Muy próximo a la ciudad de Cuzco se encuentra un importante complejo arqueológico, el de Saqsaywaman, dentro del cual destaca un conjunto de murallas ciclópeas en forma de Zig-zag. También dentro de la misma área hay entradas a sistemas de túneles de los cuales se desconoce el auténtico origen y que podrían recorrer toda América bajo Tierra. A este sistema se le denomina Chinkana (lugar para perderse) y como mucha gente ha muerto y desaparecido en la empresa de explorarlo se vieron obligados a dinamitar el acceso más importante. Lo que cualquier turista puede visitar es la Chinkana menor, que es un trayecto muy cortito bajo tierra y que en realidad se trataría según algunos investigadores de un templo dedicado al “Ukju Pacha” o “Mundo de abajo” y al culto de la serpiente símbolo  de lo subterráneo, como son por ejemplo las fuerzas del inconciente, los antepasados, lo que está oculto.
Nos habían explicado en la excursión que la experiencia de atravesar esta cueva era similar a revivir el propio nacimiento. Según si el mismo fue dificultoso o no serían la angustia y el miedo al que nos enfrentaríamos durante su recorrido.
Así, pues, nos pusieron en fila delante de la boca oscura y el guía fue dándonos el permiso para zambullirnos dentro, dejando pasar un intervalo entre uno y otro.
Nunca antes me había metido en una cueva, y menos a oscuras.
Sin embargo la situación no parecía tan terrible como me había imaginado, fácilmente podía sentir el relieve rugoso de las paredes con ambas manos y la sensación se me antojó placentera a pesar de que no alcanzaba a ver absolutamente nada.
Muy rápido avanzaba yo feliz de la vida, descubriendo que la aventura me gustaba cuando tropecé con alguien en la oscuridad que estaba desesperado.
Una compañera luchaba con la cueva que se le había ¨cerrado¨ delante de ella e inmersa en su desesperación quería que la sacara de allí volviendo sobre nuestros pasos.
Nunca.(Dije para mis adentros, yo quería seguir avanzando)
No tuve mejor reacción que reírme y decirle que no tuviera miedo, que ya otros compañeros de nuestro viaje habían salido adelante y sin más preámbulos la di vuelta en la oscuridad y empecé a empujarla hacia el frente.
El frente era un pequeño recodo con lo cual yo la estaba empujando contra una pequeña pared que teníamos delante. La estaba convirtiendo en un sandwich entre la roca y yo.
Desesperada insistía en desandar el camino y le insistí para que tanteara con la mano que la salida estaba ahí.
Pronto la encontró y el resto del camino lo hizo riendo de su propio miedo y de la forma en que yo la había aplastado (por suerte lo tomó bien).
Pronto divisamos luz y salimos entre risas y brincos. Como chicos que salen del tren fantasma de un parque de diversiones pedimos que nos dejaran repetir la experiencia y con el O.K. corrimos por sobre una pequeña lomita para volver a ingresar por donde lo habíamos hecho anteriormente.
Pero nos habíamos olvidado un pequeño detalle.
Todos los compañeros del grupo ya habían pasado y cerrando la marcha lo hizo el guía.
Ya cancheras y avezadas literalmente corrimos por el pasillo de rocas a ciegas y con paso fuerte pronto alcanzamos al guía…Que se pegó el susto de su vida.
Confiado en que habían pasado todos los turistas no contaba con que nadie lo siguiera y encima con semejante ruido de pisada. Pensó que éramos duendes, o algo peor.
Finalmente mi compañera de crisis consultó con sus padres cómo había sido su nacimiento, y para su sorpresa recién entonces se enteró que el parto se demoró porque no podía salir. Yo en cambio, nací por cesárea.