Estaba atravesando un difìcil período, un incendio habia llevado a mi papà a terapia intensiva en el Hospital del Quemado (dònde pocos dìas después morìa); mi madre internada en una Clínica, por el shock y sus posibles implicancias (morirìa 2 meses despuès, “la culpa”??), yo con problemas en mi casa, discusiones con un marido deprimido sin “fuerzas” para buscar trabajo y con mi hermana como huésped (ya que vivìa con mis padres). En la oficina restructuraciones mensuales. . .
Todas las mañanas llegaba antes del horario a una plaza cercana a la oficina. La recorrìa mirando los àrboles que ùltimamente retenían mi mirada.
Mi estres ciertos dìas era insoportable, sòlo el Tai-Chi me permitìa una paz y otra mirada, a travès de la Guia de Inès, mi maestra y “amiga”. Esa mañana presentì que se estaban acercando los tiempos de las definiciones ¿El fuego habia “limpiado” y cortado la relaciòn patològica, enfermiza familiar? ¿Lo que los “angeles caìdos” no habían podido detener lo habìa hecho el “incendio”?
Me detuve en la plaza y recorrì los àrboles con la mirada, con los ojos cubiertos de làgrimas … Y sentì una càlida voz que decìa: ¨No temas¨.

por María Ester