Erika estaba loca.
Alemana, alta y delgada, con unos grandes ojos detrás de los gruesos vidrios de sus anteojos. La melena carré plagada ya de canas y una dentadura postiza que no se quedaba quieta en su boca. Desgarbada y levemente jorobada no por un defecto físico sino por lo que la vida la había maltratado bastante. De tanto en tanto su demencia hacía eclosión y buscaba simplemente quedarse cerca de alguien que le inspirara protección.
Que Erika estuviese loca no significaba que no fuese inteligente.
Trabajaba como secretaria escribiendo correctísimas cartas en alemán y en inglés. Cartas prolijas y eficientes a las cuales ella misma realizaba las correcciones correspondientes.
¿Qué fue lo que trastornó a esta mujer? Una niñez muy dura en Alemania, en una familia muy estricta, con muy pocas posibilidades de vuelo personal. El desarraigo en un Buenos Aires tan distinto y tan distante tal vez también contribuyó. El desencadenante fue una estafa donde perdió una propiedad y el equilibrio. Quizás algo más pero nunca me lo contó.
Pero Erika me habló de otras cosas mas allá de su locura, de sus internaciones y de sus tratamiento. Compartimos una que otra salida recorriendo librerías de la calle Corrientes, porque amaba los libros de Fromm y trataba de entusiasmarme para que compartiera su predilección.
A mi mas que los libros me interesaba escuchar su vida, su experiencia. Cada ser humano es un mundo por descubrir y que dudosamente quedará registrado en algún lugar. y aunque parezca mentira una pequeña enseñanza valió para mi como oro en aquel momento.
Hablando de melancolía y de tristezas varias me comentó en cierta ocasión que en alemán había una palabra, que lamento no recordar, para describir cierto grado de tristeza, de añoranza, para el cual no había término que se le asimilara en castellano. Quizás, me dijo, el término SEMBLANZA, en portugués se le acercase un poco, pero no significaba lo mismo.
-Para conocer un pueblo, no alcanza con conocer qué comen, cómo viven, en que medio se desarrollan. Hay que saber como piensan y como sienten, y mucho está encerrado dentro de su idioma. Y mucho de eso que está en su lengua resulta intransferible para alguien de afuera. Sólo podemos acercarnos, rozarlos. Si quieres conocer realmente otra cultura, tienes que tratar de ver la realidad como ellos la ven, no como la ves tu.
En su caso la locura no era irracionalidad, sino no poder dominar sus fantasmas internos y en su vida cotidiana siempre ganaban ellos.