El abuelo paterno era sumamente aficionado a los crucigramas, al punto tal que a falta de buenos diccionarios que incluyeran todos los términos difíciles que solían aparecer estaba confeccionando uno propio.
Sentado en la sala del comedor, este señor de baja estatura, regordete, de piel cetrina, fumaba de costado un cigarrito de hoja mientras le daba vueltas y vueltas a sus palabras cruzadas hasta que, hallazgos de hallazgos encontraba una que mereciera quedar registrada.
-¿Ves Inés? acá anoto las que me interesan y que no están en ninguna parte.
Mientras decía esto recorría con su índice regordete las hojas escritas con la excelente caligrafía de aquel almacenero devenido luego vendedor de joyas. Me muestra un libro de contabilidad inmenso donde va guardando uno a uno sus tesoros, orgulloso de ellos, al igual del sinfín de cosas atestada en su tallercito que reparaba o modificaba tratando de hacerlas más útiles, devenido en inventor sin mucha gloria.
Un buen día, quizás intuyendo en mi una obsesión parecida a la suya, o quizás con la simple intención de promover mi entusiasmo y estimular mi cerebro me regaló un libraco parecido.
-¿Sabes qué podes hacer? Juntá artículos de revistas que sean interesantes para vos y pegalos.
Y así fue como marché para mi casa caminando medio de costalete debido al sobrepeso.
No contaba con que no era yo tan prolija como el abuelo.
Pronto el exceso de pegamento aglutinó páginas que debían ser independientes y los dobleces de los artículos hicieron del libro un acordeón que pugnaba por permanecer abierto. Lo descarté.
Con la porfía propia de mi abolengo pronto encontré otro elemento para canalizar este tipo de compulsión. Unas fichas temáticas que salían en la revista Anteojito. Desde la biografía de Bertrand Rusell hasta por qué las abejas fabrican miel iban a parar a una caja de zapatos.
Pasé más tiempo ordenándolas y reordenándolas que leyendo su contenido, esperando el momento que me fueran útiles en el colegio, lo cual lógicamente nunca aconteció.
Como todos los actos de la vida dejan una enseñanza, aún los más banales, no pude evitar meditar sobre esto.
Información, no es conocimiento. Quizás y con buen viento a favor puedan conformar cultura, entendida esta cultura como un dato (dirán esa persona es muy culta porque sabe algo de muchos temas), pero no habrá creación. Tal vez también y con mucha suerte esta información pueda generar alguna inspiración pero sin la acción sobre el dato (emular a tal o cual personaje, investigar a profundidad determinado tema) carece de valor.
El enciclopedismo en sí mismo termina resultando una labor estéril. Nunca encontraremos el diccionario que contenga todos los conceptos, todos los vocablos. Es tan vertiginoso el desarrollo humano y su diversidad de acciones sobre el dato que sabotea todo intento de mantenerlo ordenado y actualizado. Por otro lado el conocimiento que hoy es cierto y fundamental mañana será obsoleto.
Ni siquiera los soportes sobre los cuales intentamos guardarlos son seguros. Los libros se han quemado en toneladas a lo largo de la historia de la humanidad. Ni cenizas quedan de la gran biblioteca de Alejandría en donde los viajeros del mundo antiguo veían confiscados sus originales, aunque recibían una excelente copia a cambio, en pos del intento de salvaguardar el conocimiento del mundo. Hoy en cambio luchamos contra diskettes que se borran, CD que se rayan, discos rígidos infectados por virus…
Sin embargo en esto nos parecemos a las hormigas, destruido el hormiguero comenzaremos de nuevo.
Las fichas que nunca pude ordenar un día se fueron en una bolsa de residuos. Mi abuelo y su diccionario hoy también se han ido.
Curiosamente me quedó de él una biblioteca hecha por sus manos y un libro: ¨La mujer en el siglo xVIII¨. No pude retener una valija vieja que tenía las fotos de familia y entre ellas las postales que un hermano de él enviaba desde la Patagonia cuando aún había tolderías y los Selknam cazaban focas. Un día se acordó que yo la tenía y se la tuve que devolver. La valija desapareció y los Selknam también.
También curiosamente soñé con mi abuelo hace poco. Me dijo que está bien y que manda saludos.