Situación 1:
-Inés, no puede practicar Taichi o Chikung si está con menstruación.
-¿Por qué maestro?
-Yhhh cabezona… Porque no puede. Tampoco si mujer está primeros o últimos meses de embarazo.
-¿Y Kung Fu maestro?
-Kung Fu no hay problema.
-¿Y por qué maestro?
Maestro no contesta. Se va hacia el otro lado del salón golpeándose la espalda como es su costumbre con una espada de madera y diciendo no con la cabeza. Yo sé lo que piensa: Mujeres…

Situación 2:
Después de una larga charla el chamán sentencia: no se puede tomar planta con menstruación.
Yo reflexiono. Tanto viaje, el sacrificio para reunir el dinero, los preparativos previos, la espera… En cuanto puedo lo encaro en privado y repito el eterno porqué. Recibo la autorización sin insistir demasiado aunque ignoro el porque sí. Tal vez por todo lo trabajado anteriormente a nivel espiritual, quizás debido a mi seguridad frente al tema… o a mi inconciencia. O simplemente porque es más fácil para él decirme que sí que decirme que no. Mujeres…
Para una mujer su ciclo puede ser muchas cosas independientemente de su auténtica naturaleza. Es una traba, una molestia, una excusa, una enfermedad, un dolor, un yugo. Difícilmente lo asocie a una bendición, una regeneración, un indicador de su salud y plenitud.  Ni siquiera históricamente la humanidad se pone de acuerdo sobre el tema.
Para algunas culturas la menstruación en particular  y lo femenino en general ha simbolizado una mácula, una limitación, un estado de impureza. Su ciclo, tan natural como el de la luna y tan simbiótico con ésta, la escinde de lo sagrado, la priva de participar, tocar, ingresar al ámbito del ritual. Conforme nuestra búsqueda de lo sagrado evoluciona en algunas grandes religiones, la mujer queda prohibida al sacerdocio y relegada a asomarse al ámbito sacro desde un costado, desde una reja, detrás de un velo. Otras culturas, unas pocas y más cercanas a la naturaleza; por el contrario, tomaron como sagrado y beatífico el ciclo femenino. Su sangre la purifica y por ese breve lapso se convierte en intermediaria de excelencia entre el hombre y lo divino. Sobre todo su primera menstruación marca el momento ideal para ingresarla al conocimiento y el desarrollo de sus capacidades psíquicas y espirituales.
Las mujeres conocemos la susceptibilidad que acompaña a esos días. Más allá de los inconvenientes físicos la intuición se agudiza tanto que puede confundir la marea de percepciones a la persona con poco entrenamiento. Alguien incluso escribiría que éste es el período mágico por excelencia de la mujer.
¿Y no es acaso la matriz una réplica del Huevo Cósmico de donde emergieron los dioses de pueblos sabios y arcaicos? ¿Y los alquimistas no recrearon su forma y su funcionamiento en el intento de reencontrarse con la materia primordial y la inmortalidad?
Revisadas las experiencias en terapias regresivas se confirma que revivir la seguridad del nonato en el vientre materno es una experiencia de profunda calma y beatitud, en tanto que comprobar las vicisitudes sufridas durante el nacimiento aclaran los problemas existenciales del individuo adulto.
Sacerdotizas, brujas, hechiceras, magas, vestales,pitonizas…herederas de conocimientos tan ancestrales como la primera gota de sangre que se derramó sobre la faz de la Tierra. Las primeras perseguidas, ajusticiadas, reprimidas, sojuzgadas por su condición de sabias y de féminas y a la vez representantes de una gran realidad: basta que una gota se derrame en un desierto para que este se llene de flores.