
De parte del alumno la crítica se hace presente porque los conocimientos en cierto punto se han equiparado y el aura que rodeaba a su maestro se ha degastado, ya no es un distinto de si sino un par.
De parte del maestro el celo se hace presente porque el alumno deja de ser un ser desprotegido o en inferioridad de condiciones y a la vez ya está apto para abandonar nuestra esfera de acción. En definitiva las lecciones sobre el Ego y el Desapego se presentan de continuo en múltiples niveles.

El ingeniero francés Aimé Michel, publicó en 1954 su primer libro sobre OVNIS gracias al cual pudo establecer una red de corresponsales en los principales países de Europa Occidental. Realizó un minucioso trabajo archivando y ordenando centenares de artículos con la intención de encontrar entre la disparidad de información (sometida en ese entonces particularmente a una fuerte crítica sobre su autenticidad), una prueba de la existencia de algo real y ordenado detrás de los datos que aparentemente describían un suceso caótico y posiblemente inexistente. Ordenó la información por día y horarios y la trasladó sobre un mapa, logrando constatar alineamientos que se podían unir con una línea recta, por lo cual las denominó ortotenias.
Otros elementos que corresponden a su trabajo fue el descubrimiento de la disposición radial o estrellada de éstos alineamientos, y en el centro de estas estrellas invariablemente la presencia de un objeto en forma de cigarro o “nave madre”. A lo largo de las líneas se ubicaban los aterrizajes. Comparando varios días de observación estableció que dichas líneas no se mantenían más de 24 horas y que las horas críticas en donde desaparecen para dar lugar a otras nuevas rectas es alrededor de la 1 de la madrugada, aunque también detectó algunas que tienen un carácter más permanente.
Conjuntamente con lo anterior se ha aceptado que en un sentido general las apariciones OVNI se producen cada dos años y dos meses, valor que corresponde al período de aproximación de Marte, y se califica a las mismas como “oleadas”. Esta curva de frecuencia, aunque limitada a una determinada región del planeta, provoca también un aumento de casos en otras zonas, a veces muy apartadas del epicentro. Existe también una variación temporal que se manifiesta por la aparición de crestas sobre las mencionadas oleadas.
En cuanto a los sitios más visitados se observa el mismo fenómeno anterior; parecería normal que a mayor densidad de población se denuncie mayor cantidad de incidentes, mientras que en regiones poco pobladas y de precarios medios de comunicación ocurra lo contrario. Los casos más interesantes se han desarrollado, sin embargo, en sitios poco frecuentados. Hay sitios que aparentan ser verdaderas bases de OVNI, como Bahía Blanca, estribaciones de las sierras Grandes (Córdoba) y la zona de El Infiernillo (entre Salta y Tucumán). El período de mayor actividad comienza a fines del mes de mayo y termina a principios de agosto.
Algunos investigadores han realizado estudios de tendencia por jornada en Argentina. El tope de avistamiento corresponde a la noche del lunes-martes, mientras el mínimo corresponde a la noche del martes-miércoles y del viernes-sábado. Destacándose de esta manera de que los fines de semana no son los días donde se producen la mayoría de las observaciones.
Otra observación de importancia corresponde a la significativa cantidad de observaciones que ocurren en nuestra Patagonia, y la explicación que se arriesga es que en dicha zona se encuentra el mejor lugar de salida de la órbita terrestre. En la región próxima a los polos existen zonas de rápido cruce porque allí se aminoran los efectos del campo magnético. Tambíen allí se atenúan las consecuencias de la fuerza de gravedad. En resumen esta ruta desde el Polo Sur toca Bahía Blanca, pasa luego por las provincias de San Luis y Córdoba y sale del país hacia la provincia de Salta por el norte.
Otra ruta parece recorrer la Cordillera de los andes y una más lo hace por el Este siguiendo el curso del río Paraná para internarse a través de la provincia de Misiones dentro de Brasil.

La figura pequeña envuelta en el habito color ladrillo se fusionaba con
el entorno de peñascos y cantos rodados.
Avanzaba a pasos cortos, rápidos, no por apurados sino por ágiles.
El demonio esperaba a la vera del camino. Alto, furioso, inquieto, reverberaba en su fuerza contenida dispuesta al ataque.
-Monje, no avances más. muéstrame tu poder y enfréntame. Si me vences podrás continuar el camino.
El monje ni lo miró, pero se detuvo.
Sus manos pequeñitas y tan ágiles como sus pies empezaron a tantear el hábito primero, para luego lanzarse entre los pliegues buscando vaya a saber qué.
- Y, qué esperas. qué estás buscando.
-En realidad hace mucho que esperaba este encuentro, tengo algo por aquí para darte.
Sistemáticamente sus manos continuaron entrando y saliendo de aquel hábito polvoriento. En tanto el demonio algo ofuscado y cansado de ver aquel movimiento monótono empezó a jugar distraídamente con algunos guijarros del suelo.
-Y monje. lo encontraste.
-Espera un poco más, debe estar por algún lado.
Las manos del monje prosiguieron su danza incomprensible y sólo se detuvieron cuando los ronquidos del demonio reverberaron más fuertes que su furia. Aburrido se había dejado vencer por el sueño.
Hubo un pequeño instante en que todo pareció detenido en el tiempo. Luego la figura pequeña volvió a su andar rápido y ágil y se perdió entre las rocas.
El mal puede ser desviado por un acto simple…

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