¨Todos saben que la tradición afirma la existencia de una sabiduría antigua, concentrada en los amautas. Pero el que consulta a los Cronistas para informarse sobre su contenido, queda hondamente desilusionado, porque nada positivo se dice de ella, y más bien se la presenta a una luz desfavorable¨(Imbelloni, j.)

Anteriormente los cronistas fueron la base incuestionable sobre la cual se intentaba develar la esencia de un imperio virtualmente arrasado por la conquista. Sin embargo pecaron en su mayoría de varias fallas. En primer lugar se trataba de individuos casi sin formación alguna intentando entender, o al menos describir una cultura hasta entonces totalmente desconocida donde usos y costumbres lógicamente serían incomprendidos o desvalorizados. La formación religiosa de entonces los impulsarían a una errónea interpretación de este antiguo saber que todos estamos buscando y la inquisición además de la persecución, acometería una auténtica campaña de desprestigio en donde los Incas quedan transformados en auténticos hijos del diablo.
Así y todo llegan a través de ellos destellos de la luz de aquellos sabios que conjugados componen un collar donde las cuentas faltantes están siendo primorosamente recuperadas por corazones sinceros, por dignos descendientes de los anteriormente expoliados, y también según mi parecer por aquellos que en una vida anterior participaron de ese período tan oscuro para América.
Todos ellos sin embargo no dejan de repetir que mucho hay aún para develar y que ese conocimiento sigue guardado celosamente dentro de lo más profundo de las comunidades andinas, esperando el momento propicio, si es que este llega… 

Estas, son sólo algunas de esas perlas:

¨Cuando Inca Roca creó el Colegio de Cuzco, llamado Yachaywasi (Casa del saber),  se publicó un edicto en que los niños del pueblo no podrían acceder al estudio de las ciencias, siendo el conocimiento de estas estrictamente reservado a los nobles, por temor a que las clases inferiores se enorgullecieran y se convirtieran un día en peligro para el Estado.
Esa casa del saber cobijaba a sabios y filósofos, o los Amautas, que pertenecían a la aristocracia. El ciclo de estudios  era de cuatro años.
El primer año se aprendía lengua quechua (algunos alumnos provenían de provincias lejanas y hablaban una lengua extranjera).
El segundo año era consagrado al estudio de la teología y los ritos.
Durante el tercer año comenzaba la iniciación al Quipo o medio de contabilizar por medio de cuerdas con nudos¨. (Relato de Martín de Morúa)

¨El Inka Wirakocha tuvo que librar una feroz batalla contra los sacerdotes de Anahuyalas y Chincha, cuyo poder era ilimitado y que tuvo su hijo, Pachakuteq Inka Yupanqui, quien tomó la demanda y venció a sus enemigos, y prendió gran suma de sacerdotes e ídolos y los llevó al Cusco y triunfando les privó de sus oficios para siempre. Y después que vino a ser rey absoluto, hizo nuevo modo de sacerdotes y ministros, mandando que siempre fuesen de gente plebeya y pobres y que en cosa de traiciones y rebeliones fuesen súbitos a la pena de ley, que es padecer muerte cruel.¨(Relato del jesuita anónimo)

Santa Cruz Pachacuti cuenta que un viejo sacerdote del Templo del Sol, llamado Topauanchire puso unas piedras cerca del santuario a las cuales añadió armas y cascos para simular soldados apostados. En el momento candente de la batalla se produjo el milagro y las piedras se convirtieron en fieros soldados y contribuyeron a la victoria inca.

Los informantes de Ávila narraron un augurio sobre el fin de la adoración del dios Pariacaca. 
Contaron que al ser consquistada la región los incas quisieron honrar a dicha huaca e  instituyeron quince sacerdotes del Hanan Yauyos y otro tanto de Hurin Yauyos dedicados a su culto. Un día, estando todos reunidos auscultando las visceras de una llama sacrificada, uno de los sacerdotes pertenecientes al grupo étnico de los llacuaces exclamo:¨ ¡Qué desgracia! los augurios son nefastos, hermanos, nuestro padre Pariacaca será abandonado¨. Furiosos los demás lo insultaron, pero pocos días después se supo la noticia de los sucesos de Cajamarca. Ante esos acontecimientos los sacerdotes se dispersaron y retornaron a sus ayllus de origen.

