Durante el tiempo que pasé a trabajar como secretaria del maestro Lin en su instituto de Medicina Tradicional China ocurrió lo siguiente.Vinieron a visitarlo una familia de Taiwan, un matrimonio con un par de hijos pequeños, una niña y un niño, a los que estuve ayudando a entretener mientras los adultos conversaban.

Estuvieron largo tiempo bebiendo té chino y luego de su larga conversación se retiraron acompañados por la señora Lin.

En cuanto el trabajo le dio un respiro, mi maestro se acercó a mi escritorio a comentarme que aquel visitante era un cantante famoso en su país de origen, aunque esto no era lo más interesante. El maestro traía en sus manos una pequeña foto carnet que los visitantes le habían obsequiado.

-¿Inés, Ud. conoce?

-Sí maestro, es el chiquito de la pareja que se fue hace un rato.

Maestro Lin se rió.

-Ese chiquito no es chiquito, es chiquita.

-¿Cómo Maestro?

El me contó la siguiente historia.

Al matrimonio se le había muerto un varoncito que fue su primer hijo. Pese a que poco tiempo después llegó la nena no podían olvidar ni superar la muerte del pequeño.

Acudieron por lo tanto a una monja budista en Taiwan cuya capacidad mística le permite conectarse con el Buda que gobierna el mundo inferior.

La religiosa pidió una fuerte donación, y que la criatura que naciera fuera dedicada al sacerdocio, ellos accedieron conformes y los ritos se realizaron… Y la criatura nació.

Yo estaba siendo testigo junto con el maestro de aquella chiquilla a la que yo confundí con un varoncito era idéntica a la foto del muchachito muerto.

¿Encarnó realmente el alma del chiquillo en esa niña o una fuerte impresión sobre la psiquis de los padres permitió que se reiterara el mismo cóctel genético y repitieran como un calco los mismos rasgos en la nueva criatura? Cualquiera de estas posibilidades es impresionante.