La señora venía a la consulta de Tarot angustiada y al borde de un ataque de nervios.
En las cartas se desplegaba su tragedia, su circunstancia de vida, y   su vocación eran el ojo del huracán.
Había recibido como herencia de su madre una casona la cual había convertido en una guardería porque su vocación eran los niños. La crisis del 2001 comenzaba a gestarse y los números ya no daban, cada vez había menos chicos, cada vez más difícil pagarle a los maestros, cada vez más perentoria una hipoteca (solicitada para cumplir obligaciones) que caía como un cuchillo sobre todo el panorama.
Las cartas no sólo hablan de la herencia y la vocación de la señora, sino que auguran un futuro prometedor para el negocio a pesar del negro panorama.
Pero la razón y la lógica aconsejan vender. Las cartas no.
-Si usted vende esa casa lo va a lamentar, porque no sólo va a ser deprimente por el negocio perdido sino también porque es la herencia de su mamá. Si espera un poco más pronto se va a dar cuenta que las cosas se revierten a su favor.
Finalmente la señora se va conforme, pero igualmente angustiada.
Y el tiempo pasa. Y solicita una nueva consulta.
Mas que a consultar las cartas viene a confirmarlas.
-Sabés que tuviste toda la razón. Yo asustada por todo lo que se venía decidí finalmente vender. El punto es que muchas guarderías en la zona cerraron y las pocas que decidieron seguir en pie absorbieron a todos los chicos de las demás. Si yo hubiese tenido un poco más de paciencia  el negocio seguiría en pie. Y lo más importante. No hubiese perdido esa casa que era el legado de mi madre y que era tan querida para mi.