Estaba fantaseando una vacaciòn, aunque mi situaciòn econòmica no me lo permitìa. Comentando con mi amiga -¿Existe un lugar dònde relajarme, en contacto con la naturaleza, sin gastar?? …Fuè mi pregunta ingenua, a la que ella me contestò que le habian comentado de un lugar, adònde le gustaria ir.
Capaz que en ese momento era sólo una mensajera,(su amor y la humildad que sólo los puros y sabios poseen, me acompañan dònde vaya!, gracias Inès!!!!)
Desde ese momento fue todo màgico, me encontrè con Dorita, una querida persona, en una cita a ciegas pero iluminante (una amistad que sólo los “humanos” pueden romper!), obtuve sin problemas permiso en la oficina y viaje un dìa 13 (para mi fortuna).
Lleguè y misteriosamente al bajar, (nadie sabìa de mi llegada) se acercò un taxista para llevarme al lugar, al piè de un cerro, en Còrdoba.
Cuando entrè, luego de atravesar 3 “tranqueras”, me encontrè en un lugar paradisìaco, en medio de la naturaleza, con un arroyo burbujeante y un perro que me acogiò.
En ese lugar me reencontrè, me sentì inundar de una luz en un momento. Dormìa al abierto, sola en una carpa, sintiendo el rumor del agua e iluminada por una mirìade de estrellas (extraño en mi, que no estoy habituada a ello), pero recostada en la bolsa de dormir, mirando al cielo y a la oscuridad, las luciernagas me acompañaban, y arrullada x la “música” de la naturaleza me dormìa.
Una noche vi como fuegos artificiales. Una cortina de ellos iluminaban la noche. Cuando lo comentè al otro dìa me aclararon: !Están purificando el planeta!.

por María Ester