Tenía yo unos diez años cuando leí  el Tercer Ojo de Lobsang Rampa. En poco mas de un año había leído los dieciséis libros publicados por este autor y poco importó entonces ni después si el autor fue un farsante o no, hoy nadie puede negar que el Tibet sigue siendo un país de misterios y los científicos han comprobado algunas potencialidades de los Lamas de ese país.
Hay una historia en particular que él narra en la cual conoce a un sacerdote loco. Cuando pregunta el motivo de su insanía le responden que aquel hombre se había sumergido a estudiar y practicar diversas religiones y quizás por seguirlas a todas o por conceptos contradictorios entre las mismas había perdido la cordura.
Para cuando llegué a la adolescencia ya había agotado la lectura sobre libros de ocultimo y magia y me empezaron a atraer las filosofías orientales que venían de la mano de las religiones.
Siempre, mientras me aventuraba a conocer otra de las hermosas vías de búsqueda de lo divino que tiene la humanidad me asaltaba aquella breve historia leída en mi infancia, pero confiaba en que por una lado yo no estaba practicando ninguna (ni siquiera la propia), y en que por una forma personal de verlas estaba dejando de lado las contradicciones y me estaba focalizando en las semejanzas o en aquellos elementos en que una amplia y completa a la otra.
De este intrincado viaje rescaté algunas pequeñas joyas.
Que el hombre hace a los divino como lo divino hace al hombre y en muchas ocasiones uno y otro se funden en uno sólo.
Que las guerras santas nunca fueron tales, siempre hubo un interés económico oculto detrás de las mismas y la excusa de la religión se usó con el fin de arrastrar a los ilusos y justificar lo injustificable.
Que los crímenes en nombre de cualquier religión son el resultado de la insanía de unos pocos y la ignorancia de muchos otros.
Que todo ser humano necesita tener una convicción religiosa o filosófica para afrontar, aceptar, comprender, sublimizar su experiencia de vida.
Que mi religión (la cristiana) es muy bonita y reúne muchos elementos de otras más antiguas: Los mudras del hinduismo están en el acto de bendecir y en la unión de las manos para la plegaria. La consagración de la ostia sobre el cáliz es el sol naciendo sobre el horizonte del antiguo Egipto y recreando nuevamente la llave de la vida. El camino de la caridad Cristiana es igual en el Budismo Mahayana. La cruz como símbolo ya estaba representada en las paredes de las cuevas del hombre prehistórico.
Qué todas las historias sobre las cuales se edificaron las religiones son hermosas historias de hombres que nos muestran cuán alto puede evolucionar un ser humano y que no sólo revolucionaron al mundo, cambiaron la historia sino que están inspiràndonos permanentemente. Cuanto más se escucha estas historias y más se las comprende más bellas y grandiosas se vuelven.
Que Jesús dijo frases grandiosas que se cuelan a través de los milenios hacia nosotros sin que les hayamos prestado suficiente atención. Como por ejemplo:

¨Tu ojo es tu lámpara, si tu ojo es limpio, toda tu persona aprovechará la luz. Pero, si es borroso, toda tu persona entrará en confusión. si lo que había de luz en ti se volvió confusión, Cómo serán tus tinieblas!¨

¨Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a las puertas y les abrirán. Porque el que pide, recibe, el que busca, halla, y al que llame a una puerta le abrirán¨.

¨Les aseguro que si no cambian y vuelven a ser como niños no podrán entrar en el Reino de los Cielos¨.