La señora viene a consultar el Tarot y es ya mayor. Viene solita a explorar su futuro y yo me pregunto internamente si a su edad yo ya no tendría más respuestas que preguntas.
Como siempre dispongo las cartas sin hacer averiguaciones y comienzo a contar una historia en relación a los símbolos. Como siempre me divido en dos. Una mitad se pregunta internamente si no está hablando de más. La otra mitad habla sin pensar lo que dice, dejando que todo fluya.
Generalmente una tirada de Tarot da referencia de situaciones que se viven en el término de tres meses a un año, pero la historia que se deshilvana enfrente de mí es de años. Y es más o menos así.
La señora había tenido una pareja que ya no estaba presente pero que no fue un buen compañero y con el cual vivió en un permanente maltrato. Lamentablemente la única hija había heredado el temperamento y la disposición del padre, con lo cual repetía con ella la misma historia. Yo le digo: ¡Pero ahora hay un compañero! Y se viene una fiesta importante rodeada de mucha gente y de mucho cariño.
Ella se sonríe como una jovencita de diecisiete a la que le descubrieron el secreto y me termina la historia completando los espacios en blanco. Después de muchos años un ex – compañero de su trabajo, viudo también se había animado a decirle lo que sentía por ella y que había callado tantos años dada su condición de mujer casada (otra época, otros códigos).  Se preparaban para pasar juntos las fiestas, junto a la familia de él.  Ella sin más descendencia que su hija hubiese terminado sus días sola. Él aportaba nietos y bisnietos, una mesa grande rodeada de chiquitos que ya le dicen abuela.
¿Vió señora como la vida compensa?