Lu Chan era muy hábil en su destreza y en su amplio conocimiento del Kung Fu y habiendo agotado el aprendizaje con sucesivos maestros hacía ya mucho tiempo que recorría distintos pueblos de China batiéndose a duelo con cuanto púgil se le pusiera por delante con la frustrada esperanza de aprender algo más. Por eso sus victorias se habían tornado un tanto amargas ya que no había nada nuevo y diferente en su vida.
Sin embargo aquella mañana hubo algo distinto. Luego de llegar al pueblo y hacerse conocer en la plaza, varios avispados contendientes aparecieron en la taberna; los cuales al poco tiempo saldrían lanzados a través de las puertas y las ventanas derrotados.
Sin embargo un muchachito lo seguía mirando sonriente desde un rincón.
-¿Qué te pasa? ¿No tienes miedo? Le espetó mientas se sacudía el polvo de una de sus mangas.
-Su KungFu señor es muy bueno, pero conozco alguien que haría lo mismo que usted usando sólo su dedo meñique.
-Dime su nombre que voy a buscarlo.
-No va a aceptar. Es el jefe de una familia muy importante y no han enseñado nunca su estilo a nadie que no fuera de su misma sangre, y para usarlo deben sentirse realmente muy comprometidos. Una vez los vi señor, y creame, usted no les ganaría nunca.
Como a Lu Chan nadie le ganaba a testarudo se dirigió a la puerta de la casa y la golpeó con furia, cuando salió el mayordomo tronó imperativamente su desafío al jefe de familia. El mayordomo amablemente le informó que el dueño de aquella mansión poco estaba interesado en duelos de populacho.
-Pues aquí lo voy a a esperar hasta que salga.
Y se sentó en la vereda de enfrente.
Los días pasaron uno tras otro sin que nadie entrara o saliera de aquella casa más que el mayordomo quien periódicamente recibía a distintas personas que se presentaban ofreciendo mercaderías o servicios.
Hasta que un día colocaron un cartel en la puerta que decía: ¨Se necesita ayudante para limpieza¨.
Una brillante idea surgió en la cabeza de Lu Chan y corrió a disfrazarse con ropas sucias y raídas. Luego se presentó con un cartel al cuello que decía¨¨soy sordomudo¨. Como suponía fue elegido entre varios postulantes ya que en su supuesta minusvalía no podría revelar los secretos que se escondían tras los muros de la casa.
Y trabajó mucho. Lavó, lustró, barrió, manteniéndose fiel en su papel.
Pronto los miembros de la familia Chen con el patriarca a la cabeza comenzaron a practicar incluso cuando el estaba presente ocupado en sus tareas domésticas.
Así, el falso sordomudo vio movimientos increíbles, nunca vistos. Las manos danzaban en el aire acariciando con destreza y formando figuras envolventes alrededor de los cuerpos. Las piernas se estiraban en delicados equilibrios mientras los pasos escribían círculos sobre el piso.
A la noche, mientras todos dormían, él se dirigía al patio de prácticas y repetía los movimientos que había podido retener en su memoria durante el día.
Y todo venía muy bien hasta que cierto día de verano el dueño de casa Chen Chang Shen al no poder dormir decidió salir a dar un paseo por los jardines. Y obviamente se encontró con su ignoto alumno.
Su primera intención era matarlo en aquel preciso momento, pero entonces vio las manos de Lu Chan danzar en el aire con exquisita gracia y soltura. De igual manera vio los pies trazar círculos perfectos y el cuerpo fluir con la energía del Universo. Matarlo hubiese sido un desperdicio.
El señor Chen tomó a Yang Lu Chan bajo su tutela y le enseñó aquel misterioso estilo llamado Tai Chi Chuan.
Luego con el tiempo Lu Chan se fue a Beijing donde se convirtió en el artista marcial más famoso de su tiempo y dio a conocer al mundo el exquisito arte.