Ayllu significa comunidad. Ayni significa reciprocidad.
El hombre andino no es un ser solitario e independiente. Pertenece a una familia, que convive con otras a las que pueden unirlas lazos de sangre o no, pero si las unirá la convivencia.
Convivencia, vivir con, vivir con el otro, con mi prójimo. Ningún ser humano nace sólo, ni crece sólo, ni se forma sólo. Nos desarrollamos, nos enriquecemos y nos realizamos en la vida en compañïa y gracias del aporte de todos aquellos que nos rodean, aún cuando esta proximidad sea fugaz.
De ahí que cuando en el mundo andino se necesita construir una casa todos acuden, o cuando hay que sembrar,  o cosechar.
Tal vez historiadores y antropólogos harán hincapié en que se trata de una adaptación del hombre frente a su medio o un modelo socio-político-económico para mantener integrado un imperio compuesto por pueblos diversos a los que había que cohesionar de algún modo; ya que su práctica conformaba usualmente reconocer al Inca como soberano mediante la entrega de presentes de importancia entre el imperio y el jefe de la comunidad conquistada, a fin de evitar el derramamiento de sangre primero y para mantener dicha cohesión después.
Sin embargo es fácil reconocer su práctica no sólo como privativa del mundo andino sino usual en cualquier comunidad pequeña. Es posible que nosotros reconozcamos espontáneamente nuestra práctica de estos conceptos entre nuestro grupo familiar o de amigos.
El mérito de los pueblos originarios ha sido el de reconocerles como una práctica obligadamente necesaria en la vida del ser humano a varios niveles. 
A parte del ya mencionado el hombre vive en comunidad con la naturaleza que lo rodea de la cual obtiene todo lo que necesita para su vida. Su deber recíproco es cuidarla. Cuando el hombre cuida lo que lo rodea, respeta. Respetar hace que le resulte natural pedir permiso primero y luego tomar para si. Así le pedirá permiso al árbol antes de cortar el fruto, al animalito antes de quitarle la vida. Cuando hay respeto no se toma más de lo necesario y no se destruye innecesariamente.
Cuando el hombre entiende que es un ser vivo en una naturaleza que también vive regida por un orden y en búsqueda de un constante equilibrio reconoce que hay un orden superior que ha dado estas reglas. Así el último nivel de pertenencia y reciprocidad es con la divinidad y por eso abre el hoyo en la tierra y le brinda a la Pachamama convidándole con lo que tiene.
De igual manera elaborará los pagos a las diferentes divinidades donde reunirá aquellos elementos que los vuelvan a congraciar con las energías superiores. El ritual se convierte aquí en un acto de reciprocidad con lo superior y la ofrenda del sacrificio en una representación del oficiante del mismo.