Cuando uno aprende que el Universo en que vive es mágico puede darse el lujo inclusive de jugar con ello.
En psicología el universo mágico es patrimonio exclusivo y excluyente de los niños, pero Jesús bien dijo que para entrar en el reino de Dios hay que ser como ellos.
En la religión hindú los dioses son juguetones, y Krishna se la pasa haciendo trampas y jugarretas a sus compañeritos de infancia a través de sus milagros. A eso se lo denomina las lilas del señor Krishna, sus juegos divinos. Lila entonces es juego y es también la experiencia espiritual que irrumpe en la conciencia ordinaria y nos sumerge en lo que llamamos mágico, milagroso, extrasensorial, para dejarnos alguna enseñanza o simplemente para familiarizarnos con esa dimensión que se nos antoja como extraña.

El juego que le propuse a la clase era muy simple. Debían preparar un regalo para un destinatario que ellos ignorarían dentro de su mismo grupo. El regalo sólo tenía una condición. Debía ser confeccionado de manera totalmente artesanal, no podía ser algo comprado ni confeccionado por alguien más. La otra condición era que yo elegiría quien le entregaría su regalo a quien y que ellos no lo sabrían hasta el día prefijado para el intercambio.
A solas, en mi casa, y luego de una meditación, confeccioné una lista de parejas.
El clima de expectativa de aquel día se sentía en el ambiente. Todos de un modo u otro estaban ansiosos.  Algunos un poco avergonzados de descubrir sus pocas dotes creativas, pero todos según lo pactado habían preparado sus regalos.
A medida que yo indicaba el orden de entrega los paquetes se desenvolvían entre risas porque de alguna manera era reconocido el presente como para esa persona. Pero de todos este impactó más.
-Daniel le entregas tu regalo a Marcelo.
Daniel me mira y se ríe.
-Inés, decime cómo lo hiciste.- Y riéndose entrega su regalo a Marcelo.
Marcelo desenvuelve el paquete y acompaña a su compañero en la jarana. Entre los dos está el presente que consiste en una caja plástica adornada con monedas pegadas.
Tengo que presionarlos un poquito para que dejen de festejar y nos cuenten a todos lo que están viviendo. Marcelo revela el misterio:
-Lo que pasa Inés, es que yo trabajo en la administración de una línea de colectivos…Contando monedas.