Cuando uno emprende un viaje, como cualquier otra cosa que inicia, lo hace con alguna finalidad. Descanso, crecimiento, alejarse…
Por eso y por recomendación de alguien que me lo describió como un Paraíso viajé a San Marcos Sierra en la provincia de Córdoba, con la única e inocente intención de pasar allí algunos días y desconectarme de algunos problemas que no tenían solución más que darle tiempo al tiempo.
En realidad el verdadero viaje comenzó cuando tomé el micro en la Ciudad de Córdoba que me llevaría hasta San Marcos. Parada en la Terminal vi a una mujer rubia y entre los bolsos un pequeño maletín de madera. Mientras mi micro se alejaba hacia su destino me asaltaba el recuerdo de un sueño reciente en donde veía a la misma mujer pero con ese maletín abierto y del cual sobresalían papeles con extraños dibujos geométricos.
En aquel momento me sorprendió el recuerdo, como a posteriori, pero no le di mayor importancia y lo consideré solamente una coincidencia o un juego perverso de mi subconciente.
El asunto fue que no sólo ¨reconocí¨ a esta mujer sino que de igual manera me pasó con la entrada del pueblo y con un campesino en medio de un plantío.
Al llegar, en plena temporada, no encontré alojamiento porque el pueblo estaba a full, así que lo estuve recorriendo de arriba a bajo durante todo el día buscando dónde alojarme con el bolso a cuestas.
Finalmente en una casa de familia que hospedaba a uno que otro turista me ofrecieron una carpa en medio de un bosquecito detrás de la casa al que accedí contenta porque ya venía tormenta.
Y qué tormenta.
Mi carpa bramaba bajo el viento y el aguacero, entonces me asaltó el pensamiento que podía caer una rama y como había visto un quincho cerca decidí que era mas seguro, así que dejé mi precario refugio y opté por el más consistente.
Sobre el techo de cinc se escuchaban caer las ramas que el viento desgajaba de los pinos y la lluvia golpeaba con furia.
A la madrugada del día siguiente me estaban buscando los dueños de la casa. Sobre la carpa y a la mitad una gruesa rama la había hundido y se había llenado de agua.
En compensación me dieron un muy suculento desayuno y me ofrecieron alojarme mejor, pero para ese momento yo ya estaba decidida a volverme ya que la sensación era que no había empezado el viaje con el pie derecho y el lugar no me había recibido de la mejor manera. Al salir de la casa por una puerta distinta por la que había ingresado reconozco la fachada ya vista en un sueño anterior.
Tomé otra vez mi bolso y como el micro pasaba a última hora de la tarde opté por disfrutar el día recorriendo el pueblo.
Siguiendo la acequia del río que cruza la entrada del pueblo, me metí en medio de las sierras sobre las cuales se recuesta San Marcos. El paseo era cómodo y fácil y pronto lo estaba compartiendo con la infaltable pareja que necesita que alguien le saque una foto.
En eso estaba, ellos parados contra el fondo de las sierras, el río y lejos una carpa y entonces veo venir hacia nosotros una mujer muy joven de cabello corto y me quedé helada. Esperé con la máquina en la mano y sentí alivio cuando siguió de largo. Había recordado nuevamente un sueño en donde veía el mismo paisaje, la misma mujer, pero ¨alguien¨ me decía que en aquella carpa se había cometido un asesinato.
Por supuesto, no me iba a quedar a averiguarlo. Saqué la foto, devolví la cámara, di media vuelta y me dirigí hacia la parada del micro sabiendo que no me sentiría bien en aquel pueblo.
El desvencijado micro resoplaba sus achaques por el serpenteante camino que sale a la ruta. Arriba de él yo seguía reconociendo lugares y personas no como simples deja vou sino como claros recuerdos de sueños que se iban hilvanando sin sentido.
Nunca antes me había pasado algo parecido y nunca más me volvió a pasar con ningún lugar.¿Qué pudo ser esta rara conexión con un sitio, por cierto no grata? ¿Y qué más hubiese sucedido de haberme quedado más tiempo?