En cierta ocasión en una conversación con mi hermana analizábamos la orfandad nuestra de cada día, en donde el hombre parece avanzar por la vida sin saber qué está haciendo y porqué está haciendo algo con su vida. Aún incluso rodeado y atiborrado de las comodidades y las distracciones que la vida moderna ofrece parece sumido en una sensación no sólo de fracaso sino también de pérdida de valoración de su acción sobre el mundo.
El énfasis estaba puesto en los jóvenes que hoy mayormente afrontan la vida sin metas, sin interés, sin compasión por el otro, sumidos en su simismo, ansiosos de cosas superfluas y fáciles. Por supuesto, hablábamos de generalidades.
Había leído, no me acuerdo dónde, que posiblemente uno de los elementos que carecía nuestra sociedad y que posibilitaba este estado de cosas era la pérdida del ejercicio del ritual como demarcatorio de los ciclos  por los que atraviesa un individuo como así también de su rol dentro de su entorno.
En las comunidades ¨primitivas¨ el pasaje del niño/niña a adulto está delimitado por un proceso acotado en un tiempo, que una vez consumado definirá su condición de adulto y su rol dentro de la misma. En nuestra sociedad la condición de adulto es muchas veces retrazada porque principalmente no está definida. La fiesta de los 18 años de los varones ya no se celebra. Incluso algunos ritos que aún perduran, como el matrimonio, tienden a desaparecer.
Un elemento importantísimo de estos ritos es el reconocimiento de la comunidad a la que pertenecemos en calidad de miembros. El ser humano, como ser social necesita esta pertenencia. Hoy la inclusión-exclusión se resume en una variable económica y material que estando sometida a tantos imponderables escinde al individuo de sentido alguno de seguridad. La seguridad y el sentido de pertenencia ayudan al equilibrio del individuo. A tales fines el ritual se constituye de por sí en una herramienta de valor.
¿Pero qué es un ritual?
El ritual  comprende una serie de acciones que se realizan con una intencionalidad primordialmente relacionada con hacer presente un mito religioso. Está conformado por etapas prefijadas y de estricto cumplimiento. En algunos casos puede implicar cierto grado de improvisación o creatividad personal pero su importancia radica en la repetición estricta.
El porqué de esta repetición posee varias interpretaciones. Por un lado la finalidad de provocar ciertos estados psicológicos que predispongan luego hacia estados modificados de conciencia. Puede o no estar implicada una actividad pedagógica, el ritual intenta transmitir una información explícita o implícita, atinente a la comunidad que lo desarrolla.
Por último implica manipular una energía que ya no sólo se ha movido sino que ha sido acumulada en el inconciente colectivo a través de la sucesión de repeticiones anteriores.
Su accionar es puramente simbólico, es en sí mismo una metáfora. Cada gesto que se efectúa, cada objeto comprometido, el espacio en el cual se desarrolla, la escenografía que se despliega, posee un significado mucho más profundo  que el objeto que lo representa y lo que puede describirse con palabras. Implica la irrupción en un tiempo diferente al cotidiano y estrictamente sacralizado, en donde lo humano y lo divino se enlazan, se fusionan.
Romper con cualquier paso, olvidar cualquier gesto, modificar cualquier elemento de su escenografía implica el fracaso del ritual, ya que de esta manera se está introduciendo una voluntad ajena a la divina, se está perdiendo un ritmo, una vibración, una calidad energética. 
De la multiplicidad de elementos que pueden contener un rito destacaremos los más generales:
El altar, es el centro del espacio sagrado, el punto culminante de sublimación a la que puede acceder un espacio. Todo lo que se coloque sobre él reviste calidad de tal o quedará investido de la misma.
La ofrenda-sacrificio es por un lado un acto vinculante. Hay que realizarlo para acceder a lo sagrado. Es una representación de la transformación que debe realizarse en el mismo oficiante y en los partícipes a la ceremonia.
El oficiante es el que detenta el conocimiento, conoce el mito y cómo desarrollarlo; de qué manera la técnica implícita en el mismo posibilitará la transformación colectiva.