Una amiga llama por teléfono y en el medio de la conversación surge la pregunta, que también es una reflexión compartida.
-¿Còmo te sentís por lo de Perú? ¿Fatal no?
Sí, conozco Perú y sus contrastes y el pesar ajeno se actualiza haciéndose en parte propio.
-Sí. Pero no me duele el terremoto, me duele otra cosa. Más que dolida estoy como enojada. Por lo que se debió hacer antes y no se hizo, por lo que se debería hacer ahora y no se hace.
Terremotos, tsunamis, inundaciones, sequías, calentamiento global, guerras, incendios forestales intencionales. El discurso del noticiario dice: sorprende que las catástrofes golpeen con más fuerza en la gente de menos recursos.
En Argentina los Tobas se mueren de hambre y tuberculosis en el país de la carne, y mucha gente  vive de la basura y en basurales. Niños con sarna y asma o bronqueolitis que si sobreviven quizás no alcancen la pubertad porque muy posiblemente el paco los sorprenda primero.
Alguien me dijo varias veces la frase: El siglo XXI será espiritual o no será nada.  Evidentemente no se alcanzó el objetivo, el siglo XXI es negligente.
Desde quienes nos gobiernan, más preocupados por resolver sus reelecciones que en gobernar y desde lo personal, donde poco a poco nos vamos haciendo mas insensibles para sobrevivir. Es más fácil llorar frente a una telenovela que frente a una injusticia en la vida cotidiana.
Puede ser que las catástrofes del presente siglo sean consideradas la antesala del Apocalipsis siempre reeditado. Quizás sea cierto que frente a las portentosas fuerzas de la naturaleza aún seamos seres muy insignificantes. Pero también es cierto que tras la larga lista de desastres siempre hay un aviso que no se dio a tiempo, una evacuación que no se realizó, un presupuesto que no se aplicó a salvaguardar el bienestar de la gente, o un inescrupuloso que intentó realizar un gran negocio a costa de la vida de muchos como sugiere los incendios en Grecia o la interminable guerra de Irak.
Sostengo que nos estamos transformando en la generación de la tecnología por excelencia. Competiremos afanosamente por imponer en el mercado el último modelo de celular sin importar si el mundo tiene que comer. Al fin y al cabo, quizás, el hombre con su asombrosa capacidad adaptativa alcance la cúspide de su evolución al desarrollar la posibilidad de digerir el plástico.