lin.jpgMi maestro de Kung Fu se llama Lin y es un Gran Maestro. Él lo sabe y le juega en contra.  Nosotros no lo sabemos y también nos juega en contra. Ha sido Taoista desde la infancia, luego por decisión personal cambiará al Budismo Chan. Igualmente en China el sincretismo es tan profundo que muchas veces no hay mayor división entre una religión y otra.
Nosotros somos un grupo heterogéneo de muchachos y una que otra chica que lo siguen a morir. Si a morir en el rigor de los ejercicios porque nos damos duro. Vuelvo a casa con moretones en el cuerpo que asustan, se forman en las pantorrillas tolondrones cuando los golpes se repiten en el mismo lugar y no se curan bien. De tanto en tanto alguno queda rengo, pero nunca faltamos a practicar. El problema se presenta porque nos quiere hacer meditar.
Estamos en lo mejor de la clase, entretenidos con la práctica, el cuerpo caliente y de golpe nos hace sentar en el piso, las piernas cruzadas, las manos en el regazo y a meditar se ha dicho.
Lo miramos con fastidio, pero no protestamos, con su carácter la represalia podría ser terrible.
Él no explica mucho. Las explicaciones largas las deja para las señoras a las que les enseña Tai-Chi. Nosotros, en cambio, somos una mezcla rara de hijos y de soldados. Las explicaciones están de más.
-Lengua contra paladar. No toca dientes. Donde lengua hace rosquillita. Toma aire por nariz y exhala por nariz. Energía entra, baja por delante meridiano Pa mai. Concentra en Tan-Tien, dos dedos y medio debajo del ombligo, saca panza, energía sigue. Contrae cola. Energía sube por espalda, meridiano Lu mai. Sigue por cabeza y sale por nariz.
Nada más.
No sé porqué lo estoy haciendo, sólo sé que al igual que mis hermanos de práctica desearía levantarme e irme.
-Siente energía, calorcito.
Yo sólo siento el frío porque es invierno y estamos transpirados y de golpe está allí. La energía. No, eso vino mucho después. De pronto está allí el infierno personal. Inesperadamente se me ha revuelto el avispero y me llueven los conflictos internos, todos juntos y en patota. Como una manada de caballos salvajes galopan por mi campo emocional todas mis penas pasadas y presentes. ¿Lloro? No, yo soy kunfuteca, un kunfuteca aguanta, a veces.
Entonces no lo sabía, lo aprendí después. Lo primero que se siente al comenzar una práctica de meditación es ese revoltijo interno. Los maestros de meditación lo llaman enrollar la estera.
Es el momento en el que se inicia decide si enrolla su estera y se va o sigue.
Yo sigo. Maestro vigila.