El médico del noticiario matutino se envuelve en su profesionalismo para comentar la noticia. No recuerdo las palabras precisas, pero sostiene que el enfermo que ha ingresado en coma no debería ser cuidado en su domicilio por sus familiares. ¿Las razones? Tan frías como la Ciencia. En su hogar los médicos no pueden realizar a tiempo los dosajes sanguíneos que podrían revelar qué medicamento permite que la paciente de la noticia tenga despertares ocasionales por períodos irregulares que la devuelven a la conciencia ordinaria. Pragmático señala que lo incomoda cuando algunos médicos hablan de milagro en vez de ciencia.
La señora de la noticia, ajena a todo comentario, sonríe en el video desde su silla de ruedas. La abuela está feliz, felicidad que se desgrana en su sonrisa y le ilumina los ojos. Está rodeada de sus nietos y el resto de su familia. Ha vuelto, y regresa dichosa, como quien viene de un largo viaje a visitar a sus afectos. ¿Tendría la misma expresión si su despertar se produjera en el frío ambiente hospitalario? ¿Cuál sería su reacción si en vez de las caricias de su nieto la contuvieran las manos plastificadas de los profesionales? ¿Volvería a despertar luego de esa experiencia? ¿Y cómo impactaría en la salud psicofísica de su familia verse obligados forzosamente a internar a su ser querido y sentirse privados de darle el afecto y los cuidados necesarios por el tiempo que la vida les permita? Ah! Para eso están los psicólogos me diría el pulcro doctor.
Cómo hago yo, para hacerle comprender a este médico encaramado en su gélida dialéctica del propio vía crucis de dos hermanas y su madre con alzheimer por una medicina que promete todo  y no resuelve nada, que diagnostica erróneamente, que no realiza los exámenes pertinentes en el tiempo y forma correspondientes, que no explica claramente cuál será el proceso de la enfermedad y los pasos a seguir, que minimiza la capacidad intelectual del familiar que está lógica y responsablemente preocupado. Cómo hago yo para contarle que todavía veo a mi madre sosteniendo en una mano su muñeca mientras de la otra mi hermana la pasea por un aburridísimo pasillo de hospital, tratando de distraerla para que inquieta como está por su enfermedad, resista la espera del neurólogo que no sólo llegó una hora tarde a la consulta sino que además tardó otra más en atenderla dedicándole en la entrevista apenas unos minutos. Cómo hago para convencerlo que los cinco remedios diarios que tomaba por prescripción médica la estaban intoxicando y luego de descartarlos y reducirlos a uno (sin la consulta al médico) recuperó no sólo peso sino también mayor funcionalidad.
Hoy mamá también sonríe como la señora del video y ocasionalmente nos asalta con oraciones que nos sorprenden por ingeniosas, por oportunas, por ser típicamente propias y pertinentes a su historia personal, modismos y costumbres. Como la señora del video son ocasionales y esporádicas, pero estamos por suerte muy cerca para poder escucharlas.
La ciencia busca una ecuación química que le resuelva una interrogante que no puede responder ningún laboratorio. Huérfana se sentimientos, de sentido común, de intuición, descarta contra viento y marea la única resultante que brota permanentemente en los huecos que la existencia humana siempre produce. Amor. Sencillamente el amor que sostiene, abraza, besa, acaricia, se preocupa y se ocupa, actúa, alimenta, limpia, cuida, mira a los ojos, atiende, abriga y sigue adelante a pesar de todo y todos. Amor…¿Y no es el Amor un Milagro?