No es mío, lo leí hace mucho en no se cual revista y no recuerdo tampoco si tenía autor. Pero decía mas o menos así.

Los inmortales en China se llaman Hsien. Son dioses u hombres que han alcanzado ese rango luego de un gran esfuerzo o una gran victoria y realizan proezas gracias a sus poderes mágicos. Vesti
dos de un blanco inmaculado pueden hacer hazañas impresionantes pero la que más llama la atención de los hombres ordinarios es su capacidad de volar, lo cual hacen en ocasiones sobre dragones, aves fénix, nubes pero también lo logran sin ayuda externa.
Chang amaba las historias sobre los inmortales y sus hazañas. Creía en la veracidad de su existencia y quería llegar algún día a ser uno de ellos. Chang era un pobre campesino de pocas luces y por eso los demás solían reírse de él.
Decidido a demostrarle a los demás que aquellas historias eran ciertas y determinado a alcanzar su propósito, Chang abandonó su aldea para intentar encontrar un maestro que le ayudara a convertirse en inmortal.
Así, anduvo pueblo tras pueblo, pero ante su inquietud, sólo cosechaba risas y desprecio.
Después de mucho andar tuvo el infortunio de llegar a una granja que pertenecía a una taimada mujer llamada por todos La Zorra, conocida en la región por numerosas fechorías llevadas a cabo junto con su marido.
Cuando Chang llegó preguntando si conocían a alguien que le pudiera enseñar a ser inmortal a La Zorra se le ocurrió la aviesa idea de sacar algún partido de aquella situación.
-Sí, por supuesto, yo puedo convertirte en inmortal pero por algún tiempo tendrás que ponerte en cuerpo y alma a mi servicio.
Chang asintió y de ese modo se convirtió en menos que un esclavo porque La Zorra aprovechó la situación  para que él solito realizara todas las tareas de la granja.
-Chang, repara esa cerca.
-Chang arregla el techo de mi casa.
-Chang junta leña para todo el invierno.
-Chang construye un nuevo pozo para el agua.
Chang trabajaba todo el día y apenas si dormía o comía. Pero Chang no era tan tonto como parecía, sabía muy bien que todo tenía un precio y un día consideró que la cuenta estaba saldada y que debía reclamar el bien adquirido.
Por más que lo intentó, La Zorra no pudo convencerlo que siguiera trabajando y se dio cuenta que debía deshacerse de él de algún modo porque tampoco se iría sin que lo transformaran en inmortal. Y para eso debía enseñarle a volar…
-Chang. ¿Ves aquel pino, el más alto, el que sobresale por encima de todo los demás? Para convertirte en inmortal debes subirte a lo más alto, pararte, extender tus brazos y lanzarte al espacio y volarás.
Antes que terminara Chang corría hacia el árbol y en unos segundos estaba parado con los brazos extendidos dispuesto a saltar. Abajo La Zorra se reía de su propia astucia y de la forma simple con la que se libraría de aquel tonto.
Pero cuando Chang saltó no se estrelló contra el piso y haciendo arabescos entre las nubes se despidió a los gritos de La Zorra agradeciéndole por su enseñanza.
Abajo La Zorra acababa de comprender que el milagro de la evolución que nos hace comparable a los dioses proviene en realidad de nuestro interior.