Era un señor espigado, de prolijo bigote al cual su hija adoraba. Se fue porque su tiempo sobre el planeta había expirado y a ella le costó un poco asimilarlo, por eso su mirada se volvió un tanto fría y dura durante algún tiempo ya que aunque no lo podía reconocer estaba enojada por la pérdida. Luego lo superó.
Como ya lo había hecho anteriormente, poco tiempo después de su deceso Norma me pidió que pasara unos días en su departamento para cuidárselo hasta su regreso de un corto viaje.
Ni bien me dormí soñé con él. Estaba en el cuarto y me miraba enojado.
¨¿Quién está acá?¨, me increpaba al reconocer a una intrusa en la cama de su hija. Me desperté y simplemente dialogué internamente dirigiéndome a él para explicarle que yo también estaba ahí cuidando la casa de su hija. Acto seguido me acosté y me dormí.
Por supuesto le expliqué a mi amiga mi experiencia y le sugerí que pidiera por su elevación y no pasó de ahí. Años mas tarde se sorprendería cuando una vidente, al curarle la casa, le confirmaría que su espíritu seguía allí, custodiándola y protegiéndola.