Según los Rishis (antiguos maestros de sabiduría hindú), los animales, las plantas y los minerales no poseen un alma individualizada. Gozan y forman parte de un alma común propia a la especie y familia a la cual pertenecen y que les indicaría cómo evolucionar y de que manera optimizar su relación con el entorno en el cuál se desarrollan. Por el contrario el hombre partícipe de otro ciclo evolutivo (algunos dicen que superior), no participaría sobre el mundo más que con su alma individual.
Stan Grof describe la experiencia con una mujer que bajo su trabajo de investigación se conectó con el espíritu de las ballenas experimentándose a sí misma como una nadando entre otras, todas conectadas con esta conciencia que las englobaba aportándoles la información necesaria para su desplazamientos a través del océano.
Otro científico, el biólogo Rupert Sheldrake, aporta la teoría de los campos morfogenéticos. Existiría según él un campo generador de ondas de formas que explicaría peculiaridades de los organismos vivos que no pueden ser explicados por los aportes de la física.
Otra teoría que confirma esta peculiaridad es la del quinto mono. Si colocáramos en dos islas pobladas de monos y a uno de ellos le enseñáramos alguna destreza como tocarse la boca para pedir comida, y lo reinsertáramos en una de las islas no sólo aprenderían esa destreza sus compañeros de convivencia, sino que espontáneamente uno o más monos de la otra isla también la desarrollarían sin haber tenido contacto con los individuos de la primera.
Partícipe obligado de estas teorías, el hombre ha demostrado en parte actividades similares. Así tenemos el mismo invento que ha sido patentado en diferentes partes del mundo con pocos minutos de diferencia entre sí, mitos y creencias diversas que con las características propias de cada cultura narran un acontecimiento común a todas ellas. Vemos como en diferentes períodos del desarrollo humano surgieron en diferentes partes del planeta los mismos estilos de construcción, como los dólmenes y las pirámides. De igual manera ante catástrofes o magnicidios personas sin ningún contacto entre sí tienen sueños, premoniciones, etc.
Existe por lo tanto la posibilidad que para el hombre esta conciencia arquetípica  vincule a  los grupos ecologistas y las personas interesadas por la conservación del medio ambiente como así también los movimientos místicos,  filosóficos, culturales orientados a una evolución a nivel humanidad. Esto sería una auténtica globalización, que no implicaría la eliminación ni la desaparición de la biodiversidad ni la pluralidad cultural en pos del interés de unos pocos poderosos.
El ser humano posee el don de formar parte de esta conciencia, como así también de la pluralidad de conciencias que guían el desarrollo de animales, plantas y minerales.
¿Tendremos la claridad suficiente para evolucionar dejando de ser la plaga destructiva que somos para pasar a ser los guardianes de la Tierra?