Vincularse con la respiración es el primer y más importante paso que puede realizar una persona que se quiere adentrar en el apasionante y difícil mundo de la meditación. Sin un control y conocimiento de su ritmo respiratorio son imposible los pasos subsiguientes que implican la relajación y detener el fluir de la mente. Es por eso que transcribimos esta pequeña meditación que será la base para otras más complejas.

Siéntate en un lugar que hayas dispuesto para tu trabajo de meditación. Escógelo sabiendo que será tu espacio habitual, donde nadie entrará a interrumpirte. Decóralo según tu gusto a tal fin. Asegúrate que tu cuerpo esté lo suficientemente cómodo como para que no te moleste y lo suficientemente incómodo como para que no te duermas. Puedes colocarlo en cualquier posición, pero bastará que estés sentado en una buena silla con tus manos apoyadas sobre tu regazo.

Toma una inspiración profunda y exhala, imaginando que dispones tu mente para una actividad especial, le estás diciendo con esta exhalación AHORA COMIENZO.

Toma una segunda inspiración profunda y exhala asumiendo con este acto que te estás diciendo AHORA ME ENTREGO, dejando de lado la intención habitual que tenemos de querer controlar todo o querer evaluar todo lo nos sucede y lo que pasa a nuestro alrededor.

Toma una tercera inspiración profunda y exhala mientras te estas diciendo AHORA ME EXPANDO, entendiendo por esto que te abres un poco más allá de los límites que habitualmente reconoces para tu cuerpo y tus percepciones.

No pienses, intenta no analizar, simplemente busca el SILENCIO en tu interior. No juzgues, no critiques, busca la CALMA en tu interior, no te muevas, no te perturbes, busca el CONTENTO en tu interior. No importa cuánto dure, pero si lo logras intenta sostener ese estado como si fuera la nota pulsada en un instrumento que sigue en nuestros oídos aún cuando el sonido ya se extinguió.

Cuando lo consideres conveniente, cuando algo dentro tuyo te lo indique vuelve a tomar una inspiración profunda para romper con el sonido del aire en tus pulmones, ese silencio que alcanzaste.

Toma una segunda inspiración profunda para recordar a tu cuerpo que prontamente estará en movimiento, y toma una tercera inspiración profunda para darte el tiempo que necesites para abrir los ojos.