No me correspondía todavía tomar aquel curso, pero en el instituto donde estudiaba parapsicología me preguntaron si podía ayudarlo tomando las notas de su clase para armarle el apunte que suele entregársele al alumno.
Moreno, delgado, de ademanes lentos comenzó a dar sus clases de medicina hindú con una voz suave, típica de las personas acostumbradas a hablar mucho hacia adentro y poco hacia afuera.
Los conceptos sobre doshas (tipologías médicas), alimentación, prevención, panchakarmas (métodos para equilibrar la salud desintoxicando el cuerpo), se desgranaban pero siempre íntimamente relacionados con su visión de la divinidad.
En su momento y en su oportunidad reveló su propia historia personal.
su maestro espiritual le señala a Argentina como sede de su ministerio, y viaja sin la menor idea del país ni del idioma, de la mano de su mujer a la que adora. Los hijos en cambio se quedan allá tan lejos con los abuelos. No quieren abandonar India y ellos no tienen mas remedio que practicar el desapego.
Y su salud no es de hierro, está injertado de un riñón que donó su hermano hace ya demasiados años, tanto que el cuerpo da señales de que no está funcionando tan bien.
Y no se nada más por un tiempo. El curso termina, el apunte está listo  y yo continúo con las materias que me corresponden.
Un día los dueños del instituto se presentan en nuestra clase para convocarnos en un momento crítico de salud que está atravesando alguien de su conocimiento, pero no nos dan más dato de quien se trata. El pedido y la propuesta es realizar una meditación grupal para pedir por la sanación de esa persona y el trabajo es muy sencillo, se trata simplemente de visualizar internamente a esta persona, de la cual no tenemos dato alguno, enviarle luz y al mismo tiempo estar abiertos para cualquier símbolo o mensaje que podamos recibir en esa instancia.
Yo veo una figura oscura recortarse sobre un plano de color suave, pero cuando el haz de luz toca la cúspide de su cabeza, lo llena como un cántaro hueco en forma automática. Es como si lo hubiese estado esperando.
Cuando terminamos la experiencia nos piden las impresiones recibidas y estamos divididos, algunos sostienen que no se va a recuperar, otros sostenemos lo contrario.
Tiempo después es la esposa del maestro de ayurveda quien viene personalmente a agradecernos y nos cuenta:
– Mi marido estaba muy, muy enfermo porque su cuerpo había empezado a rechazar el riñón injertado y que era el único que tenía. Los médicos ya nos habían dicho que no podían hacer nada más por él y estaba demasiado débil. Nos tomamos de las manos y le dije: ¨Mi amor mientras tu tengas esa luz en tus ojos yo estoy contigo¨. Pero a determinado momento en la noche entró en crisis y mientras lo asistían algo pasó. La habitación se inundó de algo que nos rodeo y a partir de entonces él comenzó a recuperarse hasta restablecerse. Hoy salió del hospital.
La hora en la cual empezó la recuperación fue la misma hora en la cual nosotros realizábamos nuestra concentración.
Esta es una de sus frases: ¨Para llegar a la felicidad debes cerrar los ojos y no mirar a nadie, mirarse uno mismo. Esta es la enseñanza fundamental de Ayurveda y de todo el orientalismo que dice, no  mires hacia afuera, cuando mires afuera te vas a perder, mírate adentro. O si quieres mirar afuera trata de mirar a ti mismo en todas las cosas. Tú puedes, si mientras miras las cosas en ti mismo, a ti en los demás y a los demás en ti. O si no no mires nada, sólo tu interior.¨