Argentina es también tierra de leyendas, misterios, relatos fantásticos y conocimientos velados a la mayoría y vivenciados por unos pocos.
Por donde se recorra este extenso país, surgen relatos e historias misteriosas en donde demarcar el límite entre lo fantástico y lo posible aún hoy es tarea difícil.
Una de estos misterios lo constituye La ciudad de los Césares. Según el anecdotario histórico el jesuita italiano Mascardi cruzó la cordillera impulsado por la visión de san Francisco Javier según algunos o el propósito de hallar la Ciudad de los Césares según otros. Finalmente terminó asesinado por los indios con sus flechas y boleadoras.
Poco después el Padre Helguera, sucesor del cura Juan José Gillelmo, intenta continuar la obra de Mascardi para perecer envenenado por los aborígenes. Ambas muertes no son nada más que muestra del celo con que los indígenas protegían la existencia del Paso de los Vuriloches, custodiado por la inmensa mole del monte Amun-Kar, luego bautizado Tronador quienes debían soportar  la presión de un invasor incansable encandilado por las leyendas que prometían riquezas infinitas al hallar la mítica ciudad perdida.
Las leyendas de la Ciudad de los Césares impulsaron desde el Siglo XVI, a intrépidos aventureros a internarse en la cordillera de los Andes, en busca del paso utilizado por los nativos para acceder a la mítica ciudad.
En su ideario las inmediaciones del Nahuel Huapi eran el sitio más probable, aunque por supuesto investigaron otras zonas. Durante tres siglos de infructuosa búsqueda las versiones de las supuesta Trapalanda, con sus calles fundidas con el oro hurtado por el Inca a la codicia española, se mezclaron con infinidad de cuentos entre ellos el Dorado, que multiplicó a lo largo de toda América del Sur su posible ubicación y alimentado también por las leyendas de ciudades misteriosas en los fondos de los lagos a las que sólo se accedía en contadas ocasiones.