El ingeniero francés Aimé Michel, publicó en 1954 su primer libro sobre OVNIS gracias al cual pudo establecer una red de corresponsales en los principales países de Europa Occidental. Realizó un minucioso trabajo archivando y ordenando centenares de artículos con la intención de encontrar entre la disparidad de información (sometida en ese entonces particularmente a una fuerte crítica sobre su autenticidad), una prueba de la existencia de algo real y ordenado detrás de los datos que aparentemente describían un suceso caótico y posiblemente inexistente. Ordenó la información por día y horarios y la trasladó sobre un mapa, logrando constatar alineamientos que se podían unir con una línea recta, por lo cual las denominó ortotenias.
Otros elementos que corresponden a su trabajo fue el descubrimiento de la disposición radial o estrellada de éstos alineamientos, y en el centro de estas estrellas invariablemente la presencia de un objeto en forma de cigarro o “nave madre”. A lo largo de las líneas se ubicaban los aterrizajes. Comparando varios días de observación estableció que dichas líneas no se mantenían más de 24 horas y que las horas críticas en donde desaparecen para dar lugar a otras nuevas rectas es alrededor de la 1 de la madrugada, aunque también detectó algunas que tienen un carácter más permanente.
Conjuntamente con lo anterior se ha aceptado que en un sentido general las apariciones OVNI se producen cada dos años y dos meses, valor que corresponde al período de aproximación de Marte, y se califica a las mismas como “oleadas”. Esta curva de frecuencia, aunque limitada a una determinada región del planeta, provoca también un aumento de casos en otras zonas, a veces muy apartadas del epicentro. Existe también una variación temporal que se manifiesta por la aparición de crestas sobre las mencionadas oleadas.
En cuanto a los sitios más visitados se observa el mismo fenómeno anterior; parecería normal que a mayor densidad de población se denuncie mayor cantidad de incidentes, mientras que en regiones poco pobladas y de precarios medios de comunicación ocurra lo contrario. Los casos más interesantes se han desarrollado, sin embargo, en sitios poco frecuentados. Hay sitios que aparentan ser verdaderas bases de OVNI, como Bahía Blanca, estribaciones de las sierras Grandes (Córdoba) y la zona de El Infiernillo (entre Salta y Tucumán). El período de mayor actividad comienza a fines del mes de mayo y termina a principios de agosto.
Algunos investigadores han realizado estudios de tendencia por jornada en Argentina. El tope de avistamiento corresponde a la noche del lunes-martes, mientras el mínimo corresponde a la noche del martes-miércoles y del viernes-sábado. Destacándose de esta manera de que los fines de semana no son los días donde se producen la mayoría de las observaciones.
Otra observación de importancia corresponde a la significativa cantidad de observaciones que ocurren en nuestra Patagonia, y la explicación que se arriesga es que en dicha zona se encuentra el mejor lugar de salida de la órbita terrestre. En la región próxima a los polos existen zonas de rápido cruce porque allí se aminoran los efectos del campo magnético. Tambíen allí se atenúan las consecuencias de la fuerza de gravedad. En resumen esta ruta desde el Polo Sur toca Bahía Blanca, pasa luego por las provincias de San Luis y Córdoba y sale del país hacia la provincia de Salta por el norte.
Otra ruta parece recorrer la Cordillera de los andes y una más lo hace por el Este siguiendo el curso del río Paraná para internarse a través de la provincia de Misiones dentro de Brasil.