El pueblo chino tuvo grandes poetas y adoraba las metáforas.
Prueba de ello es la manera en que describe los puntos de acupuntura:
asalto supremo, la memoria vigilante, la alegría de vivir, la puerta del espíritu, la absorción del espíritu del bien, rechazo del espíritu del mal, la amistad equilibrada.
De igual modo sucede en la descripción de los movimientos del Tai chi : la grulla blanca despliega sus alas, volver a la montaña con el tigre en los brazos, acariciar la cola de un ave, acariciar la cerviz de un caballo.
Cuando yo practicaba artes marciales, como en todo medio competitivo, había grandes rivalidades por diversas razones, una de las cuales estaba entre los que aprendían con la única finalidad de hacer demostraciones públicas para exhibirse y cosechar aplausos y por el otro lado los que se comprometían también para probarse en los torneos de lucha independientemente de que tan bien les fuera. Había que mostrar algo en que el maestro hacía mucho hincapié y que él a falta de una traducción exacta del chino denominaba ¨espíritu¨.
¨Espíritu¨ en este contexto marcial es un conjunto de disposiciones reunidas al momento de mostrar o aplicar el arte marcial. Es reunir nuestro coraje, nuestra determinación, nuestro temple, nuestra fuerza psicológica y mostrarlo a través de la mirada, el gesto, el movimiento corporal, la fuerza dirigida y la energía canalizada. Debe estar presente desde el inicio de una actividad hasta el final de la misma. Por lo tanto, el espíritu es lo primero que debe mostrarse y el mayor compromiso de un practicante. Donde falta, lo que se realice es inútil.
Para lo inútil los chinos tienen la frase del título: ¨Manos floridas y pies bordados¨, muy bonito pero que no sirve para nada.