En el ámbito andino existía una gran afición por los oráculos y se predecía el futuro de muy distinta maneras. Según la actividad que desempeñaran los sabios tomaban diversos nombres:
El santuario del Sol tenía por sumo pontífice al VILLAC UMU, o Vilaoma como le decían los españoles y eran siempre elegidos entre la casta de los propios Incas. Sacerdotes especiales llamados HUACARIMACHIC ó HUACAPVILLAC hablaban con las huacas y los AYATAPUC se comunicaban con los muertos. Los CAVIACOS bebían pócimas y daban sus oráculos, y lo mismo se dice de los HUATUC. Los HAMURPA miraban las vísceras de los animales sacrificados.
Los YAÑCA, pertenecientes al ayllu de Cacasica y su principal ocupación consistía en mirar los desplazamientos de la sombra del sol proyectada en un muro a fin de saber cuándo era el momento propicio para celebrar ciertas fiestas.
Un HUACSA o HUACASA a cuyo cargo estaba la ejecución, tres veces al año de los bailes rituales.
El MALQUIPVILLAC tenía por misión comunicarse con los antepasados momificados, el  LIBIAOPAVILLAC establecía su comunión con el  rayo y el PUNCHAOPVILLAC con el sol.
Los AUCACHI, llamados ICHURI en el Cusco, cumplían la función de confesores, se trataba de una práctica panandina, usada en las grandes ceremonias o fiestas al mismo tiempo que se efectuaban los ayunos consistentes en no consumir ají, sal, ni tener relaciones sexuales.
Los AZUAC o ACCAC a quienes se encomendaba la preparación de bebidas para ser consumidas durante los ritos, eran en la costa hombres, mientras en la sierra esta tarea era reservada para las mujeres.
Los HUANCAQUILLI desde que salía el sol hasta que se ponía miraban con mucha firmeza el astro por encendido que estuviese, sin mover los ojos, y decían que en aquella rueda resplandeciente y encendida veían ellos y alcanzaban grandes secretos, y todo el  día estaban de pie sobre las arenas que hervían de calor sin sentir dolor.
Los SAYOC eran los que a través de los granos de maíz podían leer el futuro.
Los PACHARIUCCU o PACCHACATIC adivinaban por intermedio de arañas de gran tamaño. Los MACSA o VIHA eran los curanderos.
CHU´YA los que propician la purificación y la fertilidad de rebaños y semillas.
Por encima de todas estas denominaciones sobresale una que denomina a los sabios aún en la actualidad y es el de PAQOS.
PAQO es el nombre de la que hoy conocemos como alpaca. Los sacerdotes que servían a Viracocha vivían copiando con su vestimenta, hábitos alimentarios y costumbre para convertirse de esa manera en mediadores entre el hombre y su dios. Era por lo tanto una vida de mucha abstinencia en la cual jamás comían carne sino hierbas y raíces, acompañados de pan de maíz. Bebían solamente agua. Su casa era el campo y sólo ocasionalmente visitaban  un poblado. Su hablar poco, vestido común de lana hasta los tobillos y  una manta muy larga, parda, negra o morada. El vivir aislados era para contemplar y meditar con libertad.
Actualmente, además, el auténtico PAQO es un itinerante, viajando de pueblo en pueblo con su saber, con el doble objeto de ejercer su ministerio y ganar experiencia con la diversidad de casos que se le presentan.
En su accionar pueden recibir también distintos nombres. Así HANPEQ o HANPIK se dedicarán preferencialmente a la utilización y aplicación de hierbas y preparados de cremas. Es el que nosotros reconoceríamos como el médico curandero.  El WATUKK o WATOK el dedicado fundamentalmente a observar en las hojas de coca el origen de los males. Finalmente PAQO estrictamente señala a quien se dirige directamente al alma para armonizarla y lograr que vibre en armonía, bienestar y salud.

Pero, volviendo al inicio. ¿Qué significaba Amauta, el nombre de estos sabios ocultos tras la cortina del tiempo? Amauta es sabio antiguo, y muchos investigadores han buscado tanto en el quechua como en el aymará las raíces que podrían dar significado a su denominación. De todas ellas se concluye que eran los que recordaban, los que guardaban el conocimiento. Un conocimiento que los hacía maestros del equilibrio y de la búsqueda constante del centro.