El laberinto como patrón gráfico y simbólico es de carácter universal, aunque se desconoce su origen y el saber que oculta.
Su diseño podría estar enlazado a algún impulso de la psique y de allí derivaría su carácter arquetípico. 
Como antecedentes de su universalidad tenemos antecedentes de su diseño en  una moneda acuñada en Creta, como un símbolo de la Madre tierra diseñado por los indios Hopi y aparece también en una roca en Tingatel (Cornuales). 
Para desconcertar o confundir, o con forma de espiral de un lado a otro, todos conducen al centro y tienen una vuelta después de la meta.
Una hipótesis sostiene que los laberintos son la representación simbólica de las  formaciones naturales y de  las cavernas usadas por los Cro-Magnon. 
En mitología el bello relato cretense, el cual describe que en  Cnosos, Dédalo, un arquitecto muy hábil, construyó un laberinto.  En el centro de esa intrincada figura vivía el hombre-toro, al que los atenienses debían enviar siete adolescentes y siete jovencitos cada nueve años.  Teseo, un valiente joven, se ofreció como uno de los catorce y al llegar a Creta se enamoró de Ariadna, hija del rey.  Ella le dio un hilo para que regresara por el mismo camino.  Teseo mató al Minotauro y luego condujo a los demás hasta la boca del laberinto.  A estas figuras también se las llama dédalos, en homenaje a su inventor.
Dédalo fue prisionero de su propio invento.  Se atrajo la enemista del soberano quien lo encerró, con su hijo ICARO en la misma prisión que el Minotauro.  Pero ambos se evadieron por el aire, pues Dédalo fabricó unas alas de plumas y cera que le permitieron volar.
Es la forma básica del patrón para rituales en muchos lugares del mundo, en cuanto a su desarrollo desde un plano exterior y una convergencia hacia el centro donde se produce la realización, la iluminación del oficiante.
Los mandalas hindúes recrean este sentido convergente de desarrollo hacia el centro del ser.
La primitiva Iglesia Cristiana tomó este diseño elemental con entusiasmo y fue uno de sus símbolos.  Se lo encuentra tallado en obras de piedra o bordado en ornamentos de obispos fallecidos.
Cuando las peregrinaciones a Jerusalén se volvieron imposibles al finalizar la época de las Cruzadas, los fieles construían un laberinto como penitencia para no realizar el peligroso viaje.  El centro del laberinto se conoce como “ciel”(cielo).
En Francia, durante las guerras Napoleónicas, los laberintos de la Iglesia eran utilizados como un medio de penitencia por diversos pecados.
Los elementos comunes entre los laberintos más y menos antiguos son:
El camino hacia el centro del laberinto jamás es recto ni sencillo.  Hasta en uno sin salidas falsas sólo es posible llegar al centro si se recorren todos los senderos.  El otro elemento común sería la idea de un espiral especialmente una con siete vueltas que jugó un  papel muy importante para sacerdotes primitivos, que buscaban utilizar algunas energías telúricas con  técnicas hoy olvidadas.
Las llamadas marcas de taza y anillo  que aparecen en la superficie de los megalitos como una serie de anillos concéntricos, interrumpidos por una línea serpenteada hacia el centro, son características comunes.
Las formas geométricas son una pauta en los senderos de los laberintos clásicos.  Se presentan diferentes y van desde los circulares de los escandinavos hasta los cuadrados del sudoeste de los Estados Unidos.  En Suecia existen laberintos prehistóricos y muchos tienen una orientación hacia el ocaso del solsticio de verano. 
En las catedrales góticas  la orientación de los laberintos es hacia el Sol naciente en el día del santo que le da nombre a la Catedral.
Los druidas eran amantes de los lugares “en el límite” que conformaban una  parte importante de la magia y cosmogonía celta.  Han vivido fascinados por lugares como costas, vados o umbrales, sitios que no están ni de un lado ni del otro pasando a ser lugares de poder.
Los laberintos eran considerados por ellos senderos por donde transitan las almas hacia el otro lado.
En chamanismo el espiral que mediante el uso de entéogenos se observa en la frente del chamán se ha denominado por algunos como ¨la espiral del despliegue psíquico¨.