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Las clases de espiritualidad constan siempre de una disertación sobre algún tema puntual y un trabajo práctico.
En esta ocasión se trataba de un ejercicio de relajación y visualización, lo cual generalmente suelo llevar preparado de antemano. Ocasionalmente trabajo sobre ¨algo¨ que me inspira en el momento y dejo que todo se desarrolle sobre la marcha.
En el salón a oscuras los alumnos ya habían relajado, así que comienzo yo mi historia.  Los llevo a todos juntos de viaje, nos sumergimos en el mar y caminamos sobre la arena del fondo.  En determinado momento se acercan a nosotros caballitos de mar (símbolos del amor fiel) que nos rodean trazando círculos a nuestro alrededor. Estos caballitos son celestes y rosas, energías de protección, calidez, afecto. Dejamos que nos inunden de estos sentimientos, los disfrutamos.  Luego de un buen rato emprendemos el camino de regreso y volvemos al estado conciente.
Una alumna se ríe cómplice. Nos dice: No lo van a creer pero les tengo que mostrar a todos algo.
Como un mago que saca de su galera un conejo ella saca de su bolso un pañuelo de seda y lo despliega. 
Estampados están rosas y celestes los caballitos de mar.