El congreso sobre Terapias Alternativas, Parapsicología y Ovnis no la tenía como una participación central, pero todos esperaban con cierta ansiedad el momento en que se haría presente y el hecho de ver entrar al salón aquella figurita menuda de andar veloz envuelta en su tradicional sari hizo que todos diéramos vueltas nuestras cabezas hacia ella y olvidáramos a quien estaba disertando en aquel momento.
Su disertación incluso no fue demasiado relevante, sin menoscabar la importancia de su contenido la exposición fue sencilla, como para que la entienda un niño (tal vez el niño que somos todos en realidad), y acompañada de un ejercicio de concentración simple pero por eso mismo eficaz.
Sin embargo, al anunciarse el receso, la gente como un todo se levantó de sus asientos para saludar a Indra Devi.
Separada de los otros por la larga mesa de los expositores no tuvo mejor idea que, en vez de rodearla, sentarse de un salto sobre la misma para pasar ágilmente al otro lado. En aquella época ya superaba los ochenta años. Yo como todos formé fila.
Mientras ella abrazaba y besaba uno por uno a sus admiradores, su perfume a sándalo se profundizaba a medida que nos acercábamos.
Lo interesante fue que al momento de estar parada frente a ella no fue ni su sonrisa ni sus fantásticos ojos azules, ni su abrazo lo que primero percibieron mis sentidos.
Fue cariño, una sólida y consistente burbuja de afecto la rodeaba y se extendía alrededor de ella y comenzó a envolverme unos cuantos segundos antes de empezar a sentir su contacto físico.