La magia o mejor dicho las magias, son un conjunto de técnicas, de prácticas tanto intelectuales como psíquicas, físicas y fundamentalmente espirituales, que se dirigen  hacia una concreción de una acción en cualquiera de los planos de desenvolvimiento del hombre.
Una magia funciona interviniendo al nivel de lo divino por invocación o petición a las fuerzas superiores o interfiriendo en el plano astral.
La magia desarrolla la capacidad para utilizar fuerzas naturales poco conocidas usando generalmente procesos técnicos muy simples.
Estas prácticas canalizan y potencian las energías actuando sobre procesos físicos, fisiológicos o simbólico. Otro procedimiento usado por algunos maestros apela a la creación y manipulación de egrégores.  La magia, posee un sistema propio de referencias y una lógica interna particular. 
La conciencia mágica que el estudiante va desarrollando lentamente a medida que se inserta en el mundo mágico tiene la posibilidad de hacer surgir en diversos niveles fragmentos de un saber arquetípico. En algunas circunstancias se reconoce a estos como conocimientos que poseían nuestros antepasados, que se recuperan de vidas anteriores o que son propios de nuestra humanidad arcaica.
El ser humano es naturalmente una criatura mágica, hasta el punto en que hoy asistimos a una recuperación total de ideas, conceptos y métodos de diversas tradiciones mágicas por los especialistas de estas disciplinas.
Si realmente existe sólo una magia, ésta se subdivide en un gran número de especialidades.  En el transcurso de los siglos, cada una de estas ramas alcanzó un alto grado de sofisticación, hasta formar para el profano una disciplina independiente.
Para todos en general, usualmente se realiza la diferenciación entre  MAGIA BLANCA   para designar a una operatoria con fines benéficos, en oposición a la MAGIA NEGRA, que desarrolla su actividad desde sus bajas pulsiones y por lo tanto se vincula energéticamente con fuerzas de muy baja frecuencia.
De hecho sólo existe una magia la noción de magia blanca o negra es puramente simplista.  La frontera entre el bien y el mal está muy poco definida, en ocasiones es cuestión de modas, de época o de apreciación personal.  
La magia blanca como la conocemos hoy en occidente nace en el siglo XVIII, para tomar cuerpo en el siglo XIX, y se institucionaliza a principios del siglo XX.
Sus practicantes se encontraron en una posición particularmente incómoda, debido a que la Iglesia Católica y la censura oficial manipulada con severidad a través de la misma iglesia, limitaban considerablemente la posibilidad de expresión.  No se podían hacer públicas las opiniones y ante estas dificultades los esoteristas de la época, deseosos de entroncar con la gran tradición mágica de la edad media, cristianizaron la magia a ultranza.